Trastornos del sueño: el insomnio

En esta entrada vemos todo lo relativo al insomnio y cómo algunos hábitos pueden influir en su arribo

Cuando uno es niño a veces escucha frases que no entiende en ese momento pero que al mismo tiempo sabe que es de un uso más o menos común para el adulto. Una de aquellas frases la escuché por primera vez de labios de mi madre cuando le dijo a su hermana que tenía insomnio. Inmediatamente me dio curiosidad por esa rara y fonéticamente agradable palabra. Fue entonces que me dijeron que eso significaba que una persona no podía dormir. Eso si que me confundió en ese momento, en la cabeza de un niño no cabe esa situación ya que dormir es un acto muy natural y uno a esa edad duerme como las piedras.

Lo cierto es que esta enfermedad afecta a un gran número de personas en el mundo y no es para nada infrecuente. Todos de una u otra forma lo hemos padecido alguna vez producto de alguna situación de estrés o de ansiedad. Según las cifras del año pasado entregadas por la Organización Mundial de la Salud, el 40 % de la población mundial sufre de algún tipo de trastorno del sueño. Estas personas son relativamente fáciles de identificar por que presentan un humor cambiante y además tienen dificultades para poder concentrarse. Estos dos cuadros son los más característicos de las personas que padecen insomnio. Si una persona presenta estos síntomas, además de una somnolencia constante durante el día, debe tomarlo como un signo de alarma ya que el cuadro puede agudizarse y terminar complicándose.

Imagen tomada de Flickr por andres lechuga

En efecto, se podría presentar una subida en la presión arterial y el sistema inmunológico se vería afectado al igual que el sistema metabólico. Se ha visto que las personas que duermen menos de ocho horas diarias sufren de algún tipo de ansiedad. La curva descendente de ansiedad se agudiza mientras disminuyen las horas de sueño de la persona. Esta situación acarrea problemas metabólicos ya que la persona ansiosa busca que aliviar o paliar su ansiedad recurriendo a la comida. Esto lo hacen sin ningún orden ni horario prestablecido, picotean de uno y otro lado, casi siempre dulces o golosinas ya que el cerebro sólo acepta comida bajo la forma de glucosa. Esto se explica fácilmente por el hecho de que nuestro cerebro no ha descansado bien y por tanto no se ha recuperado.



En un intento por balancear la ecuación de la recuperación, solicita más comida pero lamentablemente esto no pasa desapercibido para el resto del organismo que irá a acumular calorías en forma de grasa corporal con los consiguientes problemas que esto acarrea. Si no se toman las medidas correctivas necesarias, se podría caer en un peligroso círculo vicioso. Pero el insomnio no sólo es causado por el estrés o los cuadros de ansiedad y preocupación que uno pueda tener. Incluso gente tan sana como los deportistas pueden padecer insomnio. Seguramente usted ha notado que cuando practica algún deporte en las últimas horas de la noche, con una intensidad de moderada a alta, luego llega a su casa y no puede conciliar el sueño.

Esto les sucede también a los deportistas profesionales que efectúan sus entrenamientos a esas mismas horas ya que deben compaginar su deporte con la jornada laboral de una persona común. Recuerdo que conocí a un sprinter (velocista) de natación que padecía algunos días de insomnio y notó que esto sucedía cuando hacía trabajo de alta intensidad en sus entrenamientos que arrancaban a las nueve de la noche pues era el único momento en que tenía la piscina libre y además no trabajaba en esas horas. Sucede que durante la actividad física vigorosa, el cuerpo segrega adrenalina, tal cual lo puede hacer en una situación de extremo peligro.

Como sabemos, la adrenalina es la hormona que te dice “huye o pelea” y es uno de los mecanismos de supervivencia más antiguos y efectivos con que cuenta el hombre. Evidentemente, al recrearse el escenario de una situación de peligro, lo último que hará el organismo es quedarse dormido. Otra causa conocida de insomnio es la dieta que seguimos. Por ejemplo, si consumimos una comida abundante poco antes de dormir, esto nos puede originar una pesadez extrema y podemos encontrar dificultades a la hora de dormir ya que nuestro ritmo respiratorio se ve afectado bajo esas condiciones. Otro mal hábito alimenticio que llama a gritos al insomnio es la toma desmedida de café o bebidas que contengan cafeína, sobre todo en horas cercanas a la hora de irse a dormir. Esto es porque la cafeína imita los efectos de la adrenalina en el cuerpo al estimular los mismos receptores celulares que esta, los receptores beta adrenérgicos.

Imagen tomada de Flickr por miss guisante

El consumo de bebidas alcohólicas y de cigarrillo en horas cercanas a la hora del sueño, también pueden influir en los cuadros de insomnio. Aquí pueden ponerse de pie los defensores de la copita de vino antes de dormir, argumentando que con eso se duermen inmediatamente. Correcto, pero habría que precisar que el insomnio no debemos entenderlo únicamente como la dificultad para conciliar el sueño en sus instancias iniciales sino que se puede presentar más adelante. Al respecto hay que decir que el insomnio se puede clasificar en tres tipos distintos. El primero de ellos es el insomnio de conciliación en el que la dificultad para dormí se presenta al inicio. Este es el más común de los insomnios. El segundo tipo es el insomnio de mantenimiento o insomnio intermedio.

En este escenario se concilia el sueño con facilidad pero la dificultad llega a la hora de mantenerlo durante la noche. Aquí la persona se despierta varias veces durante la noche y al día siguiente se levanta con sensación de cansancio ya que los ciclos de sueño normales se han interrumpido y no se han logrado alcanzar los estados más profundos de éste donde se produce la mayor recuperación física y mental. El tercer tipo es el insomnio Terminal en el que nos despertamos muy temprano, antes de lo previsto y luego ya no podemos volver a dormir. Si vemos que alguna de estas situaciones comienza a ser frecuente, es mejor acudir al médico.

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