Trasplante de laringe: reencontrarse con la palabra

Un nuevo trasplante de laringe, el segundo en el mundo, se llevó a cabo en una mujer de 52 años de edad, que ya es capaz de hablar. A pesar de la esperanza de que esta visión plantea en los pacientes, la generalización de este tipo de operación no se considera.

No hablaba desde hacía once años y pudo expresarse ante los micrófonos de los periodistas de todo el mundo. Brenda Jensen, un californiano de 52 años, no oculta su alegría por haber recuperado casi con normalidad el uso de la palabra. Este «milagro» se debe a la destreza de los cirujanos que realizaron una operación complicada y novedosa ya que es sólo la segunda que se realiza: un injerto de laringe. Se llevó a cabo en octubre de 2010, en el Centro Médico Davis de la Universidad de California, durante una operación maratoniana de dieciocho horas.

Antes del trasplante, el paciente no podía hablar ni respirar con normalidad, después de una operación anterior que había tenido lugar una década antes y en el que la vía aérea se había alterado irreversiblemente por intubación. No podía respirar mas que a través de un tubo de traqueotomía visibles en la base de su cuello, y los sonidos que producía eran sintetizados por un dispositivo electrónico que producía una voz robótica.

Un equipo de ensueño para una operación compleja

La laringe es una estructura cartilaginosa, estrechamente relacionada con la tiroides y la tráquea. © Wikipedia, la enciclopedia libre

El trasplante implica a científicos de todos los orígenes, tanto geográfica como médica. Cirujanos ingleses, suecos y especialistas estadounidenses en otorrinolaringología, cirugía regenerativa, enfermeras, técnicos… En total, más de veinte personas asistieron a esta proeza médica, trece años después del primer trasplante de laringe que tuvo lugar en 1998 en la Clínica Cleveland.

Pero este nuevo injerto es más complejo, ya que no puede consistir exclusivamente en sustitución de la laringe. Este organismo, cuyos nervios y músculos se entrelazan para permitir la palabra y la respiración, está estrechamente vinculada a la tráquea que está a continuación, y de la tiroides, una glándula endocrina responsable de la síntesis de las hormonas metabólicas. Estos tres «compañeros» han sido injertados juntos, al menos en parte porque sólo un trozo de tráquea de 6 cm de largo fue trasplantado.

La paciente encontró su propia voz

La laringe contiene las cuerdas vocales, incluyendo la apertura y el cierre que se acciona por los músculos, que debe ser controlada con precisión durante el habla. El éxito del trasplante y, especialmente, la posibilidad para el paciente de hablar, se basa en la reconexión de los nervios, arterias y venas, lo que podría ser posible mediante el uso de un microscopio y movimientos precisos de los dos cirujanos trabajando juntos (ver el diagrama de la operación en el vídeo).

Hoy, después de dos meses de rehabilitación, su voz es muy similar a lo que era antes. La laringe, que fue tomada de una víctima de un accidente, no ha cambiado fundamentalmente la forma en que habla. De hecho, el aparato vocal, responsable de la especificidad de su voz, también consiste en el pecho que actúa como caja de resonancia, y los órganos situados en la cabeza (cavidad nasal, bucal, paladar, dientes, los labios…).

Otra ventaja, no menos importante, ahora podrá volver a disfrutar de la comida. Con el paso del aire por la nariz y la boca, que se hace imposible por la traqueotomía, volvió a ser sensibles a los aromas y sabores. Ahora está tratando de volver a aprender a tragar, entonces llegará la capacidad para comer y beber normalmente. Su tubo de traqueotomía no se ha retirado, pero es probable que lo hagan cuando los reflejos de respiración del trasplante de laringe vuelvan.

Las primeras palabras de Brenda Jensen, sólo 13 días después de la operación. © UC Davis Health System

A pesar del éxito de esta operación, no se trata de generalizar el trasplante de laringe. En primer lugar, la funcionalidad de la laringe no pone la vida del paciente en juego, mientras que la expropiación forzosa de los fármacos inmunosupresores después del trasplante, a su vez, mucho más arriesgado. Sin duda, disminuye las defensas del cuerpo para prevenir el rechazo del órgano trasplantado, pero también, inevitablemente, aumenta las posibilidades de desarrollar enfermedades como el cáncer. Brenda Jensen es un caso especial en el sentido de que ella ya estaba recibiendo tratamiento después de un trasplante de riñón y páncreas anterior realizado hace cuatro años.

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