¿Qué edad es la recomendable para que los niños se expongan a pantallas?

Según los expertos, los padres no deberían exponer a los niños a pantallas hasta que hayan alcanzado una edad determinada.

Ser padre no es fácil. Hay que tener en cuenta mil cosas para saber que estás haciendo un buen trabajo en lo relacionado con darle a tu bebé el soporte que necesita para desarrollarse de una forma adecuada. No podemos, por ejemplo, dejar al niño delante de la televisión durante 10 horas al día para tenerlo entretenido y que no moleste. Eso es algo que no es precisamente saludable por mucho que estemos muy ocupados y que pensemos que, de esa forma, pensemos que está pasándoselo bien y que no tiene carencia de nada.

Ese tipo de actitud es nociva para el niño y, tal y como apuntan los expertos, hay que erradicarla. Lo cierto es que podemos entretener al niño de muchas otras formas sin necesidad de recurrir a las pantallas. Y, en realidad, es conveniente que los mantengamos alejados de las pantallas durante un largo periodo de tiempo. Si bien los especialistas no se ponen de acuerdo en un periodo concreto, sí que se puede ver que hay una franja similar en todos los casos.

Así, los expertos recomiendan mantener alejados a los niños de las pantallas hasta que se encuentren en el rango de entre 18-24 meses. Hasta ese momento las pantallas no van a jugar un buen papel en su desarrollo y, aunque pensemos que les ayudan a entretenerse, lo que estaremos haciendo será afectarles de varias formas negativas cuyas consecuencias sufrirán con el paso de los años. Hasta ese periodo de alrededor de 2 años, es preferible que los niños se estimulen con juguetes, con objetos físicos y otro tipo de actividades, como la relación con personas, para que las pantallas no les produzcan daños.

Problemas en la vista

Hay mucha información y estudios que aportan datos interesantes al respecto, por lo que vamos a intentar de unificar todos esos descubrimientos que se han realizado y que nos dejan ver que las pantallas no son recomendables cuando el niño todavía es joven. Por ejemplo, un estudio australiano ha concluido que los niveles de miopía en niños se han duplicado en el periodo de los últimos 5 años. El motivo de ello se atribuye a la exposición que tienen los niños a los dispositivos móviles desde que son muy jóvenes.

Este estudio se ve refutado por investigaciones en otras partes del mundo donde se obtienen resultados prácticamente similares. Incluso en uno de los casos se va más allá y se pronostica que en 2050 la cantidad de personas que se verán obligadas al uso de gafas contra la miopía habrá aumentado de forma agresiva, causando también más problemas de ceguera permanente o progresiva.

Se atribuye la culpa a las pantallas, a la escasa distancia que se tiene de ellas, sobre todo por los móviles, y a que cada vez los niños salen menos de casa y entrenan menos sus ojos con el exterior. Tal y como dicen los oftalmólogos, el problema de acostumbrar al niño al uso de móviles o tablets se encuentra en que al hacerlo están enviando una petición muy clara a los ojos y la vista, indicándoles que todo aquello que miran, o lo más habitual, se encuentra muy cerca de ellos. Por lo tanto, la vista se habitúa y da a entender que todo lo que necesita ver está cerca, de forma que la visión a larga distancia no se desarrolla de la misma forma en la que debería hacerlo.

Problemas en el desarrollo

Las consecuencias negativas del uso de pantallas no solo se reflejan en la vista. Distintos estudios destacan que los niños que miran la pantalla de un móvil durante alrededor de 30 minutos al día son más propensos a desarrollar retrasos en el habla. Es decir, serán niños que hablarán más tarde y que tendrán mayores dificultades para comunicarse de una manera adecuada.

También generan problemas de atención, de concentración, psicológicos y físicos, con aumento de peso como una de las consecuencias. Se produce un crecimiento y aprendizaje erróneo de la empatía y las habilidades sociales de los niños se reducen de forma significativa. El problema de mirar demasiado las pantallas es que se dejan de lado las relaciones humanas, la sociabilidad, el vínculo que une al bebé con su familia y con los amigos a medida que va creciendo. Este tipo de sensaciones se dejan aparcadas en una pantalla de la cual el niño no obtiene ningún beneficio.

Otros de los problemas están relacionados con la capacidad para dormir o descansar, así como para desarrollar de una manera conveniente sus emociones. Por ello, se recomienda a los padres que mantengan a sus hijos alejados de las pantallas y que deriven su atención a una relación con los mismos que resulte activa en muy distintos niveles.

¿Y después de los 2 años?

A partir de los 2 años se recomienda que el niño pueda ver la televisión y tener contacto con las pantallas, pero de una manera controlada. La clave siempre se encuentra en el equilibrio, ya que con una buena supervisión por parte de los padres no tiene porqué producirse ningún tipo de problema. Para niños de entre 2 y 5 años, lo recomendable es que la televisión y las pantallas se limiten a 1 hora al día. A partir de 6 años hay que tener más control para asegurarse de que la educación que se le ha dado al niño y sus hábitos no cambian de la noche a la mañana debido a su exposición a las pantallas.

Además, hay que ser conscientes de que las pantallas no son, en ningún momento, un dispositivo de educación. Hay muchas empresas y canales de televisión que crean contenido que está, teóricamente, recomendado para bebés y niños muy pequeños. Son programas que tienen una serie de características y que prometen ayudar a los niños en su desarrollo. Pero los expertos y médicos indican que no hay nada de verdad en lo que ofrecen y que, en realidad, sus contenidos no están recomendados para los más jóvenes.

El motivo de ello es que, tal y como indican los especialistas, lo único que hacen los niños es fijarse en la combinación de luces y sonidos que emite la televisión. Aunque el padre piense que el niño está aprendiendo a identificar objetos porque el niño está muy atento mirando la televisión, en realidad lo que está ocurriendo es que está viéndose atraído por las luces y efectos, pero no aprendiendo lo que en teoría parece que se les está enseñando.

Esta tarea de aprendizaje la deben llevar a cabo los padres, hermanos o la familia en general, de una manera tradicional, con objetos, juguetes, juegos o cualquier otro recurso analógico. Es necesario que se instruya al niño de una manera natural y no dependiendo de las pantallas y los dispositivos por mucho que, como decíamos, nos encontremos propuestas que están dirigidas a ellos.

Por último, hay una pregunta muy común que se hacen las familias teniendo en cuenta todo lo dicho con anterioridad. ¿Puede un bebé o un niño pequeño participar en una videollamada? Porque al hacerlo, se le está exponiendo a una pantalla. La buena noticia es que los expertos dicen que sí. El motivo de ello es porque, al otro lado de la pantalla, se encuentra una persona que va a activar sus habilidades de comunicación y a reaccionar tal y como lo haría si estuviera en vivo.

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