Por qué envejecemos. Detener el envejecimiento

Una de las obsesiones del ser humano ha sido, desde tiempo inmemorial, mantenerse joven. Se sabe que una de las causas del envejecimiento a nivel celular es el acortamiento de los telómeros, que protegen los extremos de los cromosomas. Y, ahora, un experimento del Instituto Dana Farber de Harvard ha permitido que el proceso de envejecimiento en unos roedores se vea revertido.

Hasta ahora, el problema del envejecimiento ha sido una incógnita para la Ciencia. Grandes expertos han luchado en vano por discernir el motivo de que este hecho biológico se produzca y poderosos de todo el mundo han tratado de evitarlo por todos los medios, desde la cirugía estética hasta la renovación periódica de la sangre. Nada han conseguido.

Desde una perspectiva más artística, el mito de la eterna juventud -que no otra cosa hay tras ello: el deseo del ser humano de permanecer siempre joven– ha obsesionado a pintores, inspirado a poetas y dado lugar a algunas de las más bellas composiciones del arte.

Pintura de unos ancianos hablando

Retrato pictórico de varios ancianos hablando

Y es que el Hombre ha anhelado siempre mantener la juventud y, con ella, el vigor propio de esta edad. Nunca ha querido envejecer porque, tras ello, se esconden algunos de sus miedos más atávicos como la enfermedad o la muerte. Y es que, lo que verdaderamente lo empuja tras ese deseo no es otra cosa que la inmortalidad.

Sin embargo, son tan sólo pequeños pasos los que ha avanzado la Ciencia en este ámbito. Según parece, el hecho de envejecer no se produce por una predisposición genética, es decir, nuestros genes no nos predisponen a envejecer. Si esto es así, ¿por qué envejecemos?

La verdad es que ni los mismos científicos se ponen de acuerdo. Se han contabilizado hasta doce teorías distintas y éstas solamente entre las basadas en la interacción del organismo con el medio ambiente. Serían muchas más si contamos las referidas a otros aspectos.

Sin embargo, la explicación más convincente es, con toda probabilidad, que se debe a un cúmulo de causas fisiológicas provocadas por el proceso mismo de la vida. De lo que se trata es de desentrañar esas causas a un nivel molecular. De hecho, se cree que el motivo primordial del envejecimiento es la acumulación de daños que se producen en nuestro material genético o ADN. Y, en este sentido, es muy importante el hallazgo realizado hace unos años del papel que en ello tienen los telómeros, una palabra que requiere explicación.

Nuestras células se componen de veintitrés pares de cromosomas cada una, que son los que contienen nuestro ADN. En los extremos de cada cromosoma existe una protección que las resguarda y proporciona estabilidad a sus estructuras: son los telómeros (del griego ‘telos’: final y ‘meros’: parte). Aunque ya fueron descubiertos en los años treinta del pasado siglo por Hermann Joseph Muller y Bárbara McClintock, su importancia en el ámbito del envejecimiento no se había comprobado hasta hace poco.

Foto de tejido celular enfermo

Tejido celular de un pulmón enfermo visto al microscopio

Las células, al dividirse para formar otras nuevas, provocan que los telómeros se acorten y este hecho produce que, en posteriores divisiones, el material genético que se transmite esté dañado o, al menos, incompleto. Cuando los telómeros quedan reducidos a una mínima longitud, las células interrumpen su ciclo dejando de reproducirse y, con ello, de regenerar los tejidos y produciendo así que nuestro cuerpo envejezca. Es lo que se conoce como senescencia celular.

En ello tiene gran parte de responsabilidad la telomerasa, una enzima que permite el alargamiento de los telómeros y sobre la que ya se había experimentado hace un tiempo. Pero, recientemente, un grupo de expertos del Dana Farber Cancer Institute de Harvard (Boston) han llevado a cabo una investigación que puede constituir un primer paso para ralentizar los mecanismos del envejecimiento.

El funcionamiento de los telómeros es, curiosamente, idéntico en humanos y roedores. Y, por ello, estos estudiosos han trabajado con ratones. Tras haber sido criados en el propio centro con un proceso de manipulación genética, se logró que crecieran sin telomerasa.

Al carecer de la enzima, envejecieron más rápidamente de lo normal y comenzaron a padecer enfermedades asociadas a la edad avanzada tales como infertilidad, pérdida de neuronas o disminución de la capacidad sensitiva. Sin embargo, cuando los investigadores reactivaron en su organismo la telomerasa, los síntomas del envejecimiento y sus problemas asociados comenzaron a revertirse.

En palabras de Ronald De Pinho, responsable del trabajo, «después de cuatro semanas de tratamiento, se logró una recuperación importante, incluyendo el crecimiento de nuevas neuronas en el cerebro».

Con ello, demostraron que es posible, no sólo detener el proceso de envejecimiento en estos roedores, sino también revertir los cambios que produce en su organismo mejorando la actividad celular. Según explica el propio DePinho, «lo que vimos en estos animales no es una pequeña desaceleración o estabilización del proceso de envejecimiento. Hemos visto un cambio dramático e inesperado».

Todo ello nos permite soñar con que esta terapia pueda aplicarse en seres humanos, que, de este modo, verían retrasado su envejecimiento y prolongada su juventud y, por tanto mejoradas sus condiciones de vida.

Foto de la Universidad de Harvard

Universidad de Harvard, una de las principales participantes en el estudio

Sin embargo, hoy por hoy, con los conocimientos médicos existentes, ello es todavía muy complejo ya que la telomerasa tiene un efecto secundario indeseado: el aumento de la formación de tumores y, por tanto, del riesgo de contraer un cáncer. Según Juan Cadiñanos, del Centro Médico de Asturias y único español participante en la investigación, «la aplicación en seres humanos no será sencilla ni rápida. Primero habrá que analizar las posibles consecuencias negativas de la regeneración de telómeros para poder ver si esto es o no seguro».

En cualquier caso, se trata de un estudio que aporta grandes novedades al mundo de la bioquímica. La relación entre los telómeros y el envejecimiento ya se conocía desde hace unos años, a raíz de las investigaciones de Carol Greider y Calvin Harley, y la existencia de la telomerasa fue descubierta por Elisabeth H. Blackburn, la propia Greider y Jack W. Szostak, por lo cual recibieron el Nóbel de Medicina en 2009. Pero nunca hasta ahora se había realizado un estudio tan exhaustivo acerca de tal relación.

De todos modos, los mismos investigadores que lo han llevado a cabo son los primeros en señalar que aún nos queda mucho camino por recorrer para ser capaces de frenar el envejecimiento en los seres humanos.

Y, por supuesto, el mito la eterna juventud, con el que soñaron poetas, pintores y toda clase de personalidades, aún continuará siendo por mucho tiempo un sueño inalcanzable para el ambicioso Hombre.

Fuente: Servicio de Información y Noticias Científicas y ABC.

Fotos: Ancianos hablando: Nacho Fuejo Ruiz en Artelista | Universidad de Harvard: Inalaf en Flickr | Tejido celular: Pulmonary Pathology en Flickr.

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