La complejidad de la visión humana

El ojo humano es un órgano visual excepcional, capaz de transformar la energía lumínica en señales eléctricas que son enviadas al cerebro a través del nervio óptico. Este funcionamiento, que pudiera parecer sencillo y trivial en la naturaleza, no lo es en absoluto. Todos los animales tiene un órgano visual, pero el de los humanos es el más perfecto del reino animal.

El ojo humano es un órgano visual excepcional, capaz de transformar la energía lumínica en señales eléctricas que son enviadas al cerebro a través del nervio óptico. Este funcionamiento, que pudiera parecer sencillo y trivial en la naturaleza, no lo es en absoluto. Todos los animales tiene un órgano visual, pero el de los humanos es el más perfecto del reino animal.

El ojo humano es más complejo de lo que pensamos

El ojo humano, es una herramienta que nos ha brindado la naturaleza como resultado de una evolución de millones de años. Nuestros ojos no sólo nos permiten una visión panorámica del mundo, sino que son capaces de distinguir un gran espectro y variedad de colores.

Además, el ojo humano posé una capacidad peculiar, aquella que los oftalmólogos denominan “movimiento ocular sacádico”, por el cual, podemos realizar movimientos de captación y enfoque de objetos. Un movimiento que nos permite pasar en décimas de segundo de una visión general panorámica a un detalle concreto y, de este, a otro, con gran precisión.

Ha sido esta característica la que nos ha permitido sobrevivir y desarrollarnos como especie, permitiendo a nuestros ancestros, identificar en cada momento, los peligros potenciales que acechaban en la naturaleza y dónde se encontraban las fuentes de alimento, convirtiéndose en una destreza vital para la caza.

Sin embargo, el ojo humano, pese a sus grandes prestaciones, no es más que un dispositivo receptor, pues todo el trabajo visual, la estructuración y comprensión de toda la información lumínica que captamos a través de él, la realiza nuestro cerebro. Así, del mismo modo que la más novedosa impresora no es capaz de funcionar si un ordenador que contenga el software adecuado para ella, nuestros ojos no funcionarían sin la compleja red de conexiones neuronales que decodifica, completa y comprende el complejo juego de luces y sombras que capta nuestro órgano visual.

Cuando en 1930, comenzaron a realizarse las primeras operaciones de córnea, esto se hizo patente. Gracias a las nuevas técnicas y avances técnicos, pudieron reparase córneas dañadas e incluso trasplantarlas a pacientes que eran ciegos antes de la operación. Sin embargo, los resultados obtenidos variaban drásticamente según el paciente hubiese quedado ciego cuando poseía cierto bagaje visual, a cuando no lo había adquirido en absoluto.

Mientras que pacientes que habían tenido una larga experiencia visual y habían quedado ciegos con 15 ó 20 años recuperaban su capacidad visual en cerca de un 80 ó 90%, aquellos sujetos que habían nacido ciegos, o habían perdido su capacidad visual a temprana edad, no lograban una visión eficiente pese a tener unos ojos sanos.

La razón de ello, es que el cerebro construye modelos asociativos de todo aquello que ve, cualquier información que se tome del medio ambiente, está siempre conectada con la experiencia. La visión, es algo más compleja que el hecho de abrir los ojos y ver.

Si somos capaces de componer imágenes, si podemos percibir las distancias y los contrastes de luces y sombras, creando imágenes reconocibles, es en gran medida gracias a nuestra experiencia visual. Así, sujetos que nunca han llegado a ver, o que han perdido su visión a muy temprana edad, no poseen esa memoria visual con la que nuestro cerebro compara en fracciones de segundo la información que es captada por los ojos, dotándola de sentido.

La memoria visual no es congénita, se construye a través de la experiencia, siendo durante los seis primeros años cuando nuestro cerebro aprende a ver, comprendiendo e identificando los conceptos de Tamaño, forma y distancia.

El ojo humano puede que sea un órgano visual excepcional, pero como ocurre con cualquier elemento de nuestra anatomía, no es nada por sí sólo, pues sin el mayor y más complejo órgano de todos, nuestro cerebro, aquel que rige todo nuestro ser, no somos nada.

Imagen: ricardo sanchez belmont en Arte y Fotografía

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