Intolerancia a la lactosa: síntomas y tratamiento

Aunque suele pensarse que tiene que ver con la infancia, la intolerancia a la lactosa se da más en adultos, entre los que es un padecimiento bastante frecuente. Quiénes presentan esta intolerancia se ven privados de tomar leche y todos sus derivados, ya que no pueden realizar correctamente su digestión. Aquí explicamos en qué consiste y cómo tratarla.

Aunque habitualmente se asocia a la infancia, cuando se introduce la leche de vaca en la dieta, la realidad es que la intolerancia a la lactosa es un problema de salud que afecta más a los adultos que a los niños (de hecho, aumenta con la edad). Se estima que, en los países desarrollados, padecen este problema en torno a un diez por ciento de la población pero hay otro veinte por ciento que tiene déficit de lactasa, primer paso para sufrirlo.

La lactasa es una enzima producida en el intestino delgado que es primordial para absorber la lactosa. Ésta, por su parte, es un disacárido natural compuesto por dos azúcares simples, la glucosa y la galactosa, que se encuentra en todas las leches de los mamíferos y también en muchos preparados alimenticios que se hacen a partir de ella como postres o cremas.

La intolerancia a la lactosa impide tomar leche y sus derivados

La intolerancia a la lactosa impide tomar leche y sus derivados.

Para que pueda ser absorbida por el organismo, es necesario que se desdoble en sus dos componentes y para ello es esencial la lactasa. Cuando ésta es insuficiente, el desdoblamiento no se produce y aparecen una serie de síntomas que constituyen la intolerancia a la lactosa. Por tanto, podemos definir este padecimiento como la sintomatología que se origina cuando, por carecer de la necesaria lactasa, la digestión y absorción de la lactosa en el intestino delgado no se hace y llega sin digerir al grueso.

Los síntomas más evidentes son dolor abdominal o distensión, flatulencias o diarrea y aparecen durante las dos horas siguientes a haber ingerido alimentos con lactosa para remitir en un periodo de entre tres y seis horas. El problema es que los lácteos son imprescindibles en toda dieta equilibrada y, si siguen tomándose, además de las molestias, dañan la mucosa intestinal de tal suerte que produce aún menos lactasa, cayéndose así en un círculo vicioso.

Hoy día, no existe un tratamiento que cure la intolerancia a la lactosa. Quiénes la padecen tienen que seguir una dieta específica evitando la ingesta de productos que la contengan. Sin embargo, recientemente ha aparecido un medicamento que permite llevar una alimentación normal. Consiste en tomar una pastilla de lactasa antes de ingerir alimentos que contengan leche o sus derivados. La ha desarrollado un laboratorio que colabora con la Asociación de Intolerantes a la Lactosa. No obstante, éste debe ser indicado por nuestro médico, que es quién conoce nuestra situación personal de salud y las posibles contraindicaciones.

Fuente: Asociación de Intolerantes a la Lactosa.

Foto: Muffet.

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