Implantado en España el primer vasodilatador absorbible por el organismo

La medicina cardiológica ha experimentado grandes avances en las últimas décadas. El último de ellos es la aparición de un stent o dilatador arterial que, tras ser implantado y cumplir su función restauradora del vaso, es reabsorbido por el propio organismo.

La medicina cardiológica –como la Oftalmología y algunas más- ha evolucionado vertiginosamente en las últimas décadas. Sin duda, los especialistas han realizado una excelente labor, hasta el punto de que –aparte de felicitar a éstos- cabría preguntarse por qué otras especialidades no lo han hecho.

No debe estribar el problema en la dificultad, ya que la medicina relacionada con el corazón es muy compleja. Pero este debate sería motivo para otro artículo mucho más largo. En cualquier caso, ahí queda la pregunta.

Foto del Hospital Clínico San Carlos, donde se realizó la intervención

Hospital Clínico San Carlos de Madrid, donde se realizó la intervención

La noticia importante es que, después de la aparición de la técnica del by pass y la posterior utilización del stent, ahora se está comenzando a implantar un dispositivo que realiza la misma función que éste pero evita mantener de forma permanente en el organismo un cuerpo extraño.

El stent es un dispositivo que se introduce en una arteria cuando ésta se encuentra obstruida para abrirla y facilitar el flujo sanguíneo. Sin embargo, no deja de ser un cuerpo extraño al organismo que debía permanecer en él de modo permanente.

Por ello, tal como señala el doctor Carlos Macaya, Jefe del Servicio de Cardiología del Hospital San Carlos de Madrid, era una vieja aspiración de los médicos el hecho de «ser capaces de abrir de forma eficaz una arteria bloqueada sin dejar un implante permanente en el vaso sanguíneo».

Y ahora, el equipo de Macaya ha implantado por vez primera en España el denominado Dispositivo Vascular Biorreabsorbible (BVS por sus siglas en inglés), que realiza la misma función que el citado stent, es decir, abrir la arteria y restaurar el correcto flujo de sangre hasta que el vaso pueda permanecer abierto sin ayuda. Entonces, comienza a metabolizarse lentamente para terminar completamente absorbido por el organismo.

La gran ventaja del nuevo instrumento nos la explica el propio doctor Macaya: «El hecho de no dejar una estructura metálica en el cuerpo es más que deseable porque los pacientes no necesitarán tomar antiagregantes para evitar los coágulos». Además, el vaso tratado con el BVS vuelve a funcionar autónomamente como lo haría uno sano.

En palabras de Carlos Macaya, «el potencial para restaurar estas funciones naturales de los vasos es una de las características que harán del BVS un tratamiento único en la patología coronaria«.

El dispositivo está hecho de poliláctido, un material que ya se venía usando para otros implantes médicos, y se halla en la actualidad sometido a investigación clínica en toda Europa, así como en Australia y Nueva Zelanda. No obstante, aún no se ha aprobado su comercialización. Por ello, es de esperar que su fase experimental termine pronto y los pacientes de estas enfermedades puedan beneficiarse de él.

Fuente: Servicio de Información y Noticias Científicas.

Foto: Hospital Clínico San Carlos: Enrique Luis en Flickr.

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