¿Cómo hacer un masaje con piedras calientes?

Te explicamos paso a paso cómo tienes que dar un masaje de piedras calientes o cómo te lo dará un masajista.

Si es la primera vez que oyes hablar del masaje con piedras calientes, lo más posible es que no tengas muchos conocimientos sobre cómo se lleva a cabo. En los próximos apartados te enseñamos cómo se aplica para que lo puedas conocer mejor. Anteriormente ya te hemos contado qué es el masaje con piedras calientes, así que esta guía era posiblemente lo que estabas esperando para poder ponerlo en práctica.

Paso 1. Organizar un buen entorno para el masaje

Un masaje como este requiere el mejor entorno que garantice una relajación máxima. Por ello, es necesario preparar una camilla, una cama o futón que sea cómodo y aporte un contacto agradable. En todos los casos, el masajista coloca una sábana suave y limpia que haga que el receptor se encuentre más a gusto. Asimismo, se suelen encender velas aromáticas e incluso reproducir música que transmita un alto nivel de relajación.

Paso 2. Preparar los materiales

El elemento principal de este masaje son las piedras. Para ello existen kits que el masajista utilizará y aplicará por todos los puntos importantes de tu cuerpo. Por lo general, se trata de piedras de obsidiana o basalto. Lo más habitual es que se trate de un conjunto de, al menos, 25 piedras. Es bastante común que los especialistas en esta disciplina dispongan de sets de incluso 60 piedras, puesto que eso le aporta más versatilidad a la hora de poder dar el masaje.

Uno de los aspectos que siempre se tienen en cuenta respecto a las piedras es la importancia de que estas se dividan en varios tamaños. Las más estandarizadas tienen unas dimensiones de 15 x 20 cm, mientras que las más pequeñas pueden ser de un diámetro de 40 mm.

A continuación, el masajista calentará las piedras. Hay dos opciones para ello, pero en la práctica no hay ninguna diferencia. Se trata de optar por calentar con agua en una olla de cocción lenta o hacerlo en una sartén que tenga una gran profundidad. Para comprobar la temperatura, es recomendable usar un termómetro de cocina. Hay que asegurarse de que el agua se encuentra a 50 ºC. Cuando se saquen del fuego, la temperatura de las piedras irá reduciéndose hasta que alcance un volumen de unos 43 ºC. Será entonces cuando se puedan utilizar. Su temperatura puede reducirse hasta 38 ºC, pero nunca más allá de esta barrera. Lo siguiente que hará el masajista será untar las piedras con aceites antes de proceder a su uso. Eso ayudará a que las sensaciones que se transmiten en el paciente sean más agradables.

Paso 3. Comprobación con el paciente

Se lleva a cabo una comprobación rápida con el receptor para asegurarse de que la temperatura de las piedras es la correcta y que no resulta demasiado elevada. Al fin y al cabo, hay todo tipo de pieles y de niveles de resistencia al calor. En casos en los que la temperatura continúe estando caliente incluso al ajustarla, lo más recomendable es colocar una sábana que haga de divisor entre la piel y las piedras.

Paso 4. Exfoliación de la piel

Es recomendable que antes del proceso de masaje con las piedras se haga también una exfoliación de la piel. Eso ayuda a que, en el momento en el que comienza el masaje, la piel se encuentre libre de impurezas físicas. Para ello se pueden utilizar aceites y sales pensados para exfoliar. Es un proceso que no debe alargarse en exceso y que no tiene por qué ser tan profundo como un servicio de exfoliación completo.

Paso 5. Poner las piedras

Las piedras calientes se colocan en la zona principal donde se vaya a hacer el masaje en el caso de que se trate de uno enfocado a una zona localizada. Es más habitual que el masaje sea general, por lo que las piedras se ponen en la zona de la columna vertebral. Las piedras grandes se pondrán siguiendo la posición de la columna, mientras que las pequeñas se pueden usar en los bordes.

A lo largo del masaje se irán usando piedras en distintas partes del cuerpo. Por ejemplo, en los lados de la clavícula, en las manos, en el esternón, las rótulas o los dedos de los pies. Estas piedras se pueden combinar con aceite tibio, puesto que el objetivo es utilizarlas para hacer presión en el propio proceso del masaje. La temperatura del aceite ayuda a que las sensaciones sean satisfactorias.

Paso 6. Aplicar las piedras en la cara

En este caso solo se usan cuatro piedras. Una se pone en la frente, dos repartidas entre las mejillas y una última en el mentón. Las piedras que son para masaje facial no deben tener aceite, ya que sería algo contraproducente para el cuidado de la piel.

Paso 7. Cambiar las piedras

De vez en cuando, el masajista hará un cambio de piedras para que estas siempre estén calientes. Normalmente se aprovecha en el momento en el que el receptor tiene que cambiar su posición. Eso ayuda a continuar con el masaje y darle final de la mejor forma posible.

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