Antiguas ilustraciones revelan los fundamentos de la medicina tibetana

Una exposición en el Museo Americano de Historia Natural trata de mostrar el saber de la medicina tibetana al mundo occidental. Basada en la conjunción de cuerpo y espíritu, se cimenta en antiguos conocimientos y prácticas que han venido usándose desde hace miles de años, como la observación y el diálogo con el paciente.

Aunque indudablemente la medicina ha avanzado mucho en el último siglo, no debemos olvidar que, como toda ciencia, tuvo unos orígenes y que, sin ellos, no habría podido alcanzar los niveles de desarrollo que hoy posee.

En lo que al mundo occidental se refiere, el primer gran genio de que tenemos constancia fundada es Hipócrates de Cos (460-370 antes de Cristo), quién ejerció su trabajo en el llamado ‘siglo de Pericles, una época dorada para la antigua Grecia. De él procede el juramento que hoy siguen haciendo los médicos de ayudar a un enfermo aunque carezca de dinero para pagarles (el llamado ‘Juramento Hipocrático’).

Foto de un médico tibetano

Un médico tibetano diagnosticando a una paciente

Sin embargo, la medicina –o, mejor dicho, la enfermedad- es tan antigua como el ser humano. Desde siempre, éste ha enfermado y, por ello, desde siempre ha habido que buscar soluciones que lo curasen. Por ello, lo que la ciencia médica sabe hoy es, en gran parte, un compendio actualizado de la labor de muchos hombres a lo largo de la historia. Puede causarnos gracia ver los remedios que hace unos siglos se aplicaban a determinadas enfermedades pero, sin esos pasos previos, nunca habríamos podido llegar a lograr los medios de curación que hoy poseemos.

En este sentido, igualmente, la medicina de siglos pretéritos se inició y siguió su propio camino en cada lugar donde vivía el hombre. Entonces no existía comunicación entre las distintas partes del mundo y cada comunidad desarrolló sus propios avances en el diagnóstico y curación de enfermedades.

Es por ello que, aún hoy, se habla de medicina occidental, medicina tradicional china o medicina india. Sin entrar a discutir el mayor o menor desarrollo de unas u otras, lo que es indudable es que todas son válidas pues han servido para curar durante miles de años.

Y también por este motivo podemos hablar de medicina tibetana, es decir, la que desde tiempos ancestrales viene utilizándose en el Tibet y que ahora trata de difundirse y desvelar sus claves en occidente.

Con este motivo, el Museo Americano de Historia Natural, en Nueva York, presenta estos días una exposición que, bajo el título de ‘Cuerpo y espíritu’, muestra  sesenta y tres ilustraciones médicas pertenecientes a un texto tibetano. La organización de la misma ha corrido a cargo de Laila Williamson quién justifica su título señalando que el estado del espíritu siempre es parte de la salud corporal.

Dibujo de hierbas medicinales del Tibet

Antiguo dibujo tibetano que presenta varias hierbas medicinales

Los dibujos fueron realizados por el artista nepalense Romio Shrestha y sus alumnos copiando otros de 1900 que, a su vez, reprodujeron los originales, pintados entre 1687 y 1703 para ilustrar un libro clásico de la medicina tibetana titulado Cuatro Tantras. Su función original era servir como material didáctico para una academia médica de Lhasa, capital del Tibet.

En estas pinturas se muestran las claves de la medicina tibetana, para la que la salud consiste en una perfecta armonía entre el cuerpo y el espíritu. Y en lo que respecta al primero de ellos, en el equilibrio entre los diferentes humores que lo componen –la bilis o la flema, por ejemplo-, cuyos desarreglos diagnosticaban mediante tres técnicas: la observación, el tacto y las entrevistas con el paciente. No obstante, otros dibujos muestra análisis de orina, como tomar el pulso o partes de la anatomía, además de distintos tratamientos curativos.

La inauguración de la muestra corrió a cargo de unos monjes budistas de aquel país, concretamente del monasterio de Tshi Lhunpo que realizaron una ceremonia tradicional para eliminar las fuerzas negativas e invocar a la deidad. Ésta consistió en música y cantos a lo largo de los salones de la muestra y en la elaboración de un mandala o recreación en arena del palacio de la divinidad cuyo objeto es invocar la curación y que será destruido tras su visita como símbolo de la no permanencia de la existencia. En palabras del abad del citado monasterio, Gala Rinpoche, viene a ser «como un GPS para el viaje espiritual».

Partiendo de una estrecha vinculación entre cuerpo y espíritu, la medicina tibetana pretende, no sólo curar las enfermedades físicas, sino también brindar una explicación a lo que la ciencia aún no ha sido capaz de resolver, es decir, ayudar a que también se conserven sanos el espíritu y la mente y así alcanzar la felicidad.

Por ello, las ilustraciones expuestas, aunque se centran de forma primordial en los distintos aspectos de la enfermedad –causas, diagnósticos y tratamientos-, también se refieren a cuestiones del espíritu y la mente.

Foto del Dalai Lama

El Dalai Lama durante un acto

No deja de resultar curioso que, a diferencia de la medicina occidental, para la que el cuerpo de un adulto posee doscientos seis huesos, para la tibetana existen sólo en la parte frontal del mismo trescientos sesenta. Y, además, ésta otorga mucha mayor importancia que aquélla a huesos y articulaciones, pues los entiende no sólo como estructura y soporte del organismo sino también como canales por donde fluye la esencia de la vida.

Desde luego, sin entrar en la mayor o menor validez de este tipo de conocimientos, es indudable que algo deben tener cuando estos monjes muestran paz espiritual y felicidad. Según ellos mismo revelan, ello se debe a que pasan muchas horas meditando, calmando la mente y desarrollando la compasión hacia los demás.

Y esto no lo ha dicho cualquiera sino nada menos que el Dalai Lama en una reciente visita a Estados Unidos. Según él, los seres humanos no hayamos la paz espiritual porque mantenemos siempre nuestra mente alerta, en movimiento para resolver problemas y situaciones complejas. Ello forma parte de la naturaleza humana y, para evitarlo y hallar la paz debe trabajarse duro durante horas de meditación. Igualmente, deben tratar de desarrollarse la empatía y la compasión por los demás, algo que también se encuentra en la naturaleza humana pero que debe ser entrenado.

Todo ello nos ayudaría a desembarazarnos de la parte egoísta que, según el Dalai Lama, constituye igualmente nuestra naturaleza y, de este modo, alcanzar la felicidad que, al menos aparentemente, poseen estos monjes tibetanos.

Desconocemos la validez de estas opiniones, pero es bien cierto que a los occidentales nos vendría bien tomarnos la vida con más calma y dedicar un tiempo a recogernos para pensar.

Fuente: Live Science.

Fotos: Médico tibetano: Miramurphy en Flickr | Hierbas medicinales: Davin 7 en Wikimedia | Dalai Lama: Antonietav en Wikimedia.

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