Preguntas a un investigador capaz de leer tu mente

El cerebro humano es un órgano complejísimo, mucho más que todos los sistemas actuales de telecomunicaciones. Sin embargo, Jesse Rissman, científico de la Universidad de Stanford, está realizando una investigación que consiste en leer la mente de otras personas mediante un escáner y modernas técnicas informáticas.

El cerebro humano constituye una obra perfecta, un órgano de tal complejidad que, por mucho que los investigadores se esfuerzan, aún se conoce de él menos de lo que se ignora. Centro del sistema nervioso, es quién da las órdenes al resto del cuerpo para que éste funcione, desde el latido del corazón hasta mover un dedo.

Aunque su estructura es, a grandes rasgos, igual que la del de otros mamíferos, su tamaño es tres veces mayor. Posee miles de millones de neuronas, de las que una buena parte de ellas son células piramidales, las más características y responsables de sinapsis excitadoras, es decir, de la transmisión del impulso nervioso.

Dibujo que reproduce el cerebro humano

Partes del cerebro humano

El cerebro recibe continuamente información de los sentidos, rápidamente la analiza y responde, desencadenando la reacción corporal. En un adulto, tiene un peso aproximado de un kilo y medio y una medida de unos mil doscientos centímetros cúbicos. Pese a que se le conoce como ‘materia gris’, su color es de un beige sonrosado y su masa es similar a la gelatina.

En edad adulta, el cerebro de un hombre posee, aproximadamente, ciento setenta y seis mil kilómetros de axones mielinizados y unos ciento cuarenta y nueve mil en la mujer. Se denomina así al cuerpo de las neuronas que, a su vez, se extiende en las dendritas, ramificaciones que conducen el impulso nervioso de una célula a otra. Se hallan revestidas de mielina, una lipoproteína.

En cuanto a sus partes, tres son las más importantes, aunque existen otras esenciales que, a su vez, se encuentran situadas en el interior de éstas.

Los dos hemisferios constituyen el ochenta y cinco por ciento del cerebro y poseen miles de millones de neuronas en cada uno que se conectan entre sí por un espeso grupo de nervios denominado cuerpo calloso; su capa exterior es la corteza cerebral, que –según se cree- es la que controla los movimientos, procesa la información sensorial y regula la actividad mental.

En ellos se encuentran, a su vez, el sistema límbico, que controla cuando nos emocionamos u obramos instintivamente, así como el olfato; el hipocampo, que transforma la memoria a corto plazo en memoria a largo plazo para ser almacenada en otras áreas cerebrales; el tálamo, que recibe la información de los sentidos y del sistema límbico y la procesa para enviarla a la corteza cerebral, y el hipotálamo, una estructura bajo la parte anterior que es el ‘reloj’ del cuerpo, pues controla la temperatura o el consumo de nutrientes.

Por su parte, el cerebelo constituye un diez por ciento de la masa cerebral. Controla el equilibrio y la coordinación y posee igualmente dos hemisferios que reciben información, la procesan y la envían a la médula espinal para que llegue al resto del cuerpo.

Foto de un escáner microscópico

Un moderno escáner microscópico

Por último, el tallo cerebral, situado en la base del cerebro, es el encargado de unirlo con la citada médula espinal y, por tanto, de hacer llegar a ésta la información. Es el más pequeño pero quizá el más importante, pues de él dependen funciones vitales como la respiración y el ritmo cardiaco.

En suma, para hacernos una idea de la complejidad del cerebro humano, podemos pensar en los modernos sistemas de telecomunicaciones que pueblan nuestras calles llevando de un lugar a otro millones de conexiones de telefonía, Internet o televisión. Pues si eso lo multiplicásemos por varios cientos, tendríamos el cerebro de un ser humano.

Toda esta extensa introducción es necesaria para comprender la dificultad del trabajo de Jesse Rissman, un investigador de la Universidad de Stanford que trabaja en un proyecto que pretende, mediante escaneo cerebral, conocer algo de lo que una persona está pensando. Tras ello, se encuentra la vieja ambición de penetrar en el pensamiento de los delincuentes. No es difícil imaginar los crímenes que, con algo así, podrían evitarse.

La idea se le ocurrió mientras veía en televisión un juicio en la India. Mientras el tribunal exponía los hechos del caso, se colocó a la acusada una tecnología basada en registrar la actividad eléctrica del cuero cabelludo. A la postre, este sistema sirvió para declararla culpable. Entonces, Rissman pensó que estas técnicas debían ser aplicadas con mayor rigor y se puso a investigar.

Comenzó trabajando con voluntarios que examinaban fotografías de caras mientras se hallaban conectadas a un escáner de resonancia magnética funcional. Más tarde, se les volvieron a enseñar esos rostros mezclados con otros nuevos. Mediante un algoritmo informático, los investigadores trataron de discernir variaciones neuronales asociadas con el reconocimiento de esas caras, es decir, si se producía algún cambio en las neuronas cuando veían rostros conocidos respecto a cuando se trataba de otros nuevos.

Según Rissman, fueron capaces de averiguar con cierta fiabilidad –aproximadamente, de un sesenta por ciento– si cada cara era identificada por la persona o no. Pero, cuando es preguntado acerca de si, con este método, se podrá alguna vez leer la memoria de un ser humano, se muestra totalmente escéptico, aunque su respuesta no deja de ser un tanto sorprendente, ya que no lo achaca a la dificultad que ello conlleva, sino a los errores del cerebro para almacenar los recuerdos. En otras palabras, su método es bueno, el que falla es el cerebro. No es precisamente humilde el joven investigador.

Foto del penal de Alcatraz

Tras la investigación se halla el viejo deseo de conocer el pensamiento del delincuente. En la foto, el mítico penal de Alcatraz

Como quiera que sea, en la actualidad, continúa realizando experimentos sobre la memoria en la misma línea. Uno de ellos consiste en comprobar la memoria de los voluntarios en el escáner acerca de hechos de su vida cotidiana. Igualmente, para tratar de distinguir por medio de este instrumento entre los recuerdos verdaderos y falsos, está exponiendo a los voluntarios sucesos similares a sus propias experiencias pero que nunca les han ocurrido a ellos.

En suma, como decíamos, se trata de una vía de investigación interesante pero aún totalmente incipiente. Si algún día podrá ayudar a las técnicas de investigación y forenses para desentrañar la comisión de un delito, el tiempo lo dirá. De momento, mucho nos tememos que tendrán que seguir usándose las que existen en la actualidad que, por otra parte, han hecho grandes progresos en lo que respecta al análisis científico de pruebas.

Fuentes: Discovermagazine y National Institute on Aging.

Fotos: Cerebro humano: Artlessstacey en Wikimedia | Escáner: Worksafe en Wikimedia | Penal de Alcatraz: Jacobo Tarrío en Flickr.

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