¿Cuáles son los orígenes de la ópera?

La ópera es, hoy día, el género cantado por excelencia de la música clásica. Sus seguidores se cuentan por millones y sus intérpretes son verdaderos ídolos. No obstante, su creación es relativamente reciente: se remonta al siglo XVI en Italia. Aquí explicamos sus orígenes e historia hasta su definitivo asentamiento.

La ópera es, hoy día, el género cantado por excelencia de la música clásica. Cuenta con seguidores en todas las partes del mundo y sus protagonistas son considerados verdaderos ídolos de masas.

No obstante, sus orígenes no son tan lejanos. La primera de la que existe constancia fue compuesta para los esponsales de Francisco de Medici, hijo del Gran Duque de Toscana, en 1579. Aunque obtuvo cierto éxito, los músicos asistentes apreciaron un cierto desajuste entre la parte cantada y la musical.

Foto del Teatro de la Ópera de Viena

Teatro de la Ópera de Viena

Decididos a tomar la cuestión de su mano, crearon una sociedad de la que formaron parte los principales humanistas florentinos. Fruto de ella fue, ya en 1597, la que sí es considerada primera ópera de la historia: Dafne, del músico Jacopo Peri que, desgraciadamente, se ha perdido. No obstante, se conserva otra composición del mismo autor titulada Euridice.

Pero estas creaciones aún tenían mucho de representación escénica y el canto se limitaba casi a la función de coro, más o menos al modo de la tragedia griega clásica.

De esta suerte, la primera ópera en sentido moderno –aún hoy se representa- es el Orfeo, que Claudio Monteverdi compuso para la corte de Mantua. Era, por tanto, un espectáculo para la aristocracia.

Sin embargo, esto no tardaría mucho en cambiar. En 1637, se instaura en Venecia, por vez primera, la temporada operística sustentada por la venta de entradas. Allí representaría Monteverdi sus últimas obras e influiría en quién fue su principal discípulo, Francesco Cavalli.

Pero pronto surgirían las primeras disputas entre puristas y heterodoxos. Estos últimos combinaban la música cantada con la comedia y los primeros defendían que el género debía circunscribirse solamente a la tragedia.

Finalmente, éstos terminarían por imponerse y la ópera cómica –denominada ‘buffa’– tan sólo continuaría existiendo en Francia. A la definitiva consolidación del género como espectáculo culto contribuirían los grandes compositores del siglo XVIII como Vivaldi, Scarlatti y, sobre todo, Wolfgang Amadeus Mozart.

Precisamente, con éste se inicia la vertiente alemana de la ópera con sus llamados ‘singspiele’. Tras él, vendrían Beethoven y, sobre todo, el máximo exponente del género en esta lengua: Richard Wagner, que se inspiró para sus creaciones en la mitología germánica.

Aún todavía llegarían nuevos autores que perfeccionaron la ópera. Los principales son los incluidos en el movimiento del ‘bel canto’, que no eran otros que los italianos Rossini, Bellini o Donizetti. Y, sobre todo, Giuseppe Verdi, que aportaría al género un vigor hasta entonces no alcanzado.

Son éstos últimos –Wagner y los italianos– probablemente los grandes maestros del género operístico. Otros músicos han alcanzado mayor calidad en otro tipo de composiciones –como olvidar a Beethoven– pero, si de ópera se trata, nadie los ha igualado.

Fuente: Educa.

Foto: Teatro de la Ópera de Viena: Infraredhorsebite en Flickr.

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