“El criminal siempre deja algo de él en el lugar del crimen”

La escena de un crimen es siempre una incógnita… salvo para unos cuantos. La policía cuentífica cuenta con una tecnología y unos métodos capaces de extraer la identidad de un individuo a través del más sencillo indicio. En esta entrevista, el periodista y criminalista Moisés Peñalver nos desvela algunos de los secretos mejor guardados del CSI español. ¿Sabías, por ejemplo, que si tienes caspa no puedes ser un asesino?


  • A partir del análisis de ADN, ha habido un antes y un después brutal.
  • Hay una cosa que no está relacionada con la técnica, que es cómo tratas a la víctima
  • Antes nos interesaba saber quién era el asesino y ahora nos interesa más saber cómo se ha hecho el proceso.

Parece que fue el destino quien llevó al periodista Moisés Peñalver a sumergirse profesional y personalmente en el entramado de los crímenes por resolver. O puede que ya estuviese predispuesto a ello: “Yo hacía el cierre del periódico, así que entraba a las ocho de la noche y salía a las dos o a las tres de la madrugada. Siempre iba a cenar a un sitio de carretera donde iban todos los policías. Y el director del periódico pensó que yo podía hacer la sección de sucesos”. Dos libros, El CSI español (Belacqva, 2004) y 100 maneres de descobrir un crim (100 maneras de descubrir un crimen, Cossetània, 2009) y una sección radiofónica en RAC1, dan buena cuenta de su pasión. Y es que Peñalver, cuando habla de muertos, es generoso en detalles y anécdotas. No en vano, su acercamiento al crimen se da desde una triple perspectiva: la del escritor, la del periodista… y la del criminalista.

Eres diplomado en Criminalística con un posgrado de Infoanálisis y Técnicas avanzadas en Ciencias Forenses ¿A qué se debe esta afición?
Ya sabes lo que es el periodismo, saber un poco de todo y no saber mucho de nada. Estuve trabajando en Algeciras, en un periódico, donde había mucho tráfico de personas y drogas. En el Canarias 7, donde había movimiento de inmigración, mucho accidente de tráfico. Estuve trabajando en el Diari de Tarragona donde me asignaron hacer información de tribunales. Cada día yendo a comisaría, a la fiscalía, a la audiencia provincial, tratando con policías durante diez años… eso hizo que tuviera una cierta base policial y de investigación. Tras estar con Buenafuente en El Terrat, la revista Playboy me pidió que escribiese sobre temas policiales, así que empecé de nuevo. Cada vez que alguien me llamaba era por un tema policial, así que pensé en especializarme en algo de todo lo que había tocado esos años. Hice un posgrado que se llama Criminalística y estudié algo de Criminología en la UOC. Más que nada para formarme con la finalidad de escribir sobre el tema. Estando en la revista Playboy me llamó una editorial y me sugirió un libro, que era El CSI Español. Y así me volqué en formarme en las técnicas policiales.

Tras esa experiencia con El CSI Español ¿crees que en España existen buenos profesionales? ¿Tenemos algo que envidiar a otros países?
La policía científica española tiene todos los medios que vemos nosotros en la televisión americana. Yo he estado en Las Vegas, en Nueva York, en Los Ángeles y el CSI americano es lo mismo que el nuestro. Lo que ocurre es que la administración americana tiene más medios, tiene más presupuesto, tiene más crimen. El tanto por ciento de asesinatos que hay en Barcelona, comparado con un Méjico, con un Las Vegas o un Los Ángeles, es de risa. Aquí puede haber un índice de 30 asesinatos por año, y allí puede haber 3.000.

Ficha Técnica
Ficha técnica: Nombre: Moisés Peñalver.
Fecha y lugar de nacicimiento: Jerez de la Frontera, 1961.
Profesión: periodista, escritor y criminalista diplomado.
Publicaciones: El CSI español, Putas a la fuerza, 100 maneres de descobrir un crim.
Página web: csiespanol.com

Cada vez conocemos más acerca de la investigación científica gracias a la ficción televisiva, pero ¿es cierto todo lo que vemos?
La ficción lo que ha hecho con la policía científica es ponerle color, ponerle velocidad. Por ejemplo, cuando hice el libro fui a la Comisaría General de la Policía Científica del Cuerpo Nacional de Policía, en Madrid, y estuve viendo cómo hacían las pruebas de ADN. Allí se tarda tres o cuatro meses en hacer un análisis de ADN. Paralelamente estaban emitiendo CSI en televisión, donde tardan diez minutos.

Pero en las películas parece que la tecnología no conoce límites.
Curiosamente me llamó Isabel Gemio, de Onda Cero, cuando quemaron el edificio Windsor. Me preguntaba si en una imagen de una ventana, donde aparecen dos siluetas de los presuntos pirómanos, podemos saber quiénes son. Ampliándolo, como lo vemos en la tele. Hombre no, hay una cosa que se llama píxel, y de aquí no puedes pasar. Si tienes una resolución, esa resolución no la puedes ampliar más. ¿Qué hace el CSI? Complementar en la televisión esa fase a la que tú no llegarías. Ellos van siempre a 200 por hora.

¿A qué cree que se debe la proliferación de series y programas relacionados con la medicina forense y la investigación científica?
La sociedad consumidora de ficción policial ha tenido un cambio. Antes había una pasión por las persecuciones, las peleas, las pistolas y los disparos. Nos interesaba más saber quién era el asesino y ahora nos interesa más saber cómo se ha hecho el proceso. Creo que forma parte de una culturización de la sociedad. Ya no vamos tanto a garrotazos, ya no somos tan como las películas de Terence Hill y Bud Spencer, de reírnos de puñetazos. Hemos pasado a querer participar un poco más de la ficción, participar activamente. Hay un juego en la policía científica que es la hipótesis. Es decir, estar en una escena del crimen y extraer una hipótesis de lo que puede haber sucedido allí. Y a ver quién es el más listo, el que lo saca antes. Ahora somos menos Charlot y un poquito más Agatha Christie.

En tu sección radiofónica en RAC1 juegas precisamente a ser Agatha Christie. El crimen es como un rompecabezas para los oyentes…
Esto es una prueba casi sociológica que me propusieron hacer y que no se exactamente el éxito que tiene. Quisimos saber si la gente respondía a la llamada de proponerles directamente que fueran policías científicos. Para eso se pone un regalo como un masaje, un lote de libros míos… Claro, descubrimos que hay mucha gente que llama para el masaje. Esta sección de radio la voy a volcar en un libro que se llamará Crims sense resoldre (Crímenes sin resolver). Añadiré algunos elementos más con la intención de saber hasta qué punto la gente quiere participar o tiene interés en la resolución de los crímenes. Lo haré de una forma novedosa, pondré mi Facebook al servicio de los lectores, crearé un Twitter o un microsite, o un blog… Sea donde sea, quiero tener un feedback con el que lea el caso y darle pistas, que me diga sus apreciaciones. Para jugar un poco a detectives. Creo que no se ha hecho nunca, esperemos que tenga éxito.

La importancia de una huella

La Criminología es una de las asignaturas que conforman la carrera de Derecho y se dedica a estudiar el entorno social del crimen: la infancia, la falta de cultura, la sociedad. Todos aquellos factores sociopsicológicos que pueden incidir en la formación de un asesino. El criminólogo es un psicólogo del crimen. El criminalista, por el contrario, es un hombre de ciencia, es el de la hipótesis, el de los indicios, el de las huellas. Es, en definitiva, un Gil Grisson de CSI: Las Vegas. Ante un criminalista, más vale andarse con cuidado… ellos son capaces de descubrir tu identidad con una simple mota de caspa.

Yo tengo una frase que me caracteriza: si tienes caspa no puedes ser un asesino, dice Moisés Peñalver. Si tienes cualquier resto orgánico de una persona, puedes obtener el ADN. Tú tocas una Coca Cola y ya está. El criminal siempre deja algo de él en el lugar del crimen y se lleva algo de ahí con él. La sangre, las huellas dactilares, las del pie, los cabellos, la marca de una herramienta en la pared. Todo vale a la hora de encontrar al culpable porque las pistas siempre nos llevan a alguna parte. De hecho, la policía española es una de las mejores del mundo en cuanto a descubrimientos a través de indicios y pruebas.

La Guardia Civil tiene un récord europeo en hits, que le llaman ellos, que son aciertos a través del descubrimiento por balística. Yo he entrado en una sala donde hay una especie de ordenador con dos pantallas, donde introducen un casquillo de bala cogido del suelo de un banco, en un atraco. La impresora saca directamente diez sospechosos solo con el casquillo. Después, cuando ya tienen a los diez sospechosos, es fácil descartar mediante otras variables. Esta máquina se llama Ibis.

Tu nuevo libro será como una investigación real: un simple error y el culpable puede ser descubierto.
Creo que la ficción tipo CSI da mucho pie a que cada uno se monte su película. Es como leer un libro, cada uno se monta su fantasía. Tú estas ahí con la novia, el suegro y el otro diciendo “ha sido este, no que ha sido el otro”. Cuando mataron de un disparo a un empresario barcelonés, si su asesino huyendo tocó una farola, si ha cometido el error de quitarse una prenda y echarla a un contenedor cercano… ya está. Las calles están llenas de cámaras, todo el mundo tiene móviles que hacen vídeo. Hoy en día, cometer un delito y que no te pillen es algo muy complicado.

Y más con libros como el tuyo, donde puedes leer todo lo que no se debe hacer.
Había una queja entre los fiscales ingleses sobre las series de televisión, porque decían que estaban explicando cómo son las técnicas para descubrir a un delincuente. Y yo digo ¿y no es mejor decirles que tenemos una cantidad bestial de elementos para descubrirles? Yo quise estudiar sobre criminalística porque además de ser interesante y bonito, hay mucha biología, mucha química, también puedes ver autopsias en directo… Hay cosas realmente sorprendentes, como el pasaporte vocal. En las amenazas que se hacen por teléfono, con una grabación, se puede hacer una medición de las vocales y numerarlas. Puedes decir, este señor habla con las íes del número tres. Es alucinante la cantidad de cosas que se pueden hacer. Con un papel en blanco, los billetes falsos, la documentoscopia. La policía científica coge ese portátil que tienes ahí, lo embadurna con una especie de vapor de pegamento, lo calienta en un horno, apaga las luces, enchufa una luz amarilla y está todo lleno de huellas. Lo mismo en matrículas y ceniceros. La huella la llevan al Servicio Automático de Identificación Dactilar (SAID), la meten allí y dicen, este señor es este. Está todo muy regulado y no es extraño que la policía española reciba a policías de otros países para formarlos, sobre todo de Sudamérica.

¿Cómo tiene que ser un policía científico?
Tenemos una policía científica magnifica. Por ponerte un ejemplo, te hablo de los retratos robot. Se pueden hacer a través de un ordenador o a través de una especie de cartulinas en las que cambias los ojos y las narices. Pero claro, hay una cosa que no está relacionada con la técnica, que es cómo tratas a la víctima de una violación para hacer un retrato robot. O a una víctima a la que le han matado a su marido de un disparo y está en un estado de shock. Hay que saber las cosas en el menor tiempo posible, y tener la delicadeza y la rapidez suficiente porque llega un momento en el que el testigo se bloquea o llora. Dentro de la policía los hay buenos, malos y peores. Con buenas o malas hipótesis. En definitiva se trata de un arte que tiene cada uno, una intuición. Sobre todo, son personas con mucha paciencia y con una dote especial de intuición.

¿Puedes ponernos un ejemplo de ese instinto policial del que hablas?
Por ejemplo, en el asesinato de un señor que se llamaba Lorenzo Solbes en Lérida se aportaba como muestra un milímetro de ceniza. Dentro de ese milímetro de ceniza había una microfibra y esa microfibra era de un carné de identidad. Un policía dijo: el asesino le pegó a la víctima un puñetazo en la nariz, lo mató, cogió su DNI y lo tiró al fuego. Pues bueno, este hombre cogió el fuego y fue milímetro a milímetro, micra a micra, hasta encontrar una gotita de plástico minúscula. Dentro de la gotita había una microfibra. Se pidió a la fábrica de Modeda y Timbre un carné, se quemó este carné y se comparó. Y no era lo mismo porque el carné de la víctima era nuevo y el que aportó Moneda y Timbre era de los antiguos. Pero el policía dijo que tenía que ser un carné porque había una microfibra, y esto no es normal en los papeles. Se pidió un carné nuevo, se quemó, se compararon las dos microfibras y esa fue la prueba para incriminar al asesino.

Tienes razón, cometer un crimen hoy en día no es tan fácil…
Yo estoy convencido de que un tanto por ciento muy elevado de casos, y sobre todo a partir de ahora con el tema del ADN, ha habido un antes y un después brutal. Un tío en Estados Unidos que tiene un programa de televisión pidió a las familias de gente que estuviera en la cárcel por asesinato o en el corredor de la muerte, que le aportasen detalles del caso si pensaban realmente que era inocente, y aplicó las pruebas del ADN. Creo que sacó de la cárcel como a 200 personas. Es decir, más del 50% de los casos juzgados hasta ahora podrían dar un resultado diferente al que han dado si se aplicasen las técnicas actuales. Pero esto es sólo el principio. A partir de ahora el futuro de la policía científica será el estudio de los restos orgánicos mínimos que están en contacto con una superficie.

Via: Insólito

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