Tener un novio biólogo molecular es poco romántico

Aunque suene a tópico, muchos científicos viven encerrados en sus investigaciones y son muy despistados. Por ello, no pueden estar pendientes de los detalles con su pareja. O, al menos, eso parece a tenor de la historia de George Streisinger y Lotte Sielman.

Foto de Munich

Una vista de Munich, ciudad natal de Lotte Sielman

Es de sobra conocida la fama que tienen los científicos de ser personas absorbidas por su trabajo, distraídas y que, ante cualquier indicio de un hallazgo, son capaces de dejar plantado a cualquiera. Este tópico no es siempre cierto pero, en cualquier caso y a la vista de lo que nos disponemos a contar en este artículo, parece evidente que es poco romántico tener por novio o novia a uno de ellos, concretamente a un biólogo molecular.

George Streisinger (Budapest, 1927-1984) fue un extraordinario investigador, pionero en el estudio de la genética de los virus y en la clonación de vertebrados, que trabajó toda su vida en la Universidad de Oregón.

Pero retrocedamos en el tiempo y situémonos en la década de 1940. Una joven llamada Lotte Sielman se encuentra en una clase de biología de la Universidad de Cornell. El profesor explica el apasionante tema de la genética de la mosca de la fruta.

De repente, se interrumpe y dice: «tenemos un alumno que ya ha publicado estudios sobre el tema. George Streisinger, ¿dónde está?». Nadie contesta –todavía estaba en la cama-, pero Lotte se da cuenta de que se trata del compañero de piso de su novio. Se lo había presentado como un chiflado pero a ella no se lo parecía.


Tan es así que la joven abandonó a su pareja y comenzó a salir con Streisinger. Probablemente no sabía que con ello tendría que olvidarse de cualquier atisbo de romanticismo. Veamos unas breves muestras.

Durante un verano, Lotte se fue a Colorado para pasar las vacaciones en familia. Como su amante novio deseaba hacerle un regalo, le envió unos plátanos y unas probetas de laboratorio para que le cazase moscas de la fruta, en cuya investigación continuaba trabajando.

Foto de la entrada al recinto de la Universidad de Cornell

Cartel a la entrada de la Universidad de Cornell, donde se conoció la pareja

Claro que Lotte ya debería estar advertida, puesto que en sus primeras citas, cuando comenzaban a salir, tras asistir a un concierto o dar paseos por el parque –que el investigador aprovechaba para observar los pájaros-, el día solía terminar con una actividad un tanto lúbrica, pero no en el sentido que podríamos sospechar. Dejemos que lo cuente ella misma: «George me llevaba a una charca cercana para que observara los rituales de apareamiento de ranas y salamandras».

El hecho es que, finalmente, se casaron y Streisinger continuó trabajando en sus experimentos. Desconocemos lo felices o desgraciados que hayan sido. Pero, desde luego, Lotte no podrá decir que no estaba advertida. Y es que, aunque sea un tanto tópico, muchos científicos son realmente así, viven concentrados en sus investigaciones y pocos les ganan a despistados.

Fuente: Historias de la Ciencia.
Fotos: Munich: Moon Soleil en Flickr | Cartel de entrada a la Universidad de Cornell: Marc_Smith en Flickr.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...