¿Qué origen tiene el término ‘cotilla’?

Los chismorreos son uno de nuestros temas favoritos en las reuniones sociales.

cotilla

Ser cotillas nos viene incorporado por naturaleza

Cotilla, chismoso, correveidile, alcahuete, chafardero o fisgón. Podemos llamarlo como de diferentes maneras pero el verbo es común: cotillear. Desde el boca a boca a las redes sociales, cada vez es más fácil la labor del chismoso. Sabemos que existen muchos, e incluso nosotros lo somos continuamente, pero ¿de dónde viene el termino primario ‘cotilla’?

Retrocediendo al siglo XVIII, encontramos el origen de esta palabra de una mujer llamada María de la Trinidad. Esta señora vivió en España durante el reinado de Fernando VII, y se la conoce con el apodo de ‘la Tía Cotilla’. Fanática de la política,  lideró una banda criminal y estuvo implicada en varios asesinatos en 1835. María de la Trinidad tenía un fuerte carácter y era bastante grosera, además tendía a meterse en todo y a murmurar de los demás, a esa actitud se le atribuye el término. Los historiadores no saben bien si el origen de su apodo se debe a su apellido, o al empleo de un tipo de corpiño de la época que se llamaba cotilla.

Desde entonces el término se extendió con el ‘tía’ delante, para calificar a mujeres metomentodo que les encantaba hurgar en la vida de los demás. Aunque el espíritu cotilla es muy frecuente en la sociedad, hay extremos que dan verdadero miedo. La llamada prensa rosa o prensa del corazón vive por y para los chismes, así como los programas televisivos de la misma índole. Ya no se asocia solo a los corrillos de amigas, sino que, como decíamos antes, gracias a Facebook o Twitter es posible averiguar qué hace, con quien y dónde está esa persona que tanto nos interesa. La famosa serie estadounidense Gossip Girl (chica cotilla) ha logrado el máximo exponente a nivel de cotilleos, el argumento se basa en la vida de adolescentes controlada y observada por una invisible ‘reina cotilla’ que no se pierde ni una. Una trama que tiene el chisme como base argumental.

Los cotilleos son realmente peligrosos, pues se ha demostrado que los chismes modifican la manera en la que miramos a las personas, y además se incrementa nuestro interés por tal persona si hemos escuchado algo sobre ella. Según los científicos de la Universidad del Noroeste de Boston, en Estados Unidos, se puede decir que nuestro cerebro presta más atención a los cotilleos que a cualquier otra cosa.

Ninguno estamos a salvo de los cotilleos, pero es que realmente nos encantan, es casi hasta una necesidad natural. El café con los amigos no es igual sin un chisme nuevo, y María Moliner lo cerciora en su diccionario. La filóloga define el término «cotillear» como una necesidad primitiva esencial para nuestro bienestar mental , físico y social.

Vía / Muy Interesante

Foto / woodleywonderworks

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