Reflexiones sobre la Revolución Industrial

Podemos entender la Primera y la Segunda Revolución Industrial como fenómenos independientes, atendiendo a que se utilizaron diferentes materias primas, diferentes fuentes de energía y se potenciaron diferentes sectores industriales.

locomotora

Hoy rescatamos una de las revoluciones más importantes de la Historia: la Revolución Industrial. Con anterioridad, en este blog ya se había escrito algo sobre ella. Concretamente, se habían explicado las diferencias entre la Primera Revolución Industrial y la Segunda Revolución Industrial. Sin embargo, en esa ocasión quisiera cuestionar la existencia de estas dos revoluciones por separado y plantear a los lectores si no fueron, más bien, dos etapas de un mismo proceso revolucionario. En realidad, ambos planteamientos son correctos, lo único que debemos tener en cuenta es la perspectiva desde la que se observe. O mejor dicho, dependiendo de si entendemos la Revolución Industrial como una evolución acelerada que se prolonga a lo largo del tiempo o como un fenómeno repentino, consideraremos estas dos revoluciones como parte de una misma cosa o como dos procesos totalmente independientes.

Si entendemos ambas revoluciones como acontecimientos separados, hemos de delimitarlos en el tiempo. Así pues, la Primera Revolución Industrial tendría lugar entre 1780 y 1870, mientras que la Segunda Revolución Industrial ocurriría entre 1870 y 1945. Dejaremos aparte la conocida como Revolución Tecnológica o Tercera Revolución Industrial, iniciada tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Además, ambos procesos se caracterizarían por elementos singulares. Así pues, si la Primera Revolución Industrial tuvo en el sector textil y siderúrgico a las principales industrias beneficiadas del crecimiento económico, la Segunda Revolución Industrial se basó en la industria eléctrica y la industria química, principalmente. En cuanto a las fuentes de energía, tampoco fueron las mismas las que se utilizaron en un momento y en otro. El vapor y la hulla que pusieron en marcha los sectores textil y siderúrgico poco tienen que ver con la electricidad y el petróleo características de la Segunda Revolución Industrial. Todo esto por no hablar de otras diferencias notables entre ambos procesos, como los métodos de trabajo.

Sin embargo, también nos podemos poner en otra posición en la que consideremos ambas revoluciones como parte de un todo. Esta idea se basa en el hecho de que lo que caracterizó a la Primera Revolución Industrial no desapareció, sino que impulsó lo que sucedió a partir de 1870. Además, el crecimiento económico que se experimentó hasta esa fecha continuó sin pausa. Es decir, entre un momento y otro no hubo una crisis económica que diferenciase ambos fenómenos. Es quizás este argumento el que mejor sostiene la tesis de que nos encontramos ante un mismo proceso revolucionario. Al menos da que pensar.

Foto: Alvaro Hernández

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