¿Quién inventó el fidget spinner?

El fidget spinner, uno de los juguetes más exitosos de los últimos tiempos, tiene un origen complicado que dificulta saber quién lo ideó.

La historia de la invención el fidget spinner es una de esas que crean debate y que, al mismo tiempo, reflejan lo complicada que puede llegar a ser la vida de un inventor. El primer modelo de spinner se inventó a inicios de los años 90, cuando su creadora, Catherine Hettinger, estaba pasando una enfermedad en la que sus músculos sufrían debilidad, lo que le impedía poder jugar con su joven hija.

Debido a la situación, comenzó a utilizar papel de periódico y distintos objetos, así como cinta, para intentar crear alguna cosa que le gustara a su hija. Cuando dio forma a un objeto giratorio, su hija lo comenzó a utilizar de una manera distinta a la que ella había pensado. Y así nació el spinner. Por supuesto, Catherine hizo el registro de la patente.

En el año 1997 registró el juguete y comenzó a intentar sacarle partido de una manera comercial. Tuvo reuniones y varios intentos de rentabilizarlo e incluso llegó a estar en negociaciones intensas con Hasbro, que mostró interés en el producto que había creado. Su spinner, eso sí, era totalmente distinto, pero tenía un espacio interior en el centro donde poner el dedo para que girase.

No se sabe bien por qué motivo, pero Hasbro decidió dejar pasar la oportunidad de comprar la licencia que tenía patentada la inventora. Con el paso de los años, lo que hizo Catherine fue ir por distintas ferias y eventos en los que vendía spinners fabricados a mano por ella misma. Vendió unos cuantos, pero nada tan sorprendente como para que le cambiase la vida.

En el año 2005, no obstante, los apuros económicos por los que estaba pasando Catherine, la llevaron a tener que tomar una decisión drástica: no volver a renovar la patente del spinner. Eso significa que dejaría de tener la propiedad de la misma y que el invento se quedaría expuesto a que otras personas pudieran llegar a hacer una patente posterior que se hiciera con el control del mismo.

No tardó demasiado tiempo en aparecer otro spinner, este más parecido al que se ha acabado convirtiendo en un producto de moda en el mundo entero. En este caso, sus creadores fueron Scott McCoskery y Paul de Herrera, quienes comenzaron a venderlo como un juguete de alta gama con un coste muy superior a lo que la mayor parte del mundo llegaría a pagar por un spinner. En cuanto el producto se hizo famoso, las copias chinas de bajo precio llenaron rápidamente el mercado y estos inventores cuentan cómo significó la principal amenaza con la que se han encontrado.

Pero, si miramos más atrás, podemos encontrar una patente de 1892 que muestra un juguete tipo spinner que se parece mucho más de lo que se podría imaginar al modelo actual estandarizado. Esto complica mucho más la búsqueda del origen del spinner original y la tarea de darle su invención a una persona determinada. Las reacciones entre quienes lo tuvieron en la mano y lo dejaron pasar o no consiguieron sacarle el partido que podrían, son variadas. Catherine habla de cómo habría cambiado su vida y le habría permitido salir de una vida con poco dinero y con dificultades económicas. El equipo de McCoskery y de Herrera sigue defendiendo su producto y su enfoque a un público con más presupuesto.

Mientras tanto, expertos explican que el spinner ya se ha convertido en un artículo estandarizado y de dominio público, como podría ser un juguete como una pelota. Al mismo tiempo, aunque su popularidad sigue estando activa, la moda del spinner pasó hace tiempo y se apagó con mayor velocidad de lo que ha ocurrido en otros casos. En parte porque muchos colegios los prohibieron y porque, quizá, le faltó una campaña promocional más sólida o una entidad detrás del artículo que ayudara a que se convirtiera en un juguete no solo de moda, sino que encajara mejor en el mercado.

Como explica Catherine, lo que le ocurrió con el spinner es una lección que ella misma aprendió y que otros muchos inventores también pueden usar como aprendizaje. No es, no obstante, algo que no hubiera ocurrido antes. En la historia hay muchos casos de inventores que no llegaron a vivir de sus creaciones por mucho que estas se transformaran en productos de gran éxito dotados de una alta demanda. Es, por ejemplo, lo que le pasó a Shane Chen, el inventor del hoverboard.

Aunque Chen tuvo la patente, esto no evitó que las fábricas chinas lo copiaran de forma desmesurada y que llenaran las tiendas de productos mucho más baratos que el suyo contra los que no podía competir. Cuenta Chen que incluso, en un viaje a China, los responsables de esas fábricas le agradecieron que hubiera tenido la idea. Él, positivo, recuerda que la mayoría de los inventores de la historia no se hicieron ricos, sino que otros, con sus invenciones, lo hicieron.

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