¿Quién fue Raymond Robinson, el hombre verde?

¿Quién fue Raymond Robinson y por qué le conocieron como el hombre verde? Su historia sorprende, pero su leyenda urbana es aún más terrorífica.

Las imágenes que ilustran este artículo podrían resultar inquietantes, por lo que se recomienda verlas solo en caso de estar preparados para ello.

Entre las leyendas urbanas hay historias que hablan de fantasmas, de hombres del saco, de peligros y de terribles apariciones. Algunas de basan en rumores o historias que pasan de boca a boca, mientras que otras se inspiran en sucesos o personas totalmente reales cuya verdad se ha retorcido hasta llegar a la leyenda. La historia del hombre verde, más conocido como Raymond Robinson, es una de ellas. Pero lo cierto es que profundizando en su origen y entendiendo cómo se produjo la leyenda urbana a su alrededor, lo único que podemos sentir es lástima y pena por su protagonista.

Raymond Robinson tenía solo 9 años cuando sufrió un terrible accidente. Estaba trepando por un poste por el que había instaladas redes eléctricas de alto voltaje. La zona era peligrosa y es posible que los padres de Raymond se lo hubieran advertido, porque un año antes había fallecido un niño llamado Howard Littell haciendo algo parecido.

Eso no impidió que trepara por el poste porque tenía la intención de llegar al nido de un pájaro que había visto desde el suelo. La electricidad y la caída dejaron a Robinson en un estado tan dramático que ninguno de los doctores que se ocuparon de atenderle después de lo ocurrido pensó que habría esperanza para él. En lugar de ello, pensaban que su fallecimiento era cuestión de horas y que, hasta entonces, deberían tratarle como pudieran intentando reconstruir todo lo que se había destrozado en la caída.

Pero, para sorpresa de todos, Robinson sobrevivió. Desgraciadamente, los médicos no pudieron hacer tanto por él como le hubiera gustado. Quedó desfigurado. Perdió la nariz, cuyo espacio pasó a tener un hueco notable. Perdió sus dos ojos, el brazo derecho, su boca nunca volvió a ser normal y una de sus orejas también quedó gravemente dañada. Eso ocurrió en 1919, pero Robinson se negó a tirar la toalla y vivió una vida larga hasta el año 1985, cuando ya tenía 74 años.

En el momento de su recuperación milagrosa en el hospital, los periódicos publicaron una pequeña crónica en el periódico informando de su accidente, de los daños que había sufrido y de cómo, después de que le preguntaran cómo se encontraba, el chico mostró un buen estado de humor. Eso sí, no quiso hablar del accidente. Con el paso de los años, Robinson, que era hijo de una mujer viuda, Anna Robinson, se ajustó a la nueva vida que debía tener en la casa familiar de Beaver Falls.

La historia real de Raymond Robinson

Como era de imaginar, Robinson no tuvo una vida normal. Sufrió mucho, pero a su favor tuvo la presencia y apoyo de su familia, que siempre se mantuvo a su lado. Tenía la suerte de contar con una familia numerosa que no le dio de lado y, entre otros, le enseñaron un oficio. Con práctica y tesón, Raymond aprendió a fabricar cartas, cinturones y felpudos. Algunos de los miembros de su familia también trabajaban en ello y, entre todos, sacaron adelante un negocio doméstico que les permitía sobrevivir.

El comportamiento de Raymond, dentro de lo complicada que era su vida, intentaba ser lo más normal posible. No obstante, prefería no salir a la calle durante el día, puesto que con tanta luz siempre generaba reacciones muy poco agradables entre quienes le veían. Todo cambiaba cuando llegaba la noche, momento en el cual sí disfrutaba saliendo al exterior bajo el amparo de la oscuridad. Principalmente tenía la costumbre de recorrer la ruta 351, algo que sus vecinos y otros curiosos no tardaron en descubrir.

Eso derivó en que sus paseos comenzaran, en poco tiempo, a estar trufados por los encuentros. Él intentaba evitar a los vecinos, aunque, en ocasiones, no le importaba y se dejaba ver. Contó en distintas ocasiones cómo tuvo algunos encuentros que le hubiera gustado olvidar, principalmente los que estaban protagonizados por personas que se reían de él y le humillaban. Pero también habló de cómo se encontró con mucha gente decente, vecinos curiosos y otras personas que hablaban con él o le pedían hacerse una foto. Él caminaba con su bastón y, cuando se generaba un buen ambiente, aceptaba a las fotos a cambio de cigarrillos o cervezas.

En sus paseos no podía evitar sufrir accidentes. Los coches le golpearon en más de una ocasión, aunque ninguno de estos incidentes le llevó a detener sus paseos. En alguna ocasión jóvenes con malas intenciones le metían dentro de sus coches y luego le abandonaban en lugares lejanos que desconocía, de forma que por su ceguera tenía serios problemas para volver. Solo dejó de caminar por la ruta 351 cuando ya había alcanzado un alto nivel de edad y le resultaba complicado seguir haciéndolo. Llegada la última etapa de su vida, Raymond fue ingresado en el geriátrico de Beaver Country, donde falleció en el año 1985.

La leyenda urbana de Raymond Robinson

El mundo es cruel y sabemos que siempre lo ha sido. Por ello la historia de Raymond Robinson se modificó, se alteró, se contaron versiones de ficción y otro tipo de cuentos de terror con la intención de convertirlo en un personaje que diera miedo a los niños. Se desconoce quién inventó primero las historias falsas que rodean la vida de Robinson, pero lo más probable es que fuera una de esas mismas personas que tuvieron encontronazos crueles con él.

Bajo la versión de ficción se decía que Robinson había sufrido más heridas y problemas que los que realmente llegó a tener, que no eran precisamente pocos. Se dijo que no sufrió daños en un brazo, sino que tuvo los daños en ambos brazos y también en las manos. Una de sus manos, supuestamente, quedó inutilizada, y también se dijo que nunca volvió a caminar de una manera normal. Todo tenía la intención de que la leyenda urbana creciera y que solo mencionar su nombre fuera algo que infundiera miedo en quienes lo escucharan.

Se le dio el sobrenombre de “hombre verde” debido a que, según la historia, la descarga eléctrica que recibió cuando tuvo el accidente de niño llevó a que el color de su piel cambiara. Además, la historia decía que después de haberse quedado solo en la vida, Raymond se había mudado a una antigua casa que había estado abandonada y, desde entonces, se mantenía dentro de ella saliendo lo mínimo posible.

Las leyendas que se generaron a su alrededor contaban cómo el hombre verde, también conocido como “Charlie sin cara”, aterrorizaba a los vecinos de la zona. Pero, por supuesto, nada de eso era cierto. Aunque la leyenda urbana no impedía que mucha gente saliera corriendo cuando le veía, que llamaran a la policía o que reaccionaran con miedo y gritos. Por suerte, la policía ya estaba al tanto de su existencia y siempre tranquilizaban a quienes llamaban para decirles que estuvieran tranquilos, porque Robinson era totalmente inofensivo.

Hoy día la historia real de Raymond Robinson ha quedado eclipsada por la de su leyenda urbana. Y esta sigue de actualidad, ya que incluso en los institutos de la zona se habla de ello como historia de terror local que, a lo largo del tiempo, ha alcanzado un mayor nivel de popularidad. Por suerte para ellos, no parece que el espíritu de Robinson tenga intención de aparecerse, ya que quienes le conocieron siempre afirmaron que él estaba en paz y que era muy buena persona, tanto que no llegaba a entender porque algunos eran malos con él.

Profundizando en las historias y recuerdos de los habitantes de la zona se puede ver con facilidad que Ray fue alguien singular que supo seguir adelante incluso en una situación dramática. Y ayudó a otros, como a un hombre que había perdido a su hermano y que logró mirar adelante gracias a las conversaciones que tuvo con Robinson. Porque esa era su especialidad: hablar. Muchas personas se sentaban con él a beber y descubrían una forma distinta de valorar la vida y de darse cuenta de todo lo que valioso que tenían.

Hay quienes, en entrevistas recientes, han llorado y se han lamentado arrepintiéndose por la forma en la que trataron a Robinson cuando eran adolescentes. La madurez les ha abierto los ojos y los ha llevado a ver la forma en la que esta persona cambió el mundo a su manera.

¿Por qué se le llamaba el hombre verde? Hay varias explicaciones. Una de ellas es el hueco de su nariz, que por estar abierto se infectaba de forma habitual, lo que le dejaba el aspecto verde. La otra es similar, puesto que dice que los focos de las luces de los coches se reflejaban a través del agujero de la nariz y le daban un aspecto de luces de lo más curioso.

Robinson vivió sin rendirse. Aprendía cada día y se adaptaba. Dicen que se sentía muy nervioso cada vez que un coche se paraba a su lado, porque sabía que eso iba a deparar un cambio en su plan nocturno de caminar. Unas veces salía bien, y otras no tanto. Hay quienes le pegaron palizas, otros le dieron botellas de cerveza llenas de orina, tras lo cual Raymond no volvió a aceptar una cerveza abierta. Nunca hizo daño a nadie, pero se rumorea que en su última etapa llevaba una pistola, porque había tenido muy malas experiencias recientes.

Hoy día, en ocasiones, se pueden ver flores en su tumba, la cual se encuentra en el cementerio Grandview de Beaver Falls. Como podéis ver, la leyenda urbana no existe, pero sí que es cierto que nos encontramos ante el perfil de una persona que fue muy especial. Se rumorea que pronto podría haber una película, aunque desconocemos si apostará por ser un film de terror o si será un drama.

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