¿Quién es Lisa McVey?

A los 17 años, Lisa McVey sobrevivió al secuestro por parte de un asesino en serie que la retuvo durante 26 horas en las que abusó de ella.

El nombre y la historia de Lisa McVey quizá te suenen por su película disponible en Netflix. Titulada Believe Me: The Abduction of Lisa McVey, cuenta la historia de la terrible tragedia por la que pasó su protagonista, que sobrevivió al secuestro de un asesino en serie y vivió para ayudar a capturarle. No es una película fácil de ver, al menos la primera mitad, pero se trata de una de esas historias que termina dejando al espectador satisfecho porque todo termina como tiene que terminar.

Lisa McVey es una superviviente que, cuando tenía 17 años, consiguió ser una de las dos únicas víctimas que escaparon de los secuestros que cometió un asesino en serie. Su vida ya era complicada de por sí en esos momentos, ya que tenía una madre alcohólica y drogadicta que no la cuidaba y su abuela, con la que vivía, permitía que su novio abusara de ella.

Un día, cuando estaba volviendo a casa desde su trabajo en una tienda de donuts, un hombre la atrapó, la metió en su coche y la forzó. Luego la llevó con los ojos vendados a su casa, hizo que se duchara y continuó abusando de ella durante 26 horas.

Ella, inteligente e influida por lo que había visto en series de televisión (eran los años 80), dejó huellas en el baño de la casa de su secuestrador y también intentó recordar todo lo que pudo. Analizó su cara con los dedos para ver cómo era su estructura facial, contó los escalones de su edificio y se percató de otros detalles que esperaba que ayudaran a detenerlo si conseguía salir con vida. También adoptó un papel con el cual trató de engañar a su captor para que la dejara libre.

Inventó una historia sobre cómo tenía que ir a casa a cuidar de su padre y le dijo que era hija única. Se ofreció a ser su novia, a estar ahí por él, porque veía que el problema que tenía su secuestrador no era con ella, sino con las mujeres en general. Este, incluso, le confesó que ya había hecho lo mismo con muchas otras mujeres antes. Lisa sabía que tenía que hacer algo para no convertirse solo en otra más de esas mujeres a las que había secuestrado con anterioridad.

Su insistencia la llevó a conseguir que el asesino la soltara. La dejó en medio de la calle y le dijo que le diera a la policía una descripción totalmente distinta a la suya. Pero Lisa fue directamente a su casa contando lo sucedido. El problema, es que nadie la creyó. Eso no impidió que el agente de policía que había estado trabajando en su caso de desaparición hablara con ella. Tampoco la creyó. Llamó a dos agentes especializadas en casos de mujeres jóvenes, y tampoco la creyeron. Por suerte, una de ellas habló con un sargento que estaba buscando a ese asesino en serie, y los cabos se unieron.

La investigación avanzó, a Lisa la llevaron a un centro de acogida para que estuviera protegida y luego sus tíos la adoptaron y le dieron el amor que nunca había tenido. La información que Lisa les dio a los agentes ayudó a que, finalmente, se capturase al secuestrador y asesino. Él mismo reconoció que solo le habían capturado porque cometió el error de dejar viva a Lisa.

Tras el incidente, la vida de Lisa, que tenía en aquel momento 17 años, continuó. Vivió alejada de su madre, a la que encontraron en un fumadero de crack en pésimas condiciones y que rechazó tener ningún tipo de relación con ella. Esa segunda oportunidad que le había dado la vida, Lisa la aprovechó para entrar en la policía. Poco tiempo después, entre a los 20 años, comenzó una relación con un policía al que había conocido en sus prácticas. Tuvieron una hija, pero unos años después, su relación de pareja se rompió.

Siempre le habían perseguido sus demonios y el trauma de lo ocurrido y volcó en su hija todo lo que no le habían dado a ella, cariño y una protección enorme. Ella misma reconocía que posiblemente la había protegido como una gran mamá oso, pero que no dejaría que le pasara nada en la vida. Siguió ascendiendo como policía y pasó a trabajar en el mismo lugar donde el equipo de agentes capturó a su secuestrador. Se convirtió en la persona responsable de ayudar a chicas jóvenes en situaciones como la suya.

En el año 2019 asistió, junto a la otra víctima que sobrevivió, Linda Nuttall, a la ejecución de su secuestrador, Bobby Joe Long, que recibió la inyección letal casi 35 años después de su detención. Lisa estaba satisfecha porque se cerraba el círculo incluso tantas décadas después de cuando tenía que haber ocurrido. Dijo que había perdonado a Long y que ahora se sentía liberada de sus terribles recuerdos. No obstante, deseó que el condenado hubiera abierto los ojos en la ejecución para poder ver que ella estaba en primera fila. No lo hizo. Y cuando le preguntaron si tenía últimas palabras, él solo dijo “no”.

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