¿Qué tipo de relación tenían los actores Gene Wilder y Richard Pryor?

Gene Wilder y Richard Pryor rodaron juntos cuatro películas que les convirtieron en grandes estrellas del cine de comedia.

Gene Wilder y Richard Pryor fueron una de las mejores parejas cómicas de todos los tiempos. En realidad, representaron la primera pareja interracial de su estilo, un tipo de encuadre que más adelante volveríamos a ver en multitud de películas y ocasiones. Ellos, a diferencia de Mel Gibson y Danny Glover, que solo se unieron para la saga Arma letal, encajaron tan bien que volvieron a encontrarse hasta haber rodado juntos un total de cuatro películas.

Fue una de las parejas de moda de Hollywood y un excelente periodo de tiempo para ambos actores. Aún podría haber sido mejor, porque su currículo conjunto, formado por las películas: El expreso de Chicago, Locos de remate, No me chilles, que no te veo y No me mientas, que te creo, debería haberse completado con Entre pillos anda el juego. Esta comedia, que se convirtió en uno de los grandes éxitos de los 80, estuvo escrita originariamente para que la protagonizaran Wilder y Pryor, pero un incidente protagonizado por el segundo, les separó totalmente de la película.

El incidente en cuestión fue que Pryor, en uno de sus arrebatos de locura inducidos por el consumo excesivo de drogas al que se sometía, se pegó fuego así mismo. Por supuesto, el incidente no acabó en mayores, pero fue más que suficiente como para que Hollywood mirara con desconfianza a la que estaba previsto que se convirtiera en la pareja cómica más exitosa de la década. Hasta ese momento habían estrenado El expreso de Chicago y Locos de remate, por lo que su tercera película juntos podría haber sido Entre pillos anda el juego, lo que seguro que los hubiera catapultado al grupo de grandes leyendas.

En su lugar, esa película la protagonizaron Dan Aykroyd y Eddie Murphy, que demostraron que, como actores, estaban en lo más alto de sus carreras. Pero por mucho talento individualizado que tuvieran estos dos intérpretes, carecían de la química de la que gozaban Gene Wilder y Richard Pryor cuando se ponían delante de la cámara.

Después de ese batacazo grabaron No me chilles, que no te veo y No me mientas, que te creo, conocidas en su título original como See No Evil, Hear No Evil y Another You. No tuvieron tanto éxito, aunque la primera de ellas sí se puede decir que es de lo más divertida. Tras esto, ninguno de los dos volvió a protagonizar una película. Richard Pryor ya estaba sufriendo los efectos de la esclerosis múltiple que sufría y que le condenó a una movilidad reducida el resto de su vida, mientras que Gene Wilder no sentía un especial aprecio por Hollywood y el mundo del cine en general.

Wilder había tenido una larga trayectoria y rodado grandes películas, pero su personalidad seria y responsable le alejó de ese tipo de vida alocada de Hollywood con la que nunca llegó a encajar. Por ello, cuando ya no coprotagonizó ninguna cinta con su compañero de fatigas, prefirió retirarse de la primera fila del cine. Le vimos, no obstante, en algunas series y producciones para televisión, pero nada más allá de esto. Por su lado, Pryor apareció en un par de películas más, como en Carretera perdida de David Lynch, pero ya lo hizo con la silla de ruedas motorizada en la que pasó los últimos años de su vida.

Pryor falleció en 2005 a los 65 años. Antes de eso, recordamos visitar su web oficial en multitud de ocasiones y leer esos comentarios que hacía en los que decía cosas como “aún no estoy muerto” y vendía camisetas donde se veía su cara con la frase. Arropado de su familia, tuvo unos últimos años complicados, pero no perdió el humor en ningún momento. Gene Wilder falleció en 2016 a los 83 años como consecuencia del alzhéimer que sufría.

Pero ¿Cómo fue su relación en la realidad? Gracias a Wilder y a la hija de Pryor se ha llegado a saber mucho sobre la relación que llegaron a tener. Se conocieron para el rodaje de El expreso de Chicago, película en la que había una escena realmente delicada entre los dos. En ella, el personaje de Wilder se tenía que pintar la cara de color negro para disimular y que no le atraparan quienes le estaban persiguiendo. El actor le dijo al director de la cinta que el único intérprete con el que creía que podía salir la escena era Pryor, quien ya gozaba de una fama notable en el circuito de la comedia.

Debido a ello, llamaron a Pryor y esa fue la primera vez que coprotagonizaron una cinta. Hay que decir que la primera media hora de El expreso de Chicago está liderada por Wilder en solitario, uniéndose Pryor en la segunda parte del film. Ahí es cuando comienzan a generarse esa excelente reacción química que se producía entre ellos. Justamente, desde la escena del lavabo, aquella en la que Wilder tiene que pintarse la cara de negro, es cuando todo se ve bañado por la carcajada.

Antes de rodar la escena en cuestión, Pryor le dijo a Wilder que estaba muy preocupado. Le dijo “voy a herir a un montón de gente negra grabando esta escena”. Gene le preguntó cómo haría él la escena sin que se ofendiera a nadie y Pryor le explicó que el personaje que descubriese a Wilder con la cara negra en el baño, no tenía que ser blanco como se había escrito, sino negro. El motivo de ello es que el blanco, al entrar en el baño y ver a Wilder con la cara llena de betún bailando con una radio, no pensaría nada raro, porque “sería el comportamiento que se puede esperar de un negro, ¿verdad?”. Eso sería muy ofensivo, tal y como explicó Pryor a su compañero de rodaje.

En lugar de ello, le explicó a Wilder que lo que sería divertido es que, quien entrase al baño, fuera un negro. Y la reacción del negro sería de sorpresa, porque consideraría que, si un blanco se había pintado la cara de esa forma, sería porque sin duda estaría metido en un gravísimo problema (ya que, en su sano juicio, nadie hubiera pensado en hacerlo). Este hombre negro le diría al personaje de Wilder “mira, no quiero saber qué problema tienes, pero tienes que seguir el ritmo”.

Debido a ello, se acercaron al director y le plantearon lo que realmente pasaba con la secuencia. Y el director, Arthur Hiller, que fue también el que les dirigió en No me chilles, que no te veo, les dijo que sin problema, que lo entendía perfectamente. Así fue cómo la escena cambió y cómo el humor de Pryor mejoró ese día.

Mencionaba Wilder en distintos momentos que la primera escena que rodó con Pryor, la del baño, fue una auténtica locura en cuanto a improvisación. Se quedó alucinado porque Pryor empezó con lo que decía el libreto, pero poco después comenzó a improvisar de forma totalmente tronchante, y lo que hizo fue seguirle el hilo como si se tratara de una conversación real totalmente normal. A partir de ese punto, Pryor se convirtió en el maestro de improvisación para Wilder, que poco a poco fue entendiendo lo que necesitaba la comedia cuando trabajaban juntos: que ambos se dejaran llevar.

Con el tiempo volvieron a colaborar. Pero curiosamente, no llegaron a ser amigos íntimos en lo privado. Cuando se reunían trabajaban y si en algún momento quedaban fuera de rodajes, solía ser también para terminar hablando de proyectos o de otro tipo de opciones.

Wilder siempre hablaba de forma muy respetuosa sobre Pryor. Cuando se conocieron por primera vez, ambos aplaudieron el trabajo previo del otro y se manifestaron su admiración mutua. Posteriormente, Wilder siempre consideró a Pryor un talento insuperable, alguien que era capaz de cosas impensables cuando estaba delante de la cámara. Por eso su relación funcionó tan bien. También funcionó porque Wilder lo aguantaba todo. De forma frecuente, Pryor aparecía en los rodajes 20 minutos tarde, 40 minutos, 60 minutos, 2 horas, o lo hacía drogado o hasta arriba de otro tipo de sustancias, como alcohol.

Pero el actor seguía trabajando de manera profesional y comprendía que su compañero tenía problemas y adicciones que, no por ello, le hacían peor persona. Los rodajes continuaban y los éxitos seguían dejándoles en lo más alto. Richard Pryor, aún con sus adicciones, era consciente del gran compañero que había encontrado en Gene Wilder. Tal y como su hija recordaba después de la muerte de ambos actores, Pryor siempre dijo que Wilder era una buena persona y que también resultaba un actor excelente. Los dos congeniaban y esa química se extendía a la pantalla de manera espectacular.

La hija de Pryor mencionó que era verdad que los actores no tenían mucha relación personal. No había ningún problema entre ellos, pero eran personas muy distintas. Decía que Wilder era el típico hombre maduro y responsable, chapado a la antigua y que prefería dedicarse a trabajar y a la cultura. Por su lado, su padre era Richard Pryor, fiestero incombustible que no tenía una vida precisamente sana y que siempre solía ir acompañado de su séquito. Pero eso no impidió que ambos, como indicamos, se respetaran y consiguieran que sus carreras se cerraran de una manera insuperable.

Gene Wilder también mencionó que lo que sentía por Pryor de forma profesional era inexplicable, algo similar a la atracción sexual que pueden sentir dos personas. Reconocía que, a veces, daban ganas de darle un buen puñetazo a Pryor, pero que luego solo te apetecía darle un beso y mimarlo, porque era una gran persona dentro de sus problemas. Esa relación les permitió colaborar, triunfar y pasar a la historia. Hoy día, los dos son leyendas de la comedia.

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