Pautas míticas y rituales del pueblo palestino

El camino hacia la «tierra prometida» aparece plagado, para los hebreos, de acaeceres y sucesos significativamente predictivos.

En los manuscritos más antiguos de la Biblia hebraica, y especialmente en algunos libros del llamado «Antiguo Testamento», se recoge, con todo detalle el sentido ritual y mítico de una sociedad que busca ayuda fuera de sus mismos confines, es decir, en lo trascendente.

Moisés

Moisés

Y, así, en el «Libro del Exodo», se narra la historia de un niño que se libró de la ira del Faraón egipcio, el cual había mandado arrojar al río Nilo a todos los recién nacidos de origen hebreo.

El niño se llamaba Moisés y fue sacado de las aguas del citado río, precisamente por la hija del Faraón. Este había dado una orden: Todo niño que nazca lo echaréis al río; pero a las niñas las dejaréis con vida.

He aquí el relato del nacimiento de Moisés: «Un hombre de la casa de Leví fue a tomar por mujer una hija de Leví«.

Concibió la mujer y dio a luz un hijo; viendo que era hermoso lo tuvo escondido durante tres meses. Pero no pudiendo ocultarlo ya por más tiempo, tomó una cestita de papiro, la calafateó con betún y pez, metió en ella al niño, y la puso entre los juncos, a la orilla del río. La hermana del niño se apostó a lo lejos para ver lo que le pasaba.



Bajó la hija del Faraón a bañarse en el río y mientras sus doncellas se paseaban por la orilla del río, divisó la cestita entre los juncos, y envió una criada suya para que la cogiera. Al abrirla, vio que era un niño que lloraba. Se compadeció de él y exclamó: «Es uno de los niños hebreos». Entonces dijo la hermana a la hija del Faraón: «¿Quieres que yo vaya y llame a una nodriza de entre las hebreas para que te críe este niño?» «Vete le contestó la hija del Faraón. Fue, pues, la joven y llamó a la madre del niño. Y la hija del Faraón le dijo: «Toma este niño y críamelo que yo te pagaré». Tomó la mujer al niño y lo crió. El niño creció, y ella lo llevó entonces a la hija del Faraón, que lo tuvo por hijo, y le llamó Moisés, diciendo: «De las aguas lo he sacado«.

Más tarde, Moisés se hace mayor, y huye al desierto, después de haber golpeado, hasta matarlo, a un egipcio que maltrataba a un hebreo. Allí, muy cerca del monte Horeb, vio la zarza que ardía sin consumirse y, al acercarse para intentar desvelar tan extraño fenómeno oye la palabra de Yahvé que le confía una misión salvífica y profética; ésta consiste en llevar hacia Canaán, es decir, hacia la tierra prometida, al pueblo elegido por Yahvé para que le hiciera objeto único de su culto y adoración. Moisés será el primer profeta efectivo de la historia de la humanidad, y tendrá que conseguir que su pueblo deseche todo ídolo y todo objeto terrenal. Entre Yahvé y Moisés, en representación del pueblo hebreo, se establece una alianza y Yahvé les dice: «No haréis junto a mí dioses de plata, ni os haréis dioses de oro. Hazme un altar de tierra para ofrecer sobre él tus holocaustos y tus sacrificios«.

Para sellar la Alianza recientemente nacida entre Yahvé y el pueblo hebreo, aquél entrega a Moisés, en el monte Sinaí, las dos tablas de piedra en las que aparecen escritos los diez preceptos que todo hombre debe cumplir; de este modo, el primer intermediario e intérprete de la palabra divina ha sido seleccionado de entre los hijos de los hombres y el nombre de Dios, que no debe ser pronunciado, se compondrá de cuatro consonantes, formará un tetragrama en el que se hallen incluidas las vocales de Adonai, que significa «el Señor», para, así, lograr la pronunciación Jehová o Yahvé. Los hebreos guardaban muy en secreto el nombre de su dios pues pensaban que el conocimiento de un nombre sagrado implicaba cierto poder sobre el ser que se designaba de ese modo y, debido a ello, nunca pronunciaban el nombre de Yahvé en presencia de extraños.

Mapa de la región de Canaán

Mapa de la región de Canaán

Los sacerdotes judíos no aceptan la magia bajo ningún aspecto y combaten su existencia entre los llamados pueblos paganos. Sin embargo, a veces utilizaban una especie de dados que se guardaban dentro de un cofrecillo, al cual llamaban «efod», en un intento de captar, o de adivinar, el mandato de ciertos espíritus.

Los manuscritos del Antiguo Testamento muestran la importancia que adquiere la palabra escrita en la Biblia; y las enseñanzas de Moisés se proyectarán entre los profetas, los cuales interpretarán, de forma ética, las pautas rituales de la religión judía.

Entre los profetas más representativos sobresalen Elías y Eliseo, que son los más antiguos y fueron tratados con desprecio por los reyes hebreos debido a su denuncia de la idolatría, la coacción y la hipocresía. También sobresalen Amós, Oseas, Jeremías e Isaías que predicen la destrucción de Jerusalén, entre otras cosas, por lo que no son bien mirados en su tiempo, sus profecías no las aceptan ni el pueblo ni los gobernantes y, a causa de ello, algunos de los profetas citados caen en desgracia y en descrédito. Como, además, atacan al formalismo vacuo que se desarrolla en muchas ceremonias, también obtienen el repudio de la casta sacerdotal.

Se acepta que los profetas son hombres inspirados y que su mensaje tiene origen divino y pueden llegar a él de distintas maneras: por medio de una visión, de una inspiración interior, por medios orales, etc.

El profetismo es un fenómeno típico del pueblo hebreo, ya que el profeta es enviado por Yahvé a Israel para que medie en los conflictos entre El y el pueblo elegido. Yahvé es justo y universal.

Práctica del monoteísmo, es decir, el pueblo de Israel es uno de los primeros en afirmar la existencia de un sólo Dios. Israel sólo reconoce a Yahvé y le procura culto exclusivo.

Se evitaba el contacto con todo lo que era considerado impuro, y entre la población hebrea existían personas que hacían votos de «nazir» o nazareno, las cuales se apartaban («nazareno» significa «separado» o «consagrado») de su familia, se afeitaban la cabeza y se abstenían de beber vino. El rito del «nazir» o del nazareno aparece relatado en el libro de los «Números».

Los profetas critican el boato y la vida regalada de muchos israelitas ricos, deploran los vicios sexuales y rechazan toda actitud vanidosa; bendicen y elogian a los justos y a quienes viven con rectitud y verdad. Piensan que el sufrimiento proviene de los pecados cometidos por los hombres y, a causa de ello, dedican todas sus prédicas y toda su acción a conseguir el arrepentimiento de las gentes.

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