Nuevas ideas revolucionarias y anti absolutistas

El siglo XIX trajo, tras la caída de Napoleón Bonaparte, una serie de movimientos revolucionarios y acontecimientos en distintas partes de Europa que significaron el fin del absolutismo y abrieron la puerta para una distinta forma de Gobierno: la monarquía parlamentaria.

En 1815 concluyó un período de una década en Europa, en la cual Napoleón Bonaparte mantuvo un imperio en gran parte del continente. Ante este suceso, el regreso de las monarquías absolutas parecía inevitable, sin embargo, y gracias a los nuevos aires de revolución y libertad comenzaron a gestarse en distintos lugares grupos que aspiraban a la instauración de otro tipo de sistema de gobierno, basados en la división de poderes y en una constitución.

Tras Napoleón comenzó una nueva etapa en Europa que ya se había comenzado a configurar con la Revolución Francesa

Estas organizaciones operaron, en principio, “bajo las sombras”, estaban en contra del absolutismo y trabajaban en pos del cambio a través de revoluciones liberales a nivel continental.

La más importante de estas sociedades secretas fue, quizás, la de los “carbonarios”, con supuesto origen en Italia y que logró seguidores en toda Europa. Esta organización reunía gente con distintas ideologías pero que compartían de manera unánime una oposición al poder absoluto.

La Carbonería habría participado activamente en las revoluciones de 1820 y 1821 en España, Sicilia y Portugal,  movimientos revulsivos que lograron las sanciones de constituciones liberales.

Guiseppe Mazzini, una figura que mucho hizo por plasmar las nuevas ideas liberales y republicanas

Ya a partir de 1830, y con la aparición del romanticismo, se comenzaron a registrar en distintas partes del continente movimientos nacionalistas que debilitaron la idea de una revolución europea. Fue paradigmática, por caso, la labor de Guissepe Mazzini, fundador de “La Joven Italia”, revista y propuesta política que buscaba aglutinar los diversos estados y reinos para lograr la unión italiana en una República, modelo que luego se expandió a otros países.

Ése mismo año sucedió un acontecimiento en París que daría otra vuelta de página hacia un escenario distinto: el entonces rey Borbón Carlos X fue depuesto y las Cámaras nombraron nuevo rey a Luis Felipe de Orleáns, quien gobernó según los principios de la monarquía constitucional y con apoyo de la burguesía.

Las revoluciones siguieron surgiendo en distintos puntos de Europa y así el Absolutismo comenzó a formar parte de la historia. Todos estos cambios a nivel político –con nuevas monarquías parlamentarias– coincidieron con cambios en la esfera económica y social, y la aristocracia y terratenientes fueron siendo reemplazados por los industriales y banqueros, como los segmentos más importantes de la nueva sociedad que se iba configurando.

Luego vendría la Revolución de 1948, con epicentro también en París, que logró la ampliación del voto (hasta el momento, no era masivo y sólo se reservaba a los propietarios) y causó la huida de Luis Felipe a Londres. Finalmente, se proclamó la Segunda República Francesa. Dentro de los avances destacaron el sufragio universal y la abolición de la esclavitud y de la pena de muerte por motivos políticos.

Fotos Wikimedia 1 y 2

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...