Los primeros viajes en globo y su evolución

Fue el memorable año de 1783 (21 de noviembre) durante el cual el primer aerostato, montgolfiere o globo aerostático de aire caliente despegó e inició una navegación tripulada y «controlada» por el aire.
El aerostato, montgolfiere o globo aerostático de aire caliente no se propulsa, sino que se «dejan llevar» por las corrientes de aire existentes.

Fue el memorable año de 1783 (21 de noviembre) durante el cual el primer aerostato, montgolfiere o globo aerostático de aire caliente despegó e inició una navegación tripulada y «controlada» por el aire. Algunos meses antes, precedidos por los buenos resultados conseguidos por los hermanos Montgolfier, los primeros hombres que consiguieron volar fueron los franceses Francois Pilátre de Rozier y Francois Laurent d’Arlandes.

Francois Pilátre de Rozier y Francois Laurent d’Arlandes volaron sobrevolando París poco más de veinte minutos alcanzando mil metros de altura y cubriendo una distancia de 12 kilómetros. El aerostáto había sido desarrollado por los hermanos Montgolfier: Joseph-Michel (Annonay, Francia, 26 de agosto de 1740- Balaruc les Bains, id., 26 de junio de 1810) y Jacques-Étienne.

El 4 de junio de 1783, hermanos Montgolfier, hicieron la primera demostración pública no tripulada durante la cual hicieron elevarse una bolsa esférica de lino forrada de papel de 11 metros de diámetro, 800 m³ y un peso de cerca de 226 kilogramos. El vuelo de este aerostato no tripulado se extendió durante 2 kilometros y duró cerca de 10 minutos. Alcanzó una altitud de aproximadamente 1600 a 2000 metros

Hasta aquí, lo que ya se conocia. Sin embargo nuevas investigaciones demostraron que el 8 de agosto de 1709, el sacerdote brasileño Bartolomeu de Gusmao llevó a cabo la primera demostración de ascensión aérea en globo de aire caliente no tripulado en la Casa de Indias de Lisboa, ante el rey Juan V de Portugal. Por este acto, Bartolome sería perseguido posteriormente por la Inquisición.



En España la primera ascensión tripulada se lleva a cabo en Aranjuez por el francés Charles Bouche el 6 de junio de 1784 resultando herido al venirse abajo el globo cuando se desarrollaba la ascensión. Sin embargo fue el italiano Vicente Lunardi quien consigue ser el primero en ascender el 12 de agosto de 1792, el hecho se realizó en los jardines del parque del Buen Retiro de Madrid, volando durante una hora hasta la Villa de Daganzo, cerca de Alcalá de Henares.[3] El mismo Lunardi repite ascensión el 8 de enero de 1793, pero esta vez en la localidad madrileña de Aranjuez.

El aerostato, montgolfiere o globo aerostático de aire caliente no se propulsa, sino que se «dejan llevar» por las corrientes de aire existentes. Existen ciertos tipos en los que es posible controlar su elevación. El aire del interior de la montgolfiera se calentaba gracias a un gran fuego de paja que en el caso de Francois Pilátre de Rozier y Francois Laurent d’Arlandes alimentaron durante todo el viaje. Se dice que ambos tripulantes alimentaban con tanto celo el fuego que apenas consiguieron disfrutar de las vistas de París desde lo alto, una visión que se presenataba a los ojos humanos por primera vez en la historia.

El acontecimiento de Pilátre de Rozier y d’Arlandes causó una tremenda impresión en la ciudad de París y en todo el mundo. París donó una medalla de oro a los primeros navegantes del aire.

El primero de los vuelos humanos fue lógicamente precedido de ciertos de ensayos con globos no tripulado. Esto ensayos fueron iniciados por los hermanos Montgolfier en junio del mismo año. En aquella fecha elevaron sobre la plaza de París una enorme montgolfiera.

Tras dos meses de aquel apasionante experimento de los Montgolfier, los parisienses acudian de nuevo en masa a presenciar la partida del primer globo de hidrógeno construido por el físico francés Jacques Charles. Tras soltar las amarras, el aerostato de gas, conocido también como “charlière” inició el vuelo un día de 1783, pocos después de la primera ascensión de la primera montgolfiera.

En diciembre el mismo Charles, acompañado del físico Robert (que había conseguido impermeabilizar la envoltura mediante goma), se elevó en vuelo, llegando a una altura de 3.000 metros y permaneciendo en lo alto durante dos largas horas. El éxito de los vuelos con las montgolfieras y con el globo de hidrógeno llevaron a multiplicar el número de ascensiones y de los tripulantes en Francia y en otras naciones.

La gran excitación pronto dejó paso a las primeras víctimas de la aerostación. La primera de estas fue Pilátre de Rozier, que murió en 1785 junto con su compañero Romain durante el incendio del globo que tripulaban mientras intentaban cruzar por primera vez el canal de la Mancha.

No mucho más tarde, los franceses, Blanchard y Jeffries, intentaron el itinerario y su vuelo alcanzó con tremendo éxito su objetivo. El canal de la Mancha fue sobrevolado muy pronto, tan sólo dos años después de que en el cielo de París se elevara el primer globo.

Sin embargo, a pesar de la gran espectación, el vuelo aerostático de un aparato más ligero que el aire, presentaba serias deficiencias fundamentales. Una de ellas era la imposibilidad de guiarlo, lo que le hacía permanecer a merced a las corrientes de aire y de los imprevisibles golpes de viento.

Este hecho limito en seguida las posibilidades de aprovechamiento comercial del globo.

Sin embargo, por entonces, el globo siguió protagonizando muchas ascensiones con finalidad científica o incluso política. Un ejemplo de este último caso, ocurrió en 1870, cuando parte del Gobierno francés, que se encontraba sitiado en París por las tropas de Guillermo I de Prusia, pudo, tripulando un globo, evitar el asedio y llegar a territorio libre.

Uno de los vuelos más temerarios de la Historia fue el del noruego Andrée, quien en 1897 intentó junto con dos compañeros la travesía del polo Norte. La frágil nave fue arrastrada por los vientos árticos y desapareció. 33 años después se encontraron algunos restos de los desafortunados tripulantes y, entre otros objetos, algunas placas fotográficas que proporcionaron impresionantes testimonios del vuelo y de la caída sobre la superficie helada.

En la otra cara de la moneda, encontramos vuelos memorables como el récord de altura alcanzado en el año 1875 por Tissandier, quien, junto con dos compañeros, alcanzó los 8.600 metros, altitud algo verdaderamente increíble para la época pues sólo había que considerar las serias deficiencias del equipo de aquellos días para darse cuenta de la pericia (¿y temeridad?) de los tripulantes. La ascensión a semejante alturo acabo con dos de los compañeros de Tissandier, Sivel y Croce-Spinelli, por falta de oxígeno.

A pesar de las deficiencias estructurales, el globo ofrecía sin embargo otras grandes posibilidades prácticas. Por ejemplo en 1793 el ejército revolucionario francés lo utilizó como observatorio en el asedio de Maubeuge y pronto todos los ejércitos lo emplearon para operaciones principalmente de vigilancia sobre el terreno. Durante el siglo XIX se crearon unidades militares para la utilización de los globos y durante la primera Guerra Mundial fueron utilizados como observatorios con excelentes resultados, si bien la aviación dejo a estos en un situación de gran vulnerabilidad.

Durante las siguientes décadas prosiguió la búsqueda de una aeronave más ligera que aire y que pudiera ser dirigida en vez de estar sujeta a la dirección del viento así como a las condiciones atmosféricas. El resultado sería otra máquina no menos increíble, el dirigible.

FUENTES GRAFICAS: WikiCommons

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