Los museos como centros para la investigación

El concepto de museo ha evolucionado a lo largo del tiempo. Siempre han tenido un sentido coleccionista, sin embargo, ahora están concebidos transmisores del patrimonio cultural.

En la línea de anteriores post, donde hablábamos de bibliotecas y archivos como centros para la investigación de historiadores, en el artículo de hoy nos centraremos en el último espacio que completa esta trilogía: los museos. Entendemos por museo como aquella institución, pública o privada, que conserva una más o menos amplia colección de objetos para un fin educativo. Sin embargo, este concepto ha ido evolucionando a lo largo de la Historia. Desde la Antigüedad, el hombre ha tenido la necesidad de guardar todos aquellos objetos que le recuerdan su origen con el fin de preservarlos y dotarlos de valor. Este coleccionismo data incluso del segundo milenio antes de Cristo, cuando se produjo el saqueo de Babilonia por parte de los Elamitas, quienes trasladaron a su ciudad los objetos más valiosos exponiéndolos posteriormente.

No obstante, cuando hablamos de museos lo hacemos en el sentido moderno de la palabra. Quizás el Louvre, inaugurado en 1793, tenga mucho que ver con él, ya que sirvió de modelo para los grandes museos nacionales europeos que se construyeron posteriormente. A ellos, hasta hace bien poco, se iba a admirar, como así decía el filósofo catalán Eugeni d’Ors. Hoy, sin embargo, son producto para las masas que los consumen compulsivamente, muchas veces sin saber qué están contemplando. Aún así, creo que ha sido positiva esta popularización de la cultura, pues ha logrado extender el acceso a estos santuarios, que han dejado de ser exclusivos a investigadores. Y es que hasta hace bien poco, para entrar en un museo se requería una autorización o recomendación escrita.

Museos hay de muchos tipos. Es cierto. Los hay de bellas artes (quizás son estos los que más público congregan), de arqueología, de etnografía, de historia, de ciencias naturales… Es, quizá, la especialización de cada uno de ellos lo que nos permite poder utilizarlos como centros de investigación científica. En nuestro campo, el de la historia, los museos poseen objetos que más que tener un valor artístico, tienen un valor por ser documento y reflejo de una sociedad y una cultura del pasado. Por supuesto, esto no quita que dichos elementos también tengan un valor artístico. Faltaría más. No quisiera dejar de lado a los museos nacionales (como el Museo Británico o el Museo de Pérgamo de Berlín, por poner dos ejemplos muy característicos), que sin especializarse en ningún campo nos pueden ser de gran utilidad para el conocimiento del pasado del hombre.

Foto: Manuel Martín Vicente

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...