Los fusilamientos del 3 de mayo

Los fusilamientos del 3 de mayo de 1808, constituyen un destacado acontecimiento histórico en la España ocupada por los franceses. Los hechos fueron retratados por Francisco José de Goya y Lucientes seis años después de los sucesos, en un cuadro que ha sido una de sus más destacadas y famosas obras.

Los fusilamientos del 3 de mayo, son unos acontecimientos consecuencia de el Levantamiento popular del dos de mayo, acaecidos en el año 1808, contra la ocupación francesa de la península ibérica y ante la situación de incertidumbre política que había dejado el Motín de Aranjuez unas semanas antes.

El levantamiento fue reprimido en Madrid por las fuerzas napoleónicas aunque este se extendió por todo el país en el marco de una campaña que clamaba por el enfrentamiento armado contra los franceses y a favor de una España sin la presencia de estos. Estos hechos terminarían desembocando en la Guerra de Independencia Española.

Es necesario remontarse unos meses para entender mejor los hechos que llevaron al levantamiento del 2 de mayo. Para ello, el punto de partida estaría básicamente en la firma del Tratado de Fontainebleau el 27 de octubre de 1807 y la posterior entrada en España de las tropas napoleónicas hacia Portugal. El Motín de Aranjuez el 17 de marzo de 1808, provocado como consecuencia de la derrota en Trafalgar y de la gran inestabilidad en la situación política del país, llevó a que los franceses ocuparan Madrid bajo el mando del general Murat el 23 de marzo, algo que no se había establecido en el Tratado de Fontainebleau.

Un día después, entra en la ciudad de Fernando VII y su padre, Carlos IV. Este último había sido forzado a abdicar en favor del primero. Tanto Fernando como Carlos son llevados ante Napoleón a Bayona, donde se producirán las conocidas como Abdicaciones de Bayona, que dejarán el país en manos del hermano del emperador, José Bonaparte.

Al mismo tiempo, en Madrid se constituye una Junta de Gobierno para la representación del nuevo rey Fernando VII. A pesar de todos los intentos, el poder efectivo quedará en manos del general Murat, que se encargaría de reducir el poder de la junta a un gobierno títere.

Para el 27 de abril se inician los preparativos para trasladar a Bayona a los dos hijos de Fernando VII que quedaban en Madrid, María Luisa, reina de Etruria, y el infante Francisco de Paula. La Junta se niega durante la noche del 1 al 2 de mayo pero Fernando ordena que se permita el traslado de estos.

La muchedumbre probablemente alertada por el hecho, se comienza a concentrar el 2 de mayo de 1808, a primera hora de la mañana, en el Palacio Real. Al ver a los soldados franceses sacar del palacio al infante Francisco de Paula, la gente asalta el palacio al grito “¡Que nos lo llevan!”.
El general Murat se aprovecha de estos incidentes y envía a unos Guardias Imperiales al palacio acompañados de artillería, que utiliza para disparar contra de la multitud. Los hechos a favor de impedir la salida del infante unido con el nuevo deseo de vengar a los caídos, lleva a la multitud a extender la lucha rápidamente por Madrid.

La lucha callejera propago y los madrileños comenzaron así un levantamiento que les traería graves consecuencias. Desprovistos de armas y con escasa capacidad de coordinar sus movimientos y acciones contra Mamelucos y lanceros napoleónicos que extremarían su crueldad con la población. Aún así, la resistencia madrileña consiguió mantener bien ocupado al ejército napoleónico y ocasionarle una buena cantidad de problemas. Los combates se extenderían durante todo el día y varios cientos de madrileños y como soldados franceses, murieron en la lucha. Años después y fruto de estos acontecimientos, Goya realizaría dos grandes cuadros. El primero, la Carga de los Mamelucos y el segundo Los fusilamientos del 3 de mayo.

Poco a poco los resistentes fueron cayendo y apresados. Tras controlar la revuelta, Murat se propuso llevar a cabo una feroz represión. En la tarde del 2 de mayo se firmó un decreto por el que se creaba una comisión militar, con el fin de sentenciar a muerte a todos los que hubiesen sido apresados con armas en la mano. El decreto decía: “Serán arcabuceados todos cuantos durante la rebelión han sido presos con armas”.

El Salón del Prado y los campos de La Moncloa fueron los principales escenarios de los fusilamientos. Centenares de participantes en la revuelta fueron fusilados. Se estima que unos mil españoles murieron durante el levantamiento y en los posteriores fusilamientos.

Del cuadro hay que mencionar al grupo de los revolucionarios que aparece en primer plano, y concretamente uno de ellos, el que viste camisa blanca. La imagen de este en el cuadro parece tener una asociación con el Cristo en la cruz puesto que las manos presentan estigmas. Es por ello que muchos especialistas han interpretado esta secuencia como el asesinato de mártires. Los fusilados se encuentran formando tres grupos, el primero se encuentra a la espera de ser fusilados, un segundo grupo se prepara para la muerte a manos de los soldados franceses y por último, los ya fusilados. Goya también quiere destacar el papel de la iglesia durante el conflicto mediante la presentación en las primeras filas de un fraile.

Las consecuencias del levantamiento y de la posterior represión se pusieron en contra de lo que los franceses habían previsto. Los hechos no hicieron sino encrespar aún mas los ánimos de los españoles y sirvieron como inicio de la lucha que se desarrollaría en toda España contra las tropas napoleónicas. La religión católica se involucró directamente en la contiende y es que esta documentado la participación activa de curas mientras al mismo tiempo llamaban a la resistencia desde los altares. La razón es que Napoleón, cerró, a su entrada y posterior control de España, dos tercios de los conventos mientras suprimía la Inquisición.

No sería hasta 1814, cuando las tropas napoleónicas iniciaron la retirada y se reinstauraría la dinastía Borbón en España de la mano Fernando VII. Éste volverá a Madrid y con su séquito de aristócratas acompañados de clérigos católicos junto con sus inquisiciones y represión.

Al final poco cambió para en la situación social y política de España. El pueblo siguió sufriendo la corrupción y los desvaríos de una monarquía absoluta que ya tenía sus días contados.

FUENTES GRAFICAS: WikiCommons

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...