Las Monarquías Absolutas

La monarquía absoluta surgió en el siglo XVII con motivo de ponerle fin a la crisis económica existente en Europa en ese entonces. Para ello era necesario tener un poder frente que representara un símbolo de unidad del reino y para ello se le otorgaron al monarca una serie de poderes, por no decir todos los poderes para gobernar

En el siglo XVII se vivió en Europa una de las mayores crisis económicas de la historia, y las mismas jugaron un papel fundamental en el ascenso del Absolutismo, ya que la sociedad creía conveniente y sumamente necesario tener un poder fuerte, para así evitar la generalización de la crisis.

Pero otros factores fueron determinantes para el ascenso absolutista a los diferentes tronos de Europa, por ejemplo la lucha de clases entra la nobleza cada vez en mayor decadencia, con la burguesía en claro ascenso favorecieron a la larga en el Estado, que a conveniencia se apoyaba en unos u otros.

Pero además existía en ese momento una enorme crisis religiosa la que fue provocada por la Reforma, iniciada por Martín Lutero. Y ello llevó a la ruptura espiritual por parte de la sociedad y se creó una grave inestabilidad social debido a las guerras religiosas que se desencadenaron.  Ante este oscuro panorama, el Rey florecía como el único símbolo de unidad y seguridad para la sociedad entera.

Pero las continuas rebeliones populares también favorecieron ese ascenso. Para las clases dominantes, es decir nobleza, clero y burguesía, se hacía menester y de extrema urgencia el ascenso de un poder fuerte para que asegurase la paz interior y exterior, y así poder velar por sus intereses económicos y sociales que cada una de las clases con posesiones tenía ideados. Este quizás sea el motivo mayor de que asumiera el absolutismo

Ahora, ¿qué es absolutismo? Simple respuesta, es una reorganización política que concede al monarca una gran concentración de poderes, siendo su característica principal la instauración de una monarquía centralizada, ya que la Corona ejercería el poder político, antes en manos del feudo. Esta teoría partía del ideal de que el Rey recibía su poder de manos de Dios para gobernar al pueblo.

El Rey al mismo tiempo era la fuente suprema de todas las leyes y de todos los poderes, por lo tanto su decisión era considerada una ley y debía ser cumplida. El mejor ejemplo y al mismo tiempo de este estilo de gobierno fue Luis XIV de Francia, quien afirmó e hizo célebre la frase «el Estado soy yo«. El monarca era el jede del Estado y ejercía de forma personal ese poder.

Su misión debía ser velar por el bienestar de su reino y sus habitantes sea cual sea su posición social. Para ello necesitaba un ejército que le permitiera derrotar a las tropas extranjeras, pero sobre todo a los nobles rebeldes y a los campesinos sublevados. También ejercía extremo control sobre la burocracia, la diplomacia y el cobro de impuestos. En este sentido el Rey podía nombrar o quitar de un cargo al funcionarios públicos.

Cuando el rey comenzó a percibir las rentas, la nobleza pasó  a depender íntegramente de la Corona ya que ésta repartía esos beneficios y por lo tanto pasó a estar sometida al poder del monarca quedando completamente debilitada.

Pero los grandes cambios se vivieron en la administración pública, ya que se crearon cargos como Intendentes en Francia (o Corregidores en España) y en muchos casos se incurría a la venta de cargos públicos para así obtener dinero extra. Estos cargos eran adquiridos por la burguesía, y con esto comenzaban a escalar socialmente. Pero pese a ello la monarquía mantenía a la nobleza en lo más alto, para evitar el dominio de los anteriores.

Pero pese a tantos poderes, también existían ciertos límites para el monarca y éstos podían ser jurídicos o prácticos. Entre los jurídicos encontramos las famosas «leyes fundamentales del reino«, que afirmaban por ejemplo:

  • La monarquía es hereditaria
  • Debe ser heredada por el varón primogénito (ley Sálica)
  • No puede desconocer los contratos y costumbres del reino
  • No puede desconocer el derecho de gentes (derecho a la vida)

Todas estas leyes no las podría cambiar el monarca bajo ningún concepto y debía respetarlas al máximo. Pero también existían otras leyes que surgían al momento de ejercer el poder, como por ejemplo las comunicaciones muy lentas, dependencia económica de la burguesía o dificultad para cobrar impuestos fueron algunos de ellos.

Por lo tanto tenemos que el rey es responsable sólo ante Dios, jamás ante ningún hombre. Es símbolo de unidad del reino, todos los bienes del reino son suyos porque la salvación pública está sobre lo individual, puede hacer leyes, ejecutarlas y juzgarlas a placer, concentrando todos los poderes en su persona.

En definitiva el Rey aparecía como ser supremo ya que los límites impuestos hacia su persona convengamos no eran demasiado complicados de cumplir. Su poder debía servir para proteger a la sociedad entera pero en definitiva sirvió para proteger los intereses, más que nada de la burguesía que a través de su protección podían desarrollar libremente su comercio y al mismo tiempo escalar en la clase social con la compra de títulos de nobleza, aprovechando las necesidades económicas del monarca.

Pero como conclusión final ese toma que el Absolutismo le cede todos los poderes a una sola persona quien puede hacer lo que desee y sólo se depende de su buena voluntad. Es que la voluntad del Rey es ley.

Estos estados son conocidos como Estados modernos ya que aquí nos encontramos en plena modernidad y lo que se intentó fue romper todos los lazos existentes con los antiguos regímenes de los estados, que provenían ya desde la Edad Media, pero sobre todo y lo que es más importante, surge de la necesidad de toda la sociedad de los países europeos de ponerle fin a una crisis que realmente estaba haciendo estragos en todas partes.

Imágenes: Luis XIV (Francia) y Fernando VII (España): Wikipedia

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...