Las Cruzadas: el comienzo de la aventura cristiana

La fuerza expansiva de Europa se manifestó en campañas de conquista dirigidas contra los enemigos de la cristiandad: los musulmanes de la península Ibérica y de Tierra Santa, los bizantinos y los pueblos eslavos próximos al mundo germánico. En todos los casos, estas campañas recibieron el nombre de cruzadas.

La fuerza expansiva de Europa se manifestó en campañas de conquista dirigidas contra los enemigos de la cristiandad: los musulmanes de la península Ibérica y de Tierra Santa, los bizantinos y los pueblos eslavos próximos al mundo germánico. En todos los casos, estas campañas recibieron el nombre de cruzadas.

Caballeros de la quinta cruzada llegan al fuerte de Damietta – imagen de Wikipedia, subida por Texaner, copyright expirado.

Inicialmente, la cruzada era la guerra contra los musulmanes que ocupaban los Santos Lugares e impedían la peregrinación de los creyentes. Al mismo tiempo, mediante la cruzada se aseguraba militarmente la realización pacífica de nuevas peregrinaciones. Entre las causas que la facilitaban o posibilitaban estaba el interés del papado por consolidar su poder sobre toda la cristiandad.

A lo largo del siglo XI la Iglesia llevó a cabo una profunda labor de reforma que exigía la sumisión de todos los poderes a Roma, pero la autoridad pontificia no había sido aceptada ni por el emperador germánico ni por el bizantino, y las cruzadas ofrecieron al papa Urbano II (h. 1040-1099) la ocasión de afirmar su hegemonía. La petición de ayuda militar por parte del emperador bizantino Alejo I tras su derrota ante los turcos en 1071 equivalió a una cierta sumisión, y el envío de esta ayuda convirtió al papa en supremo señor de Occidente, al que debían obedecer los hombres del imperio germánico y de los reinos occidentales.

El comienzo de esta aventura.

Desde los primeros años de la expansión musulmana, Palestina había estado dominada por el Islam, lo que no había impedido ni la presencia de comunidades cristianas en aquella zona ni las peregrinaciones de devotos creyentes a Tierra Santa. El espíritu tolerante se mantuvo con los turcos, de modo que no existían, en relación a otros siglos, especiales razones que justificaran los deseos de conquistar esta región que aparecen en Occidente en el siglo XI. Así pues, las causas que explican el fenómeno de las cruzadas hay que buscarlas en tierras occidentales, aunque sus consecuencias se produzcan en Oriente.

Las cruzadas son un reflejo de la espiritualidad de la época, en la que el auge de las peregrinaciones exigía la seguridad de poder visitar los lugares santos de la Cristiandad: Belén, Nazareth, Jerusalén. Pero las cruzadas son un exponente de la vitalidad, en todos los órdenes, de Occidente. Si bien una Parte de los cruzados eran personas que emprendían la aventura a Tierra Santa por razones religiosas, otra parte eran individuos a los que la explosión demográfica o el sistema de concentración de la herencia en favor del primogénito habían limitado las posibilidades de vida, de modo que las cruzadas se presentaban como una oportunidad de promoción y un modo de ejercer la actividad y el ideal propios de la caballería.

Mapa de la primera cruzada – imagen de Wikipedia, copyright expirado.

Para la burguesía, en especial la italiana la conquista de los Santos Lugares abría unas enormes posibilidades comerciales, y el simple traslado y abastecimiento de los cruzados era un magnífico negocio. Para algunos monarcas, una ocasión de mostrar su condición de jefes políticos de la Cristiandad (los emperadores germanos) o un escenario donde conseguir prestigio. Para todos los dirigentes de Occidente, una válvula de escape a la belicosidad de una nobleza a la que instituciones como la paz de Dios o la tregua de Dios limitaban sus manifestaciones en tierras cristianas. Para el papado, que tomó la dirección espiritual de la empresa, una forma de realzar su jefatura religiosa sobre la Cristiandad. Con siglos de retraso respecto al Islam, las cruzadas constituían una réplica a la guerra santa, aunque sin la fuerza que ésta tuvo; y, como tal, encontró la réplica adecuada por parte de los turcos, que, fragmentados en diversos principados -lo que facilitó el éxito de los primeros momentos-, pasaron a organizarse y unificarse para expulsar a los caballeros cristianos de Palestina, proclamándose sus dirigentes muyahidines e impulsando la yihad popular.

Para que una expedición se convirtiera en cruzada era preciso un edicto, una orden especial del papa. El signo externo que distinguía a los que seguían el llamamiento pontificio era la cruz, símbolo del voto realizado, cuyo incumplimiento se castigaba con la excomunión, aunque el papa o sus representantes podían anular o conmutar el voto si consideraban que el cruzado era más útil a la cristiandad de otro modo. Espiritualmente, el cruzado obtenía la remisión de las penas debidas por sus pecados, y en el plano temporal gozaba de las ventajas tradicionales ofrecidas a los peregrinos. La Paz y la Tregua de Dios protegían sus bienes y persona mientras duraba el voto, y en algunos casos la Iglesia, por sí o mediante el poder secular, concedía a los cruzados una exención de impuestos, el retraso en el pago de deudas y el aplazamiento de las decisiones judiciales que les afectaban.

Sitio de Antioquia – imagen de Wikipedia, origen Adam Bishop, copyright expirado.

El siglo XI (la época en que comenzaron las cruzadas) fue desastroso políticamente para los musulmanes de la cuenca mediterránea. En los estados musulmanes reinaba un gran desorden motivado por diversos conflictos locales, lo que había provocado un estado de miseria entre la población. En Egipto, el califato fatimí sufría graves revueltas promovidas por beréberes, turcos y sudaneses. Por su parte, el imperio selyuqí se había fragmentado tras la muerte de Malik Sah, en 1092. En Anatolia, Kiliç Arslan se proclamó sultán; en Irak e Irán las querellas entre distintas familias selyuqíes se habían acrecentado. Siria -el territorio que sería más frecuentado por los ejércitos cruzados- se hallaba dividida en dos, pues el príncipe selyuqí Tutush había repartido el reino entre sus hijos Duqaq y Ridwan con el objetivo de frenar los ataques de sus vecinos selyuqíes. Ni siquiera los cristianos de Oriente -armenios, jacobitas (monofisitas) y nestorianos, enfrentados entre sí- mantenían la unidad.

Tal era la situación, a grandes rasgos, cuando en diciembre de 1096 llegó a Constantinopla la primera cruzada. Los cristianos arrebataron a los selyuqíes Nicea y Dorilea en 1097, y Antioquía en 1098; finalmente, en julio de 1099, las tropas del duque de Lorena, Godofredo de Bouillon, conquistaron Jerusalén, que se hallaba en poder de los fatimíes de Egipto, y fundaron el reino latino de Jerusalén. Éste fue el principal de los estados que los cruzados crearían en Tierra Santa: el ya citado reino de Jerusalén, el condado de Edesa, el principado de Antioquía y el condado de Trípoli.

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