La vida en la antigua Roma

La vida de las personas comunes de la Antigua Roma guarda similitudes muy familiares con muchas de las actividades de nuestra vida cotidiana. Y es que de hecho, el estilo de vida romano a pesar de las invasiones bárbaras de los siglos IV y V, terminó cautivando hasta los propios invasores que adoptaron aquel nuevo tipo de vida social así como muchas de las actitudes que se derivan de esta.

La vida de las personas comunes de la Antigua Roma guarda similitudes muy familiares con muchas de las actividades de nuestra vida cotidiana. Y es que de hecho, el estilo de vida romano a pesar de las invasiones bárbaras de los siglos IV y V, terminó cautivando hasta los propios invasores que adoptaron aquel nuevo tipo de vida social así como muchas de las actitudes que se derivan de esta.

Los habitantes de Roma se levantaban con el sol, a la hora I. Esto tenía su clara lógica puesto que era necesario aprovechar todo lo posible la luz natural ya que la artificial era cara y despedía muy mal olor pues para generar esta se quemaba aceite o sebo el cual, además, terminaba manchando las paredes con su humo negro.

El desayuno, «ientaculum» solía ser parco, consistente en algunos frutos secos, fruta del tiempo y queso. Tras el ientaculum, cada uno acudía a sus ocupaciones. Al hombre acomodado de mayor edad en el hogar romano, el paterfamilias, le visitaban a esta primera hora, sus clientes y las personas que buscaban sus favores. De esta forma acudían a desearle buen día y a ofrecerse para trabajar.

El principal centro de la vida del romano medio y del más pobre, es decir de la gran mayoría de los romanos, se desarrollaba en la vía pública. En ella se mezclaban cientos de personas de todas las categorías y profesiones sociales. Las paredes de las calles se encontraban a menudo repletas de pinturas y dibujos de carácter político, algo así como los modernos carteles de propaganda de bienes de consumo.

El mismo trafico de doble dirección de estas vías se colapsaba a las horas punta del día, mientras las mulas que transportaban a la gente mas modesta y los carros de mercancías, circulaban a gran lentitud. En las zonas comerciales, los vendedores animaban a los viandantes a comprar sus “mejores” productos cuando no se enzarzaban en discusiones con motivo del precio del producto o por su calidad. En ellos se vendían una vasta cantidad de productos de toda clase como libros de segunda mano, joyas, perfumes, flores o tallas de marfil. No era difícil tropezarse con mercaderes que ofrecían sus elixires milagrosos, domadores de bestias o prestidigitadores. Y a pesar de todo, el ruido provocado por las voces de la gente y de sus cosas, no decrecía mucho cuando uno se internaba hacia los muchos callejones perpendiculares a las vías principales.



A este tipo de vías públicas, solían acudir a comprar ciudadanos medios, sirvientes y esclavos, los productos que necesitaban para su vida diaria. Desde productos de primera necesidad hasta especias, antorchas y sebo para las lámparas, papiros y pergaminos. Cada comerciante colocaba a la entrada de sus establecimientos, aquellos instrumentos que familiarizaran al cliente con el oficio del vendedor y en algunos casos se pintaban carteles o se esculpían en piedra figuras que representaran su actividad.

Estas zonas comerciales se caracterizaban por tener amplios y numerosos edificios de varias plantas que los comerciantes con un poder adquisitivo mayor podían alquilar para vender desde ellas sus productos de una forma un poco más desahogada que al pie de la calle. Esta era un estampa característica de los barrios comerciales de la antigua Roma, donde se desarrollaba en mayor medida la vida cotidiana de muchos romanos.

Después de reponer fuerzas durante la comida, la hora VI se disponía para tomar un breve descanso. De este hora VI, procede nuestra «siesta», que se tomaba a mitad del día y rompía la rutina diaria permitiendo tomar un pequeño descanso. Tras la siesta, la gente volvía a sus ocupaciones hasta la hora IX o X, durante la cual, se desarrollaba cena. Esta se componía regularmente de los entrantes, «gustatio», la «prima mensa», varios platos intermedios, «prima, secunda, tertia cena» y finalmente los postres, «secunda mensa». Era costumbre alargar la sobremesa, «comissatio», con tertulias sobre los temas más diversos, incluyéndose a menudo, espectáculos circenses y musicales.

Entre el amanecer y el crepúsculo, si exceptuamos las actividades ya mencionadas, los romanos disponían de una gran variedad de distracciones y actividades. El Foro romano era probablemente el centro de la vida pública de las personas más pudientes de Roma aunque a él podían y accedían la gran mayoría de los romanos. Los paterfamilias solían acudir a este o al senado hasta la hora V, momento que dedicaban para tomare un tentempié, «prandium», para a continuación acudir a las termas donde establecer y ampliar sus relaciones sociales.

Claro esta, que estas descripciones se corresponden con los romanos de clase media y clase alta, puesto que los esclavos y los más desfavorecidos no podían permitirse tales lujos, debiendo de trabajar de sol a sol con apenas unos breves descansos. Aunque no deja de ser cierto que donde hay riqueza hay explotación, también donde hay riqueza hay gran ociosidad. Esto se reflejaba muy bien en las clases media y alta que aunque disponían de recursos más que de sobra para su subsistencia se beneficiaban también de los repartos gratuitos de trigo que regalaba el gobierno, y de la asistencia, también gratuita, a los espectáculos públicos. Hoy en día la realidad no difiere tampoco mucho.

Los espectáculos públicos estaban organizados también con un cierto aire de similitud al entretenimiento de hoy en forma de deportes de masas y programas televisivos. El gobierno se gastaban grandes sumas de dinero para mantener ocupada a la gente y distraerla de sus problemas cotidianos, los cuales podían terminar provocando incidentes o peor aún, organizando a la gente contra quienes los explotaban o contra quienes eran la causa de sus males.

La llegada de las Saturnales, marcaba un periodo de festividad como ningún otro del resto del año romano. Las saturnales era probablemente la festividad romana importante y se las conoció también como “fiesta de los esclavos» ya que en ellas se repartía entre los esclavos raciones extras, tiempo libre así como otras privilegios. Podrían compararse a la pasión con que se vive la Navidad y el Carnaval juntos. En este periodo no se trabajaba, se levantaban muchas prohibiciones y se celebraban los esperados juegos. El cristianismo primitivo tardó tiempo en terminar con esta fiesta intentando sustituirla por otra.

Por último, los romanos no acostumbraban a trasnochar y las calles de Roma tras la caída del sol, se convertían en lugares peligrosos que con frecuencia eran transitados por sicarios en busca de sus victimas.

FUENTES GRAFICAS: WikiCommons

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