La unificación de Alemania: Causas y fases

La unificación de Alemania fue otro ejemplo más de cómo las ideas liberales y nacionalistas se conjugaron en el siglo XIX. Así se dio inicio al Segundo Imperio Alemán.

Hace algún tiempo estuvimos hablando de la unificación de Italia, proceso en el que personajes históricos como Cavour o Garibaldi intervinieron de manera decisiva. Hoy le toca el turno a la unificación de Alemania, otro ejemplo más de cómo se conjugaron las ideas liberales y nacionalistas en la Europa del siglo XIX. Volvemos a recordar que este proceso político unificador tuvo lugar tras las revoluciones de 1848, que se produjeron por toda Europa. La unificación alemana tuvo como punto de partida la unión aduanera y comercial impulsada por una parte importante de la burguesía alemana y que llevó como nombre Zollverein. Este proyecto económico daba así cabida a las ideas liberales, propias de aquella centuria. Sin embargo, el verdadero motor del proceso unificador fueron los sentimientos antifranceses que despertó en los alemanes la intervención de Napoleón tras la batalla de Jena. Y me explico.

Alemania se componía de multitud de Estados independientes que compartían un mismo sentir: tenían una misma cultura, una misma lengua, una misma literatura, unas mismas leyendas… En definitiva, los alemanes, aunque en Estados independientes, poseían el sentimiento de pertenecer a un mismo proyecto. Es posible que tuvieran un presente que los alejaba a unos de otros, pero tenían un pasado en común. Y a él se agarraron. Los proyectos de unificación pasaban por una Alemania que fuera dominada por Prusia o por una Alemania en la que Prusia y Austria se enfrentarían por la hegemonía de la Confederación. La vencedora de aquella batalla de liderazgo saldría reforzada para llevar la batuta de la Alemania unida.

Por tanto, la unificación de Alemania se llevó a cabo en tres fases. Una primera fase que gira en torno a la Guerra de los Ducados, provocada por el intento de Cristian IX de incorporar el Ducado de Schleswig y de Holstein (pertenecientes a la Confederación Germánica) a Dinamarca. En defensa del Protocolo de Londres (1852), y de la unidad de la Confederación Germánica, el primer ministro prusiano, Otto von Bismarck, y el emperador austriaco, Francisco José I, derrotaron a Dinamarca. Una segunda fase en la que se enfrentaron Austria y Prusia por el liderazgo de la Confederación. Todo partió de una maniobra estratégica de Bismarck por ampliar el territorio prusiano, a lo que se opuso fervientemente Austria. En 1866 comenzó la Guerra Austro-Prusiana, dividiendo la Confederación Germánica, conflicto en el que venció Prusia. Y, por último, una tercera en la que los alemanes derrotarían a Francia. La llamada Guerra Franco-Prusiana acabó con las pretensiones imperialistas de Napoleón III inaugurando el Segundo Imperio Alemán.

Foto: Harald Hoyer

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