La Revolución Bolchevique

La Revolución Rusa es uno de los temas más complejos de la época contemporánea y para comprenderla, nada que mejor que dividirla en partes, con lo que hoy toca hablar de la Revolución Bolchevique.

Como ya había asegurado en el post anterior, dada la extensión que supone detallar los acontecimientos que dieron lugar a la Revolución Rusa, vamos a dividirla en diferentes partes. Pero, antes de meternos en el quid de la cuestión, tenemos que tener en cuenta los diversos antecedentes que precedieron a la Revolución de 1917.

A comienzos del siglo XX, la Rusia Zarista se estaba debilitando debido a una profunda crisis económica gobernada por la injusta distribución de la riqueza. Mientras esto ocurría, el Imperio Ruso se embarcó en una guerra contra Japón que el pueblo nunca comprendió. Esto, unido más tarde a la participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial, hizo palpable la escasez de alimentos y materias primas a la que se enfrentaba el pueblo, junto con las malas condiciones laborales a los que eran sometidos los obreros en las fábricas.

Podemos decir que el proceso revolucionario comienza en 1905, así pues, se sucedieron numerosas huelgas y manifestaciones, entre ellas, la que se produjo el «Domingo rojo» cuando una muchedumbre se manifestaba de forma pacífica enfrente del palacio hasta que se ordenó a los soldados que dispararan contra ellos.

Tropas bolcheviques en Petrogrado

Por otra parte, se fueron creando los llamados soviets, consejos formados por obreros, soldados y campesinos convirtiéndose éstos en una fuerza de oposición al zar independientemente de los partidos.

La primera consecuencia de esta Revolución de 1905 será el «Manifiesto de Octubre», otorgado por el Zar Nicolás II. En él, se asumía por parte de la autocracia un triple compromiso: concesión de libertades civiles, una ley electoral ampliada y la creación de un Parlamento (Duma) con poderes legislativos.

De forma paralela a esta Revolución, pero no por ello de  una manera aislada, el marxismo en Rusia se iba haciendo cada vez más palpable. Así pues, durante el II Congreso de la Socialdemocracia rusa (1903) el marxismo se dividió en dos fracciones: los mencheviques -la minoría- que era la fracción moderada del proceso revolucionario y los bolcheviques -mayoría- que aspiraban a radicalizar hasta sus últimas consecuencias la Revolución democrático-burguesa para convertirla en una Revolución proletaria. Es decir, querían que el pueblo, el proletariado, fuera quien tomara la iniciativa y quien tuviera la «voz cantante» y no los burgueses. Los bolcheviques, por tanto, se dividieron y crearon su propio Congreso en 1905 que tuvo un papel fundamental en la creación de los primeros soviets.

Al margen de esto, los hechos históricos se iban sucediendo con la Primera Guerra Mundial. Aunque al principio ésta fue recibida con entusiasmo, los resultados de la contienda poco a poco irían mermando ese entusiasmo acrecentando a su vez las protestas mediante motines y en huelgas por parte del pueblo ruso.

El posicionamiento sobre qué hacer ante la guerra mundial define dos grupos de oposición al gobierno, lo que podemos llamar la oposición legal o parlamentaria, formada por parlamentarios burgueses y que actúa desde la Duma,  son los que desean continuar con la guerra y que, muy pronto, exigirán la abdicación del monarca. Y, por otro lado, nos encontramos con la oposición ilegal, formada por numerosos grupos de izquierda, que o bien querían continuar la guerra como medida para defenderse o, como en el caso de los «pacifistas», eran contrarios a la guerra y estaban decididos a acabar con el zarismo.

En la sociedad rusa, se va delimitando de una forma cada vez más marcada dos bloques: la burguesía y la clase obrera y el campesinado pobre. En esta oposición al régimen, se va diseñando las dos fases de la Revolución de 1917: la Revolución de febrero, llevada a cabo por el primer grupo, y la Revolución de octubre, realizada por los segundos.

Vamos a ver primero, qué ocurrió con la Revolución de febrero. En este mes, el inicio de una hambruna provocó manifestaciones masivas en San Petersburgo de mujeres y huelguistas que, junto a las conspiraciones políticas de la pequeña burguesía y estudiantes, causó el amotinamiento del ejército. Las tropas, de reciente reclutación y sin adoctrinar, fusilan a los oficiales y confraternizan con los obreros.

Alexander Kerenski, el líder de los mencheviques, publica un manifiesto instando a todos los ciudadanos a oponerse al zarismo provocando que las masas salgan a la calle y obligando al Zar Nicolás II a abdicar en su hermano, el Gran Duque Miguel. Sin embargo, éste rechaza el cargo, creándose con ello un gobierno provisional presidido por el príncipe Giorg Lvov y apoyado por Kerenski.

Sin embargo, aunque este gobierno concede amnistía, derechos a todos y autonomía a las nacionalidades, esto no es suficiente para los obreros, quienes reivindican unas condiciones laborales mejores, los campesinos, quienes exigen que las tierras sean para quién las trabaje y, para los soldados, que esperan el final de la guerra.

Los soviets -recordemos que estaban formados por obreros, campesinos y soldados- siguen siendo la fuerza real de este gobierno y sólo necesitan a un líder para que los guíe, por ello, cuando Lenin regresa desde Suiza, proponiendo que los soviets asuman todo el poder y rechacen al gobierno provisional, éste es acogido con clamores al ritmo de la Marsellesa.

Lvov, ante esto, intenta que los socialistas formen parte del gobierno, sin embargo, Lenin se muestra tajante en su lucha contra éste.

En julio de ese mismo año, se producen unas jornadas turbulentas en Pretogrado por las malas noticias que llegaban del frente, lo que hace que la prensa y el gobierno reprenda duramente a los bolcheviques y anarquistas, obligando Lenin a huir y encarcelando a Trotsky, quién había regresado de su exilio en Estados Unidos y que, más tarde, se convertirá en la mano derecha de Lenin. Al mismo tiempo, las nacionalidades como Polonia, Finlandia y Ucrania se rebelan contra el poder central haciendo que, junto a lo anterior, el gobierno no gane la confianza de los conservadores ni logre detener a los bolcheviques.

Ante esto, Kerenski remplaza a Lvov en la jefatura del gobierno y su intención es construir una República Parlamentaria, sin embargo, no puede detener la creciente anarquía. Un ejemplo de ello es que lo ocurría en las zonas agrícolas, donde los campesinos se hicieron con las grandes fincas de los terratenientes repartiéndoselas entre ellos.

A su vez, Lenin se las ingenió para cruzar la frontera y volver a Rusia, esta vez haciendo uso de su nuevo eslogan «¡El poder para los soviets!». Trotsky, que había sido liberado de prisión, apoya a Lenin, siendo elegido presidente del soviet de San Petersburgo y convocando para el 7 de noviembre, un congreso de soviets que desafiaría a Kerenski.

Si quieres conocer la segunda fase de esta Revolución, lo puedes hacer aquí.

Imagen: Dominio Público

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