La Edad del Hierro en la Península Ibérica

La Edad del Hierro en la Península Ibérica hace referencia a la utilización de este metal como principal material. En estos momentos se produce la tercera gran oleada de pueblos indoeuropeos.

En el post de hoy hablaremos de la Edad del Hierro en la Península Ibérica. Este periodo comienza a partir del 1.000 a. C. y hace referencia al utillaje del hierro. Se caracteriza por las influencia y relaciones establecidas entre pueblos extranjeros (fenicios, griegos, cartagineses y celtas) y pueblos autóctonos de la Península. Durante esta etapa se produjo la tercera gran oleada migratoria de pueblos indoeuropeos (celtas), en búsqueda de metales preciosos y minerales, además fue la época de civilizaciones como Grecia, Cartago y Roma, que entrarán en contacto con las culturas peninsulares. Pero antes de nada, habría que tratar la llegada de los fenicios, entre los siglos IX-VIII a. C., de los cuales ya hablamos en su momento cuando desarrollamos el tema de Tartessos. Quizás, lo más importante de los fenicios fue que con ellos comenzó la Historia en la Península, ya que son suyas las primeras manifestaciones escritas.

En cuanto a los griegos, habría que apuntar que el origen de su contacto con la Península ha generado bastante discusión. Las fuentes para determinar que estos vínculos son de diversa naturaleza, lo que permite una gran variedad de lecturas acerca de dichas relaciones. Por una parte, se evidencian relaciones prehistóricas: con el hallazgo de elementos foráneos enclavados en la Península que recuerdan a ciertos testimonios encontrados en el Mediterráneo oriental. Por ejemplo, los enterramientos colectivos en tholoi, similares a los de Creta. Mientras que por otra parte, los textos de Estrabón afirman que los rodios emprendieron antes de la creación de las olimpíadas (776 a.C.) largas travesías lejos de su patria, Rhodos, hasta llegar a Iberia, donde fundaron Rhode (aunque las fuentes arqueológicas lo desmientan).

Por último, hoy hablaremos de los cartagineses. Con la decadencia fenicia (siglo VI a.C.), Cartago asumió, junto a Roma, el papel hegemónico en el Mediterráneo, lo que les llevó inevitablemente al enfrentamiento. Cartago sustituyó las relaciones comerciales de las metrópolis fenicias (Tiro y Sidón) por un dominio real en el sur de la Península y el norte de África, así como algunas islas del mar Mediterráneo: Córcega, Cerdeña o Ibiza. La derrota de Cartago, a manos de Roma, tras la Primera Guerra Púnica (264-241 a.C.), que incluía importantes pérdidas en el Mediterráneo, le obligó a reafirmar su situación política y económica en la Península Ibérica (con una excelente situación estratégica). Aprovechando la inestabilidad de los pueblos íberos, Amílcar Barca se lanzó a la conquista de la Península Ibérica, consolidada posteriormente por la fundación de Cartago Nova, como centro estratégico y económico, por parte de Asdrúbal Barca. De la historia de los Barca nos ocuparemos en otra ocasión.

Foto: Jose Luis Cernadas Iglesias

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