La desintegración de la URSS

La desintegración de la URSS fue consecuencia directa de la política de Mijaíl Gorbachov, quien tratando de dar un aire humano a la URSS acabó propociando el fin de la superpotencia mundial.

Tras un periodo oscuro, dominado por la corrupción de la época de Leonid Breznev, llegó al poder de la URSS Mijaíl Gorbachov, que impulsó una mejora de la economía soviética, la cual llevaba años estancada. Su programa de reforma se basó en tres líneas de acción. Por una parte, la Perestroika o reestructuración, a través de la cual se perseguía mejorar el sistema de producción soviética partiendo de los elementos ya existentes. Por otra parte, la Uskorenie o aceleración, gracias a la cual se pretendía conseguir un alto desarrollo económico, que fue de mayor éxito en los países satélites que en la propia URSS. Y por último, la Glasnost o transparencia, mediante la cual se quería transmitir una imagen más benévola del régimen, mitigando la censura. Sin embargo, estos intentos de reforma de la URSS supusieron la definitiva capitulación del régimen.

Con este programa político se intentaba darle al socialismo un carácter más humano, no obstante, lo que con él se conseguía era el agrietamiento del régimen soviético. Con la Perestroika se trató de descentralizar el mercado y conceder una cierta autonomía a las economías locales. Pero lo que en realidad se conseguía era sentar las bases para la desintegración de la URSS. La Perestroika encontró numerosos obstáculos dentro de la URSS, grupos (nacionalistas, demócratas, comunistas) que defendían sus intereses y que evidenciaban la desintegración de la URSS, proceso que se consolidó con la independencia de Lituania, Letonia y Estonia. La política de reformas de Gorbachov tenían como objetivo salir de la crisis económica en la que estaba sumida la URSS desde los años 70. Sin embargo, las soluciones propuestas chocaban frontalmente con las estructuras sociales, políticas y económicas del país.

La primera piedra que cayó de la URSS fue en Berlín, con la caída del muro que separaba el Este y el Oeste de la ciudad. A este hito se sumaron los enfrentamientos entre Letonia, Estonia y Lituania con el poder central para la consecución de la independencia. Además, las contradicciones eran obvias, pues resultaba imposible democratizar la vida pública en la URSS, por la hegemonía del PCUS, único organismo capaz de mantener la unidad soviética. Otros puntos clave fueron el exceso de burocracia que obstaculiza las reformas económicas de Gorbachov con debates interminables o el estancamiento de la producción soviética que sitúa al país más grande del mundo a medio camino entre los países desarrollados y los subdesarrollados. En 1991 se aceptó la independencia de las repúblicas bálticas (Lituania, Letonia y Estonia), y Rusia creó junto con Ucrania y Bielorrusia la Comunidad de Estados Independientes (CEI), poniendo fin a la historia de la URSS.

Foto: Gonzalo Malpartida

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