La descolonización de Asia y África: factores y causas

La descolonización de Asia y África sólo se entiende dentro del contexto histórico en el que se produjo. Debilitados los imperios europeos, era el momento de dar el salto adelante y liberarse de las cadenas imperialistas.

La descolonización de Asia y África supuso uno de los hechos más trascendentales en el mundo contemporáneo. Así, los pueblos que se encontraban sometidos a los países europeos alcanzaron la independencia, no exenta de contradicciones, como apunta Tibor Mende, ya que aspiraban a iniciar un proceso de desarrollo inspirándose en el mundo occidental, pero rechazaban los valores culturales del mundo occidental, para afirmar los locales. En este sentido, la descolonización fue posible gracias a la crisis de los imperios coloniales. Por una parte, la Primera Guerra Mundial supuso la pérdida del prestigio internacional por parte de las potencias coloniales, que dejaron de ser vistas como modelos. Por otra parte, la crisis de 1929 obligó a aumentar la explotación de los recursos y de la población ubicada en las colonias, lo que incrementó la miseria en la sociedad colonial. Y por último, la Segunda Guerra Mundial condicionó a las metrópolis, más preocupadas por lo que pasaba en su territorio, no pudiendo restaurar sus fuerzas militares en las colonias.

Pero este fenómeno no se puede sin la existencia de otros factores como la explosión demográfica. En el siglo XX el ritmo de crecimiento demográfico en las colonias y metrópolis se invirtió. Así, la introducción de avances médicos y sanitarios permitió a las zonas colonizadas reducir sus tasas de mortalidad, pero sin que disminuyera su índice de natalidad. También influyeron las ideas nacionalistas. Paradójicamente, a partir del modelo nacionalista de la Europa del siglo XIX, África y Asia trataron de distanciarse de las metrópolis a través de un fortalecimiento de las creencias, costumbres y lenguas propias. Este sentimiento nació como respuesta al diferente nivel de vida entre las colonias y las metrópolis. Tampoco podemos entender la descolonización sin el desequilibrio económico reinante en aquellos países. Según los pueblos colonizados, la mejoría del nivel de vida sólo era posible si se rompía con el desigual sistema de intercambio comercial que consistía en la exportación de materias primas a bajo precio y la importación de manufacturas a un mayor coste.

La posición de las grandes potencias también determinó, en parte, el proceso descolonizador. En la segunda mitad del siglo XX, el orden mundial estaba controlado por Estados Unidos y la URSS, que se oponían al imperialismo europeo, fieles a los discursos de Wilson (a favor de la libre autodeterminación de los pueblos) y Lenin (contra el imperialismo y la explotación de los pueblos). Por último, hemos de señalar la actitud de otros agentes, decisiva en la emancipación de las antiguas colonias africanas y asiáticas. Las iglesias, los intelectuales y algunos organismos internacionales como la Sociedad de Naciones o la ONU influyeron en la consolidación de una mentalidad descolonizadora. En este sentido, destacaron la carta fundacional de Naciones Unidas y la Declaración de los Derechos del Hombre.

Foto: Andrea Pucci

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