La caída en desgracia de la orden del Templo

Los Caballeros de la Orden del Temple, más conocidos como Templarios fueron una destacadísima orden de la Edad Media de tipo religioso y militar que vio su nacimiento tras el éxito de la primera cruzada. La orden se convirtió en un Estado dentro de los diversos Estados en que se movían y su poder y riqueza creó el caldo de cultivo para justificar la caída de sus miembros en torno a una “cacería de brujas” organizada por el rey de Francia Felipe IV.

Los Caballeros de la Orden del Templo, más conocidos como Templarios fueron una destacadisima orden de la Edad Media de tipo religioso y militar que vio su nacimiento tras el éxito de la primera cruzada. La orden se convirtió en un Estado dentro de los diversos Estados en que se movían y su poder y riqueza creó el caldo de cultivo para justificar la caída de sus miembros en torno a una “cacería de brujas” organizada por el rey de Francia Felipe IV.

La orden del Templo (en referencia al Templo de Salomón de Jerusalén donde se instalaron), es concretamente fundada en el año 1118, cuando nueve caballeros franceses, entre ellos Hugo de Payens, fundan la orden de monjes guerreros. Los iniciales monjes guerreros terminarían convirtiéndose en una orden de comerciantes y banqueros que llegarían a poner en serios aprietos a reyes y obispos.

Llegaron a disponer de una de las mayores, sino la mayor fortuna, de toda Europa y sus posesiones, castillos y fortificaciones que contaban por cientos. Este creciente poder, riqueza e influencia sobre los asuntos internos de los Estados, llevó a la destrucción de la orden y a sus miembros a ser torturados salvajemente para que confesaran falsas acusaciones y posteriormente quemados en el hoguera.

Cuando atardecía un viernes de octubre de 1307, cientos de templarios de toda Francia fueron arrestados. Las discrepancias podrían haberse originado años atrás, especialmente en 1295 y en 1303, cuando el rey de Francia discutió con el papa Bonifacio VIII. En aquella disputa los caballero se alinearon con el rey Felipe IV aunque le sugirieron el traslado del tesoro real para a evitar de esa forma desobedecer las ordenes papales en torno a las leyes tributarias de las propiedades de los templarios.



El arresto de los templarios, es debido también en gran manera a Esquieu de Floyran, que trató de sacar provecho de ciertas confidencias recibidas sobre los caballeros a cambio de recibir un trato de favor. De Floyran buscó en Jaime II, rey de Aragón, la persona de la que obtener favores con la información aunque este evitó tomar medida alguna. Sin embargo, Floyran se dirigió al rey de Francia, que a su vez informó al papa Clemente V. Las acusaciones al parecer carecían bastante de fundamento y ni el mismo papa se atrevió a utilizar algo como lo que llegó a sus oídos para tomar medidas. Sin embargo, a pesar de las negativas de los Jaime II y del papa, Felipe IV, si se aprovecharía de aquellas confidencias.

Se acusaba a los templarios de apostasía, insultos a Cristo, ritos obscenos, sodomía e idolatría.. Las acusaciones especificaban que a los nuevos candidatos que se les hacía renegar tres veces de Cristo, además de escupir sobre la cruz. Tras esto, se les desnudaba y se les besaba en la parte baja de la espalda, el ombligo y en la boca. Como colofón a estas absurdas acusaciones, los miembros adoraban a una estatua de Bafomet. Ciertos historiadores han expresado que las acusaciones fueron producto de la fértil imaginación de Guillermo de Nogaret, canciller del reino de Francia.

El manifiesto que explicaba los cargos contra estos, se expuso el 14 de Octubre de 1307 en Paris y sólo dos días después, Felipe IV el Hermoso se dirigió a los nobles cristianos con la intención de que estos arrestaran a todos los templarios que se encontraran en sus territorios así como que confiscaran sus propiedades y bienes. Sólo algunos de los nobles siguieron los deseos de Felipe IV, el resto prefirió dejar el asunto en manos papales.

Ciento treinta y ocho prisioneros serían interrogados y treinta y seis de ellos murieron durante los primeros interrogatorios. De todos los detenidos, tan sólo tres de ellos fueron capaces de negar las acusaciones a pesar de los salvajes métodos de tortura que emplearon contra ellos.

El propio papa Clemente V dirigió el 27 de Octubre de 1307, un mensaje al rey en el que se quejaba de cómo se estaba tratando a los detenidos, lo que no cambió la actitud de este hacia los que todavía seguían en libertad, pues el 22 de Noviembre de 1307, Clemente V, emite la bula «Pastoralis praeeminentiae, por la que ordenaba arrestar a todos los templarios de todos los reinos de occidente. Sin embargo la bula, especificaba que si algún templario resultara reconocido como inocente, deberían restablecerles sus propiedades.

A pesar de lo satisfacción que obtuvo Felipe IV en torno a la como se habían desarrollado los acontecimiento el papa envió a Francia a dos cardenales para hacerse cargo de los templarios detenidos así como de las propiedades de estos que habían sido confiscadas. El rey se mostró partidario de entregar a los detenidos pero tanto sus propiedades.

Tras diversos cambios y modificaciones en el pensamiento del papa respecto de la culpabilidad de los condenados, este finalmente fue acercando posiciones con el rey de Francia y el 26 de noviembre cuando el Maestre Jaques de Molay comparece retractándose de su confesión inicial lo que pone ya en una posición muy difícil a este y al resto de miembros de la orden.

El 28 de Noviembre Ponsard de Gisy, comandante de Payns en Champagne, expresa que las confesiones han sido extraídas bajo tortura con lo que, todos los testimonios deberían de considerarse nulos y aunque el 6 de Febrero de 1310, la Comisión reinicia los estudios y alrededor de 500 templarios acuden a esta a exponer las terribles torturas que han sufrido para condicionar su confesión, se mantiene la necesidad inicial de que confiesen para darles un trato de favor mientras que si se mantienen en su confesión inicial, se reiniciarán las torturas.

A inicios de mayo de 1310, se condena a muerte a 54 templarios que habían rechazado su confesión inicial por ser obtenido bajo tortura, siendo estos quemados en una hoguera cercana a la puerta de San Antonio, en Paris. La comisión se cerrará finalmente 5 de Junio de 1311 y aunque el 16 de Octubre, el papa Clemente V y sus cardenales, permiten a nueve miembros de la Orden solicitar una nueva defensa.
Tras una reunión secreta entre Felipe IV y Clemente V en marzo de 1312, este emite la bula Vox in excelso por la que se suspende la Orden del Temple y la bula Adf providam del 2 de mayor especificará el traspaso de las propiedades templarias a la orden de los Hospitalarios.

Se reanuda el proceso, el 6 de Mayo, aunque reservándose la decisión sobre los altos dignatarios de la orden y una vez más bajo amenazas de todo tipo 207 miembros de la orden confiesan ante los inquisidores y posteriormente, el papa delegará sus poderes sobre tres cardenales cercanos a los intereses del rey Felipe.

De esta forma el papa parece evitar condenarlo el mismo, y los tres cardenales sentencia el 18 de Marzo de 1314 a los altos dignatarios que serán quemados en la Isla de los Judíos en París.

FUENTES GRAFICAS: WikiCommons

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