El Nuevo Mundo. Indigenas, conquistadores, piratas e inquisidores

En el año 1500, América se encontraba habitada por grupos dispersos de cazadores – recolectores así como por agricultores nativos. La llegada de los europeos, que desconocían por completo el tamaño y diversidad del nuevo continente, alteró la convivencia de estos pequeños grupos.
El proyecto que desembocó en el descubrimiento de América, había tenido su origen en un plan de Cristóbal Colón para encontrar una ruta alternativa a las Indias que atravesara el océano Atlántico y llegara al Indico, evitando de esta la tradicional ruta que llevaba meses cubrir.

En el año 1500, América se encontraba habitada por grupos dispersos de cazadores – recolectores así como por agricultores nativos. La llegada de los europeos, que desconocían por completo el tamaño y diversidad del nuevo continente, alteró drásticamente la convivencia de estos pequeños grupos.
El proyecto que desembocó en el descubrimiento de América, había tenido su origen en un plan de Cristóbal Colón para encontrar una ruta alternativa a las Indias que atravesara el océano Atlántico y llegara al Indico, evitando de esta la tradicional ruta que llevaba meses cubrir.

La llegada de los españoles a la isla caribeña de La Española en 1492, constituyó el primer contacto europeo con el Nuevo Mundo desde que siglos atrás los vikingos consiguieran llegar, al menos, hasta Terranova, conocida por estos como Vinland.

Los españoles exploraron todo el continente. Al principio, el norte apenas fue colonizado al carecer de oro y plata. Sólo unas pequeñas comunidades se instalaron en la zona. La posterior llegada de ingleses, holandeses y franceses, si permitió la creación de grandes grupos de colonizadores, pero para ello debieron pasar unas décadas más.

En 1499, Americo Vespucio, exploró al mando de una flota española, las costas de América del Sur. El nombre del continente, se debe a uno de los cartógrafos que acompañaba a Vespucio que puso el nombre de su capitán. El continente sur junto con Centroamérica, fueron las primeras regiones es ser exploradas a fondo. Ambos ofrecían oportunidades incomparables para los conquistadores españoles, ávidos de riquezas y poder.

Estos primeros conquistadores, sólo estaban interesados en el oro y la plata, nada más. Allá por donde pasaban, preguntaban a los habitantes locales si habían visto en algún lugar los metales preciosos. Poco a poco, su insistencia dio resultado y tras un tiempo dieron con las grandes civilizaciones americanas que poseían grandes riquezas artísticas realizadas en metales preciosos, riquezas con un valor incalculable que serían fundidas para ser transformadas en monedas o en nuevas tallas religiosas católicas.

Hernán Cortés, lideró una campaña de exploración en Centroamérica, formada por unos pocos cientos de hombres entre los años 1519 y 1524. Francisco Pizarro hizo lo propio pero con una fuerza aún más pequeña en el sur, entre los años 1531 y 1535.

Tras completar la conquista y esclavización de los imperios azteca e inca, los españoles comenzaron a “mecanizar” la extracción y producción de oro con destino a España, que se convertiría gracias a este en un imperio de alcance mundial sacándola al mismo tiempo de un tiempo de una crisis económica continua. Las grandes cantidades de oro embarcadas desde el Nuevo Mundo, atrajeron a nuevos “exploradores” que buscaron sin cesar el Dorado a través de amplias regiones sin éxito.

Cuando la población local, como es el caso de los arahuacos se habían prácticamente extinguido, o reducido a la mitad, caso de aztecas e incas, los españoles empezaron a importar mano de obra humana desde Africa dando lugar al mayor tráfico humano de la Historia de la Humanidad. Junto con los nuevos administradores y soldados, llegaban también frailes e inquisidores, los cuales se ensañaron con la población local prohibiendo y reprimiendo brutalmente sus costumbres y modo de vida tradicional. Los mismo le ocurrió a las lenguas vernáculas. Aquellos que no cumplieran con las órdenes les esperaban como frecuencia castigos propios de psicópatas que disfrutaban con el sufrimiento humano.
Al mismo tiempo, las hogueras comenzaron a arder pero los indígenas serían los salvajes que aparecerían como tal en los futuros libros de historia de Occidente.

Bartolomé de las Casas, se erigió como el único defensor de los indígenas y gracias a él nos han llegado muchos testimonios de primera mano sobre el trato que sufrían estos a manos de los españoles. De las Casas escribió su obra más conocida, Brevísima relación de la destrucción de las Indias, que estaba dirigida al príncipe Felipe, el futuro rey Felipe II, el cual se encargaba por entonces encargado de los asuntos de Indias.

Los conquistadores y los grandes aristócratas españoles se encargaron de gobernar aquellas nuevas tierras que fueron divididas en torno al virreinato de Nueva España en Centroamérica y el virreinato de Perú en el sur. Con el tiempo, estos virreinatos crecieron y se ampliaron hacia el norte, fundándose nuevos asentamientos en California Texas y Florida, así como en los Andes. Los conquistadores recibieron tierras llamadas “encomiendas” y en las cuales estos podían cobrar impuestos, obtener fuerza de trabajo local esclava y gobernar despóticamente sus ahora nuevos dominios.

Con el tiempo, nuevos colonos se establecieron en el Nuevo Mundo, favorecidos por la necesidad de colonizar todas las tierras posibles que mediante el sistema de “haciendas”, grandes explotaciones agrícolas, crearía una nueva clase de ricos en el Nuevo Mundo. Los hacendados a pesar de su pequeño número (en el siglo XVII la emigración quedó limitada a 2000 personas al año) impusieron su ley a los ahora indígenas sin tierra, que pasaron a constituirse en braceros o peones de las haciendas en el marco de una situación que ha llegado hasta nuestros días.

Esta minoría de hacendados y nuevos ricos, procedentes de Europa, constituirían las futuras élites blancas que gobernarían Latinoamérica durante siglos hasta nuestros días, en que han sido sustituidos, caso de Bolivia, por nuevos gobernantes procedentes de los marginados indígenas.

La competencia no tardó en presentarse. El oro y la planta no sólo estimularon la economía española, sino la de todo el continente europeo. Nuevos países ansiosos por emular a España y crear sus propias colonias se apresuraron a ello. Con el Tratado de Tordesillas firmado en el año 1494, ya España y Portugal se habían repartido, con todas las bendiciones de la santa Iglesia, las posesiones de sus “hermanos” más allá de una línea imaginaria que separaban el Atlántico oeste y las islas Cabo Verde. De esta forma los portugueses serían dueños y señores de las tierras ubicadas al este de la línea y los españoles de aquellas situadas al oeste.

Pero la competencia española no se reduciría a los portugueses. Naciones como los Países Bajos, Inglaterra y Francia se tuvieron que contentar primero con practicar la piratería marina sobre los busques españoles y sus puertos costeros. La piratería quedo formalizada en el caso inglés, por la reina Isabel que contrató los servicios de un destacado pirata caribeño, Francis Drake que consiguió el sólo reunir la asombrosa cantidad de oro necesaria para pagar las agobiantes deudas de la monarquía inglesa y aún mas. Drake sería recompensado con un titulo nobiliario por sus servicios tan patrióticos.

A la decadencia española en Hispanoamérica y la debilitación de su situación en el siglo XVII, le siguieron el establecimiento de colonias por parte de los países anteriores que se aprovecharon de esta debilidad. Especialmente grave fue la perdida de Jamaica, tomada en 1655 por los ingleses y el progresivo establecimiento de colonias francesas en inglesas en el norte.

A pesar de estas perdidas, los imperios español y portugués seguían intactos y proveyendo de una buena cantidad de oro y plata los cuales se malgastaban cada vez más rápidamente que antes. Los movimientos independentistas posteriores cambiarían abruptamente esta situación.

FUENTES GRAFICAS: WikiCommons

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