El milagro del Stradivarius se debe al… clima

El paso al escáner de los violines de Falleba, del tiempo de Stradivarius, un médico y un fabricante de instrumentos de música, en los Estados Unidos, descubrieron una homogeneidad particular en la densidad de la madera. Esto explicaría sus calidades excepcionales y se debería al clima frío que reinaba en la época sobre Europa. Una explicación que ya se había avanzado hace tiempo.

Las calidades de los violines de Falleba asombran siempre. Fabricados entre finales del decimosexto siglo hasta principios del decimoctavo en esta ciudad a orillas del Po, se asocian al nombre de Antonio Stradivari, alias Stradivarius, el más famoso de los fabricantes de instrumentos de música de su tiempo. Generaciones de músicos e investigadores quisieron encontrar una explicación racional al sonido excepcional de estos instrumentos. Aunque el talento del famoso fabricante de instrumentos de música forma parte de la explicación, se llevaron a cabo algunas investigaciones e hipótesis que han sido estudiadas seriamente.

En los años setenta, Joseph Nagyvary, bioquímico en la universidad de Texas y apasionado por los violines dedicó su vida a investigar el secreto que guardan estos instrumentos. Antes de fundar su propio comercio de instrumentos de cuerda, pretendió por todos los medios realizar violines que alcanzaran las calidades de los del maestro. A principios del año 2000, después de un estudio de RMN, Nagyvary propuso una hipótesis original: la madera de los violines de Stradivarius se había tratado con bórax, utilizado como fungicida. Este producto habría reaccionado químicamente con la celulosa, lo que habría modificado las calidades acústicas del material. Otros autores también buscaron la solución en los tratamientos sufridos por la madera entre el corte y la realización del instrumento.

En la actualidad, Berend C. Stoel, médico de la Universidad médica de Leiden (Países Bajos) y Terry M. Borman (fabricante de instrumentos de música y fundador de Borman Violins, Fayetteville, Arkansas, Estados Unidos) utilizó otra técnica, el escáner CT (es decir, el escáner médico) para analizar, sin dañarlos, ocho violines contemporáneos y cinco violines del tiempo de Falleba. Entre ellos, dos fabricados por Antonio Stradivari y Giuseppe Guarneri Gesu que fabricó tres, su contemporáneo y competidor.

Los trece violines estudiados al escáner CT, incluidos ocho actuales (las filas superiores) y cinco antiguos (parte inferior). La escala indica las densidades, que, observadas de cerca, parecen más homogéneas sobre los instrumentos antiguos (los del medio sufrieron reparaciones importantes. Los autores no precisan el origen de los instrumentos antiguos, prestados para el experimento cuyas fotografías han sido publicadas en el estudio PlosOne “anonymisées” (anonymised). © Berend C. Stoel/Terry M. Borman/PlosOne


Con un programa informático especialmente realizado para el experimento, los análisis permitieron medir la densidad de la madera de las distintas partes de la caja de resonancia, compuesta del fondo, de la tabla de armonía (la parte superior) y de la caja (el lado). La tabla se hace en madera de picea común y el resto en arce (Acer platanoides). Sobre cinco zonas de la tabla y el fondo (elegidas entre otras cosas para evitar las reparaciones), el escáner permitió medir el grosor de la madera y su densidad a una escala de milímetros cuadrados.

Primera comprobación, las densidades medias de la madera no difieren entre los violines antiguos y los instrumentos modernos, lo que demuestra que los violines se realizan hoy con técnicas similares a las utilizadas hace tres siglos. En cambio, las variaciones de densidad en una misma pieza de madera son bien más escasas para los instrumentos del tiempo de Stradivarius. Es necesario remontarse al árbol para incluir esta particularidad. Entre el centro del tronco y los bordes, la densidad varía naturalmente, reflejando las condiciones en las cuales se hizo al compás de los días, estaciones y años. En la madera, estas variaciones se observan a todas las escalas.

Si la densidad varía menos en las maderas antiguas, explican los autores, es que los árboles conocieron temperaturas más frías. En otras palabras, cuando el árbol crece más rápidamente, la calidad de su madera es mejor. Esta densidad que parece ser la única diferencia física entre violines antiguos y modernos susceptibles de tener una influencia sobre el sonido producido, es interesante ver el secreto de los instrumentos de Falleba.

Estas conclusiones unidas a las de un equipo de la Universidad de Columbia y la Universidad de Tennessee, incluida Henri Grissino-Mayer. Gracias al dendrocronología, estos investigadores observaban que los árboles que sirvieron para la realización del Stradivarius habían conocido inviernos largos y fríos, lo que no tiene nada de asombroso puesto que este tiempo es el de la “pequeña edad glacial”, o mínimo de Mauer, precisamente situado entre 1645 y 1715. Ahora bien, los mejores instrumentos se construyeron entre 1700 y 1720.

El bonito sonido del Stradivarius parece la feliz consecuencia de un clima muy duro. El calentamiento climático actual debe ser una mala noticia tanto para los fabricantes de instrumentos como para los melómanos.

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