El feudalismo no existió en la Península Ibérica durante la Edad Media

El feudalismo en la Península Ibérica ha sido tema de debate entre medievalistas. Mientras unos opinan que las instituciones feudales se impusieron a medida que avanzaba la reconquista, otros piensan que la situación política impidió cualquier tipo de feudalismo.

Cuando hablamos de Edad Media, solemos asociar, inevitablemente, esta etapa de la Historia, sobre todo si nos referimos a Europa, al feudalismo. Sin embargo, hoy no me propongo a hablar del feudalismo, puesto que en este espacio ya se hizo en anteriores ocasiones. Únicamente quisiera hacer reflexionar al lector sobre la complejidad de aquellos tiempos y lo erróneo que en Historia resulta generalizar. Y es que la labor del historiador no consiste en reproducir estereotipos, precisamente. Por eso aquí daremos una vuelta de tuerca a lo que entendemos por feudalismo para afirmar que éste no existió en España. Sí, tal y como lo leen. O, al menos, no existió como lo conocimos en el resto de Europa. En este sentido, el hecho de que Al-Andalus fuera la principal civilización peninsular durante la Edad Media tiene mucho que ver.

Este tema ha sido ampliamente discutido por los medievalistas españoles. Hay algunos estudiosos que piensan que sí que hubo feudalismo en la Península Ibérica y que éste se consolidó a medida que iba avanzando la reconquista y el Califato de Córdoba decaía. Este tipo de feudalismo tendría en Francia su principal influencia. Los que apoyan esta teoría alegan que el sistema tributario existente en la España cristiana era una clara evidencia de que las instituciones feudales funcionaban en el territorio peninsular. Además, afirman que el feudalismo peninsular tendría como principal función defender los territorios conquistados, al mismo tiempo que dar un mayor impulso a la reconquista. Sin embargo, nosotros nos quedamos más con la opinión de quienes aseguran que la situación política de la Península Ibérica impidió el completo desarrollo de las instituciones feudales.

El feudalismo implica la existencia de unas relaciones de dependencia entre señores y vasallos, lo que se alejaba bastante de la realidad que se dio en la Península Ibérica durante la reconquista. Durante las repoblaciones, los colonos tuvieron cierta libertad en la ocupación de la tierra, gracias al derecho de aprisio en Aragón y la presura en Castilla. Por esta razón, se puede decir que no existió ninguna relación feudovasallática. En todo caso, se dieron señoríos, institución similar al feudo carolingio, pero de una menor sujeción personal. Además, los señores acaparaban más beneficios del comercio (de gran intensidad, sobre todo, en el valle del Guadalquivir) que de las propias rentas señoriales, con lo que se explica que no estuvieran adheridos a las instituciones feudales. Por último, la figura del monarca también da muestra del escaso peso que tuvo el feudalismo en la Península Ibérica, ya que su poder (enorme, fruto de la reconquista) jamás podría ser contestado por un señor feudal como sí ocurría en Europa.

Foto: SBA73

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