Cuando Rusia vendió Alaska a Estados Unidos

Tras la muerte de Alejandro Magno, los territorios conquistados por este durante sus campañas fueron divididos entre sus generales, quedando Egipto bajo el mando de Tolomeo I Sóter. Tolomeo I solicito a Teofastro (sucesor de Aristóteles en la escuela peripatética) que se encargara de la educación de su hijo y heredero pero este rechazo la oferta y recomendó a Demetrio de Falera, de quien se cree es la idea original del proyecto de la antigua Biblioteca de Alejandría.

Las primeras fuentes documentadas relatan que los primeros europeos en llegar a la región de Alaska provenían de Rusia. Sin embargo no hay hechos perfectamente contrastados sobre la fundación del primer establecimiento ruso en la misma. Lo que si hay es una leyenda que habla de este primer establecimiento, fundado cuando los barcos de una expedición capitaneada por Semyon Dezhnev en 1648, fueron desviados de su ruta y desviados hacia lo que hoy es Alaska.

La venta de Alaska a EEUU se realiza el 30 de marzo de 1867 por algo más de siete millones de dólares, un “poco” menos de lo que el holandés Peter Minuit pagó a los nativos del actual Manhattan por hacerse con la “propiedad” de la isla, 24 dólares. Al cambio de hoy, la cantidad que pagaron los estadounidenses por Alaska se quedaría aproximadamente en algo más de 91 millones de dólares.

A mediados del siglo XIX los rusos en Alaska no pasaban por una buena situación aunque las condiciones mejoraron para muchos de los que vivían en la costa y que habían sobrevivido al contacto, con los nativos, principalmente los aleutas, koniagas, y tlingits.

Muchos nativos habían estado guerreando contra los rusos por recuperar sus tierras y por poder desarrollar su vida como antes, puesto que los rusos habían ido imponiendo sus normas por la fuerza poco a poco allá donde se establecían. Una de estas tribus, los tlingits nunca fueron conquistados y continuaron desarrollando acciones contra los rusos en los años 1850. Por otro lado, los aleutas, muchos de los cuales habían sido expulsados de sus islas, fueron trasladados a destinos lejanos como California para cazar la nutria de mar para los rusos y así consiguieron disminuir su población durante los años 1840.



Al mismo tiempo los oficiales navales de la Compañía rusa americana fueron estableciendo las clásicas infraestructuras occidentales en las Aleutianas, eliminando así la cultura indígena original. Se construyeron escuelas y hospitales y el clero ortodoxo ruso se estableció en las islas mientras la población comenzaba a aumentar. Pero llegó un momento en que Rusia no le siguió convenciendo el mantener su presencia en la región.

Rusia vendió Alaska por diversos motivos. En aquel momento Alaska era un enorme terreno improductivo y que además era muy difícil sino imposible de colonizar. Todo lo que representaba Alaska eran problemas. Se encontraba muy alejada y en un lugar de difícil acceso. Defender la soberanía de Alaska sería además muy complicado en el futuro y por tanto esta no merecía recibir la más mínima inversión pues no serviría de gran cosa.

Estados Unidos por su parte se interesó en Alaska por que la proximidad geográfica le brindaba un interés destacado a la región. Inglaterra también se había interesado tímidamente por el territorio pero fue finalmente Estados Unidos quien tras la Guerra Civil americana se hizo con el territorio.

Por la parte rusa, Eduard Andreevich Stoeckl, se encargó de llevar a cabo la a petición del Zar Alejandro II y por el lado estadounidense, el Secretario de Estado William Henry Seward ya había estado negociando antes incluso de que se enterara el presidente de los Estados Unidos. Seward obtuvo el apoyo del Congreso a la compra de Alaska, gracias a una votación reñida como pocas (un simple voto de ventaja).
Los rusos quedaron tan satisfechos con la operación que Eduard de Stoeckl consiguió 25.000 dólares de comisión más una pensión anual de otros 6.000 dólares.

Tras la venta de la Alaska rusa a los Estados Unidos, las propiedades de la Compañía rusa americana fueron liquidadas. En la América Rusa, la población rusa había alcanzado las 700 personas. Estados Unidos les dio a ellos la posibilidad, además de obtener la ciudadanía dentro de un período de 3 años aunque pocos decidieron ejercer dicha opción.

Por tanto, el general Jefferson C. Davis exigió a estos abandonar sus hogares en Sitka, argumentando que estos serían necesarios para los nuevos colonos estadounidenses. Los rusos expresaron su malestar por la actuación de las tropas estadounidenses y los asaltos que se llevaron a cabo en el periodo posterior a la venta y muchos de estos decidieron volver a Rusia, mientras que otra viajaron a California y al Pacífico noroeste.

Con todo, parte de la prensa crítico aquella operación de compra, que de forma burlesca calificaba a la nueva adquisición como el frigorífico de Seward, el jardín para osos polares de Andrew Johnson (presidente de EEUU por entonces), Icebergia, el país de las hadas rusas, el nuevo Frigorífico Nacional etc. Y es que mucha gente no entendía cual era el interés que motivaba realmente al gobierno a tomar semejante decisión sin consultar si quiera a su población. Parecía como un trato entre una nación eminentemente imperialista (Rusia) y otra que poco a poco pero firmemente se encaminaba a ser la mayor potencia del mundo.

El escritor y activista Mark Twain se refirió a Alaska como Walrussia y dedicó algunos de sus artículos a criticar irónicamente la compra calificándola de interesante para acercarse a Rusia en el aspecto político y económico. Twain en otros ensayos ya había criticado con su habitual estilo las deportaciones masivas y las actuaciones criminales del Zar a finales del siglo XIX.

Las críticas no terminaron hasta 1896 en que se descubrió oro. Ello provocó una avalancha de aventureros y comerciantes sin escrúpulos que arrasaron buena parte del lugar, llevando a la construcción de las primeras ciudades. Desde entonces, la población ya vio con mejores ojos la adquisición de Alaska y su oro, mientras los nativos de la zona, los nativos que habían pasado tiempos terribles durante la ocupación rusa, continuaban siendo marginados en su forma de vida y cultura.

Tras la venta de Alaska, ancianos de la tribu tlingit expresaron que la «Colina Castillo» era el único territorio que Rusia tenía derecho a vender. Los nativos comenzaron a reclamar la tierra a partir de la mitad última del siglo XX, a través de la firma del «Acta de Establecimiento de Reclamos Nativos de Alaska».

Alaska es hoy, no una colonia estadounidense, como Hawai u otras islas del Pacífico, sino territorio tan estadounidense como Nueva York, formando el 49 Estado de la Unión.

Cada 31 de marzo, se celebra en Alaska el Seward’s Folly, día festivo que conmemora la adquisición de esta preciosa región por Estados Unidos y que hoy corre una amenaza aún mayor por los delirios petroleros republicanos.

FUENTES GRAFICAS: WikiCommons

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