Claves históricas de Roma

Las leyendas clásicas nos hablan del reinado de Rómulo, en Roma, relacionándolo con el dios de la guerra, Quirino (similar al dios Marte de los griegos), al cual se le erigió un templo en el monte Quirinal, lugar en el que se asentaba una colonia de sabinos. En el transcurso del tiempo, Roma fue extendiéndose hasta ocupar siete montes o colinas, por lo que acaso por ello recibió el nombre de la Ciudad de las Siete Colinas.

Luperca

Luperca

En la época de Rómulo, la ciudad, aún en ciernes, de Roma, recibía la visita de numerosos hombres, pero, en cambio, muy pocas mujeres traspasaban sus umbrales; los romanos decidieron, por tanto, apoderarse de las mujeres de los sabinos -pueblo que ocupaba la zona oriental que bordeaba a la ciudad de Roma- para, así, poblar la ciudad. Aquella gente que afluía a la ciudad de Roma se componía de personajes fuera de la ley, principalmente; de marginados y de aventureros. Todos ellos se hicieron cómplices de Rómulo y aceptaron los planes de éste para raptar a las mujeres de los sabinos. Los romanos dieron grandes fiestas, en las que celebraron concursos animados por grandes juegos y a tales actos invitaron al pueblo de los sabinos, a sus mujeres y a sus hijos y, de este modo, se apoderaron de todas las muchachas solteras.

La reacción de los sabinos, ante el engaño perpetrado por los romanos, no se hizo esperar y declararon la guerra a Roma. Después de un tiempo de luchas entre ambos bandos, y, por mediación, precisamente, de las mujeres sabinas que vivían entre los romanos, éstos y los sabinos decidieron gobernar Roma juntos y emprender los proyectos de expansión que desembocarían en el gran imperio romano. Durante ciento cincuenta años, la ciudad de Roma fue regida por un monarca, cuyos poderes no eran absolutos, ya que tenía que seguir el consejo, en ocasiones, de una asamblea formada por cien personas que, en general, habían sido seleccionadas atendiendo al criterio de la edad, de la experiencia. Los pueblos de la época clásica pensaban que la vejez llevaba implícita la sabiduría y honraban a los ancianos de manera especial; tal vez por ello, el grupo asesor de los reyes romanos era denominado con el nombre del Senado (latín «senatus» = anciano).



La ciudad de Alba Longa, hasta entonces bastión del Lacio, tuvo que someterse ante la pujanza de Roma y, en el año 665 (a. C.), fue completamente destruida y aniquilada por los romanos; éstos comenzaban a ensanchar su territorio y poderío, no sólo por su unión con los sabinos, sino también por la conquista de numerosas tribus que poblaban los alrededores de las zonas lindantes con la ciudad de Roma. Algunos de estos colonos fueron llevados por Anco Marcio, uno de los primeros reyes romanos -concretamente el cuarto-, hasta el Monte Aventino, lugar en el que Remo hubiera querido que se asentara la ciudad de Roma; de esta manera se va conformando una clase social a la cual las viejas familias romanas denominarán en principio de forma despectiva los plebeyos, pues no les consideran de los suyos.

Estos nuevos inquilinos de Roma no tendrán derecho a participar en el gobierno de la ciudad y no podrán enviar delegados que los representen a ninguno de los estamentos de poder y de mando constituidos. El germen de una división de clases antagónicas ya está depositado y, durante mucho tiempo, la historia de Roma se hallará salpicada de numerosas luchas internas entre las familias señoriales (los patricios) y la plebe o gente común (los plebeyos). Por fin, mediante la llamada Ley de las Doce Tablas y las Leyes Licinio-Sextias, los plebeyos pueden acceder a ciertos cargos hasta entonces reservados para los patricios y, en realidad, se asienta el primer intento serio de igualdad jurídica entre ambas clases sociales.

Foro Romano

Foro Romano

Los primeros años de Roma, aún una pequeña ciudad junto al Tíber, se hallan jalonados de dificultades sin cuento. Después de la unión de los sabinos y los latinos, el poderío etrusco, en creciente ascenso, se deja sentir también sobre Roma y parece ser que el quinto rey romano era de procedencia y origen etruscos. Este monarca se llamó Tarquinio Prisco y bajo su reinado se construyó el Capitolio, templo consagrado al dios Júpiter y que, al propio tiempo, hacía funciones de defensa de la ciudad, pues era una gran fortaleza construida sobre el Monte Capitolino.

Tarquinio Prisco fue asesinado por mercenarios pagados por los hijos del anterior rey, pero éstos no consiguieron ocupar el trono de Roma, sino que, nuevamente, sería un etrusco quien rigiera los destinos de la incipiente ciudad; éste se llamaba Servio Tulio y fue quien llevó a cabo la unión con otras ciudades de Lacio, para lo cual constituyó la denominada Liga Latina. Además, intentó mitigar la distancia que separaba a los patricios de los plebeyos, para lo cual otorgó a éstos ciertos derechos que entonces se consideraban privilegios, ya que los patricios sentían que se debilitaba, y limitaba, su poder, por lo que se propusieron confabularse contra el rey Servio Tulio. Este muere asesinado en el año 534 (a. C.); el artífice del complot formado para dar muerte al anciano rey fue, precisamente, su yerno, que más tarde sería conocido como Lucio Tarquino el Soberbio y, el cual, se aprestaría a coronarse rey de los romanos, el séptimo monarca de Roma, y el primero que intentó, junto con su hijo Tarquino Sexto, someter a las distintas ciudades de la zona sudeste del Lacio. Se propuso, además, gobernar Roma por la fuerza de la coacción e implantó una tiranía llena de crueldad; llegó a ordenar la ejecución de algunos senadores para restarle al Senado sus funciones asesoras y consultivas y anuló todas las leyes que beneficiaran a los plebeyos. Todo esto, unido a la arrogancia y a la soberbia de sus propios modos y, también, a la total deshonestidad de sus allegados, contribuyó sobremanera al fin de la monarquía en Roma.

Tarquinio el soberbio se autoproclama rey

Tarquinio el soberbio se autoproclama rey

Tarquino el Soberbio fue expulsado de Roma por un patricio que se había fingido un loco para no ser ejecutado: se llamaba Lucio Bruto (latín «brutus» = imbécil). Cuando aquél marchó al exilio, corría el año 510 (a. C.) y, desde entonces, el sistema de gobierno que adoptarán los romanos será el formado por selectas familias de patricios; el nacimiento de la que llegará a ser poderosa República Romana ha tenido, pues, lugar en una pequeña ciudad del Lacio llamada Roma. Diversos y complejos avatares conformarán su expansión territorial y su influencia por dondequiera que pasen; las guerras samnitas, las luchas contra los celtas, las guerras púnicas, las guerras macedónicas, las guerras civiles, las guerras contra los germanos, etc., crean dinastías de gobernantes autoritarios, entre las que sobresalen la dinastía julio-claudia y la de los flavios. Numerosos caudillos autoproclamados emperadores se suceden, hasta que en tiempos de Trajano (del año 98 al 117 d. C.) y de Adriano (del año 117 al 138 a. C.) la extensión del Imperio Romano alcanza su cota máxima y, al propio tiempo, las dinastías de los antoninos y de los severos se sucederán en el gobierno del gran Imperio y serán quienes intenten unificarlo, con cierta fortuna, en el aspecto jurídico. Alejandro Severo (del 222 al 235 d. C.), representante cualificado de la dinastía de los severos, muere de forma violenta y cruel -es apaleado, junto con su propia madre- en el año 235 (d. C.), con lo cual finaliza la influencia de los emperadores de la dinastía de los severos.

A todo esto hay que añadir el mantenimiento y permisividad de un sistema esclavista mediante el cual quedaba asegurado el trabajo rudo y duro, y hasta la diversión, pues los esclavos podían ser vendidos para luchar contra las fieras en los circos romanos. En el siglo I (a. C.) había tenido lugar la primera rebelión de esclavos dirigida por un experto gladiador, Espartaco, que morirá en el intento. Mas el cristianismo acogerá a los esclavos dentro de su organización, aún espontánea e incipiente, y las primeras persecuciones por razón de la propia creencia comenzarán hacia el año 64 (d. C.), época gobernada por el déspota Nerón. Con el tiempo, sin embargo, se convertirá en la religión oficial del Imperio Romano y, así, en el año 391 (d. C.), poco antes de que Teodosio el Grande dividiera entre sus hijos Arcadio (que recibe la parte oriental) y Honorio (que se queda con la parte occidental) el hasta entonces Imperio Romano, tendrá lugar la consolidación del cristianismo como religión oficial; como consecuencia quedarán relegados, y prohibidos, todos los cultos en honor de los dioses clásicos: la estatua de Júpiter, en Alejandría, fue derruida por Teodosio el Grande.

El Imperio Romano de Oriente tendrá como capital Constantinopla y la ciudad de Rávena será, a partir del año 404, la capital del Imperio Romano de occidente, el cual desaparecerá definitivamente como tal Imperio en el año 476 (d. C.), fecha en que el último emperador romano, Rómulo Augústulo, es derrocado por su adversario Adoacro.

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