Cine e historia: el pasado en imágenes

El cine puede ser una fuente muy válida para el estudio de la Historia. De la misma manera, la Historia puede ver en el cine un nuevo soporte para la difusión de conocimientos.

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Desde que Marc Ferro escribiera en los años 70 su obra Cine e Historia, han sido muchos los estudiosos que han reflexionado sobre las posibilidades que el séptimo arte tiene para la ciencia histórica. Sin duda, la tercera generación de la Escuela de Annales fue determinante para la introducción de nuevas fuentes en el estudio de la historia como las memorias personales o el cine. Vivimos en la era del audiovisual y, por lo tanto, no podemos obviar la importancia que los registros cinematográficos tienen para conocer mejor el pasado. Pero, ¿a qué tipo de cine nos estamos refiriendo? ¿al cine histórico? En este sentido, debemos diferenciar entre el cine que trata un acontecimiento del pasado, como por ejemplo La inglesa y el duque de Éric Rohmer (2001) sobre la Revolución Francesa, del cine que es producto del tiempo histórico en que es realizado, por ejemplo, El acorazado Potemkin de Sergei Eisenstein (1925) sobre la Revolución Rusa.

El hecho de encontrarnos inundados por productos audiovisuales no sólo posibilita que estudiemos la historia a partir de ello, sino que también podamos utilizar este tipo de soporte para plasmar el discurso histórico de un historiador. De la misma manera que en la Antigüedad la cultura oral fue sustituida por la cultura escrita, transformando el modo en que la historia se transmitía, en la actualidad la cultura audiovisual se está imponiendo a la cultura escrita. Como producto de la cultura de masas, el cine abre un sinfín de posibilidades al investigador de historia, que ha de replantearse cómo puede hacer llegar sus estudios al mayor público posible. ¿Cómo conjugar la historia y el cine a nivel práctico? La respuesta parece clara: a través de un guion cinematográfico que acabará convirtiéndose en una película de carácter histórico.

Hace varios años la Universidad Complutense de Madrid, bajo la dirección de Julio Montero, figura clave para los estudios de cine e historia, ofertó una serie de cursos de experto para la creación de guiones de ficción de películas históricas, así como realización de documentales históricos. Pero hace años que ya no se hacen. El testigo lo ha recogido la Universidad Finis Terrae de Chile que por primera vez en América Latina hace posible confluir estos dos mundos: el de la historia y el del cine. El curso, de enorme interés, lleva como título Diplomado en Guion de Documental Histórico y permitirá a los alumnos realizar un guion cinematográfico sobre temas históricos.

Foto: Andrés Nieto Porras

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