Causas que motivaron la Primera Guerra Mundial

La Primera Guerra Mundial constituyó el primer aviso a la Humanidad sobre los horrores y efectos de la guerra moderna, un aviso que caería en saco roto por diversos motivos e intereses de las clases europeas dominantes. A continuación se tratará de exponer las causas principales que motivaron el conflicto, causas a las que sería necesario añadir una políticamente incorrecta como fue el enriquecimiento casi ilimitado que supuso la contienda para los mas importantes industriales y empresarios de los bandos en disputa.

La Primera Guerra Mundial constituyó el primer aviso a la Humanidad sobre los horrores y efectos de la guerra moderna, un aviso que caería en saco roto por diversos motivos e intereses de las clases europeas dominantes. A continuación se tratará de exponer las causas principales que motivaron el conflicto, causas a las que sería necesario añadir una políticamente incorrecta como fue el enriquecimiento casi ilimitado que supuso la contienda para los mas importantes industriales y empresarios de los bandos en disputa.

Partiendo desde el punto puramente histórico, los principales factores que desencadenaron la I Guerra Mundial fueron el auge de los nacionalismos a lo largo del siglo XIX y comienzos del XX en Europa, la nueva y gran competitividad por los recursos económicos mundiales así como el inédito proceso de aumento armamentístico que llevo a la acumulación de enormes arsenales para los que “había que dar alguna salida”.

Los nacionalismos europeos cambian el escenario de la nueva Europa
Con la Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas se había extendido por gran parte del continente europeo sino el concepto de democracia, la idea de una mayor libertad civil y justicia social, basada en siglos de brutal explotación por parte de las clases dirigentes ya fueran estas la nobleza, el clero o la alta burguesía. Habiéndose extendido estas ideas sobre poblaciones que compartían un origen étnico, una lengua o ideales políticos similares, estas ideas fueron tomando forma para terminar formando movimientos que comenzaron a exigir la independencia de territorios aún dominados frecuentemente por familias dinásticas al estilo del Antiguo Régimen. Las demandas de estos movimientos fueron mas que ignorados por estas clases dominantes, que no querían ver lo que se estaba ocurriendo fuera de sus suntuosas y mas que privilegiadas vidas.

Por tanto, la autodeterminación nacional y las demandas de mayor justicia social para trabajadores de todos los ámbitos fueron tan tenidas en cuenta como había ocurrido antaño. La situación política que vivía Europa por entonces, era aún la consecuencia del Congreso de Viena de 1815 que reordeno el orden mundial tras la desaparición de Napoleón.
Los estados alemanes, se habían mantenido divididos en numerosos ducados, principados y reinos de acuerdo con los términos del Congreso de Viena que también estableció en Italia su división en varias unidades políticas, algunas de las cuales se encontraban estaban bajo control extranjero. Belgas flamencos y franceses de los Países Bajos austriacos se situaron bajo el dominio holandés consecuencia también del Congreso.



Estas disposiciones llevaron a revoluciones y fuertes movimientos nacionalistas durante el siglo XIX que permitieron anular una parte destacada de lo acordado en Viena. Consecuencias de estos procesos, fue la independencia de Bélgica de los Países Bajos en 1830, la unificación de Italia en 1861 así como la Alemania en 1871. A pesar de todo, muchos de los conflictos siguieron sin resolverse en otras regiones de Europa a inicios del siglo XX, provocando tensiones entre las naciones europeas implicadas. Los movimientos nacionalistas eslavos tuvieron un protagonismo muy especial en estos conflictos.

Continuación de las políticas imperiales
Los nacionalismos junto con la Revolución Industrial, iniciada en Gran Bretaña a finales del siglo XVIII, en Francia a comienzos del XIX y en Alemania a partir de 1870, condujo a tremendo aumento en el desarrollo de productos manufacturados. Este hecho a su vez condujo a que los países implicados en este nuevo desarrollo a gran escala, se vieran forzados a buscar nuevos mercados en el exterior si querían mantener e incrementar las riquezas de unos pocos. Africa fue una de las piezas mas importantes en este juego y donde los intereses coloniales entraron en conflicto frecuentemente. Ya entre 1898 y 1914, la rivalidad por los recursos africanos entre Francia, Alemania y Gran Bretaña, estuvo cerca de provocar una guerra en Europa en diversas ocasiones.

El enorme incremento de arsenales y de los ejércitos
Estas tensiones, tuvieron como principal consecuencia, un tremendo incremento de los ejércitos que se preparaban para defender sus intereses o para tomar por la fuerza los del rival cuando se presentara la mejor oportunidad. Las medidas políticas pro militaristas que llevaron a cabo las naciones europeas entre 1871 y 1914 aumentaron el peligro de un conflicto, puesto que se mantenían numerosos ejércitos permanentes y se ampliaba el reclutamiento en tiempo de paz mientras el ritmo en la construcción de nuevas y mas mortíferas armas de guerra ascendía paralelamente. Un ejemplo de esto, fue el auge que tuvo en esta época la construcción de navíos militares mejor armados y defendidos a la vez que más rápidos.

Crisis anteriores a la Gran Guerra (1905-1914)
Europa se dividió en dos sistemas de alianzas hostiles lo que empeoró aún más la situación, pues hacia a estos mas sensibles a cualquier tensión política o militar en Europa y África. Entre 1905 y 1914 se sucedieron varias crisis internacionales así como dos pequeñas guerras, que no estuvieron lejos de provocar una guerra general en Europa. El primero de estos conflictos tuvo lugar en Marruecos, donde Alemania combatió en 1905 y 1906 apoyando al país a obtener su independencia buscando con ello evitar el dominio francés y español del área. El incidente se resolvió en una conferencia internacional celebrada en Algeciras (España) en 1906 no sin antes haber Francia amenazado a Alemania con la guerra.

Por otro lado, en los Balcanes se sucedieron diversos enfrentamientos, uno de ellos en 1908, motivado por la anexión de Bosnia-Herzegovina por parte de Austria-Hungría. A esta anexión se oponían los serbios partidarios del paneslavismo y por extensión del panserbianismo o movimiento para la creación de una Gran Serbia. Los serbios exigían para sí la región meridional de Bosnia, amenazando a la misma Austria con declararle la guerra. Las amenazas quedaron ahí por la imposibilidad de que Serbia pudiera llevar adelante una guerra sin el apoyo de Rusia. Una nueva crisis emergió en 1911 en Marruecos, cuando el gobierno alemán envió un navío de guerra al puerto de Agadir en protesta por la política francesa de conseguir en la zona, la supremacía militar y política. Una vez más hubo amenazas por las dos partes y el conflicto terminó solventándose en la Conferencia de Agadir.

Italia, aprovechó la distracción de las grandes potencias en este conflicto y declaró la guerra al Imperio otomano en 1911, buscando la anexión de la región de Tripolitania, en el norte de África. Como Alemania había establecido relaciones cordiales con los otomanos por su política de expansión hacia el este, el ataque de Italia no hizo sino debilitar a la Triple Alianza y envalentonar a sus enemigos.

Las Guerras Balcánicas de 1912-1913 alentaron a Serbia a continuar su política para obtener las áreas del Imperio Austro-Húngaro habitadas por eslavos, aumentando con ello la desconfianza de los austro-húngaros hacia los serbios. Este hecho también tuvo consecuencias en Bulgaria y el Imperio otomano que vieron justificados sus deseos de revancha tras sus respectivas derrotas en los conflictos balcánicos.

Con todo este calvo de cultivo no es de extrañar que el conflicto finalmente se produjera, más aún cuando existían grandes intereses económicos que incitaban a ello. Estos intereses estaban formados por grandes financieros e industriales, los cuales tuvieron gran responsabilidad en atemorizar y fomentar el sentimiento pro guerra en la opinión pública con mentiras y propaganda vertidas desde los medios de comunicación de los que participan dichos financieros e industriales. Poco ha cambiado aquella situación con la hoy existente en Occidente.

FUENTES GRAFICAS: WikiCommons

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