Bismarck, el hombre diplomático

Otto von Bismarck logró unificar en 1848 los más de treinta estados de la Confederación Germánica para crear el Segundo Imperio Alemán, del cual sería canciller.

La diplomacia de Otto von Bismarck marcó las relaciones internacionales de gran parte de Europa entre 1870 y 1890. Fue un hombre extremadamente inteligente, capaz de manejar la política exterior de las principales potencias europeas siempre en beneficio del Imperio Alemán, del cual lo podemos considerar como su padre político. Antes de instaurarse lo que se conoce como el II Reich, Alemania era un conglomerado de Estados independientes. A todos los unía una cultura, una lengua y un pasado común. Además, formaban parte de la Confederación Germánica, la cual estaba dominada por los dos Estados de mayor tamaño: Prusia y Austria. Por lo demás, cada una hacía política por separado y sus leyes no coincidían en muchos aspectos.

Fue Bismarck, por aquel entonces canciller de Prusia, el encargado de poner en marcha el proyecto de unificación (iniciado con la unión aduanera de 1834 o Zollverein y desarrollado a partir de 1848), que daría como resultado final la creación de este Segundo Imperio Alemán. El principal afectado por estas maniobras fue Francia, que perdió su condición de Imperio, además de territorios que han acabado siendo fruto de tradicionales disputas como Alsacia y Lorena. En este sentido, las alianzas promovidas por Bismarck siempre llevaron como objetivo prioritario aislar diplomáticamente a Francia. Tras la victoria en la Guerra Franco-Prusiana, el canciller de la ya unificada Alemania, temía represalias por parte de los franceses, por lo que lo más conveniente era dejarlos solos en el panorama internacional. No es de extrañar que durante la primera mitad del siglo XX, Alemania y Francia se llevaran tan mal. De hecho, la Primera y la Segunda Guerra Mundial se pueden explicar en base a este odio mutuo.

Sin embargo, no todo es eterno en esta vida y Bismarck, algún día, acabaría dejando su cargo. Fue en 1890, cuando el kaiser Guillermo II subió al trono del Imperio Alemán y decidió cambiar, radicalmente, de política exterior. Bismarck había conseguido tener contactos con el Imperio Austrohúngaro, el Imperio Ruso o Italia, para aislar a Francia. Pero esto ya no hacía falta. Guillermo II creía que su capacidad armamentística sería suficiente para dominar Europa. Se veían tan superiores los alemanes que el diálogo no entraba en sus planes. Toda la prepotencia que acumularon a finales del siglo XIX y principios del siglo XX ha sido clave para entender su papel en las dos guerras mundiales y sus reacciones ante ambas derrotas.

Foto: Abir Anwar

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