Akhenaton, Atón está satisfecho

Akhenatón, décimo faraón de la dinastía XVIII de Egipto, reinó Egipto entre el 1353/2 y el 1338/6 a. C. Se cambió su nombre de Amenhotep IV, o Amenofis IV a Akhenatón por el mismo motivo que le llevó a abandonar el culto a la divinidad principal de Egipto, Amón por la que en el momento oportuno consideró más importante Atón.

Akhenatón, décimo faraón de la dinastía XVIII de Egipto, reinó Egipto entre el 1353/2 y el 1338/6 a. C. Se cambió su nombre de Amenhotep IV, o Amenofis IV a Akhenatón por el mismo motivo que le llevó a abandonar el culto a la divinidad principal de Egipto, Amón por la que en el momento oportuno consideró más importante Atón.

Para muchos egiptólogos existen pocas épocas tan apasionantes como el periodo amarniense del Antiguo Egipto (hacia el 1300 antes de Cristo). Este periodo recibe el nombre de amarniense debido a El-Amarna, nombre contemporáneo para referirse a donde Akenaton hizo construir su nueva capital, llamada en tiempo Aketatón.

El reinado de Akhenatón apenas duró unos treinta años pero en tan breve periodo de tiempo, el fararón hereje puso patas arriba toda la estructura social del imperio, poniéndolo al borde del desastre total ó de un enfrentamiento civil de grandes proporciones.

La herejía llevada a sus últimas consecuencias por Akhenatón, tuvo su origen al parecer bajo el reinado de Amenofis III y consistió principalmente en la sustitución de los dioses tradicionales egipcios por el culto al disco solar, el Atón.

El cambio de culto podría haber tenido su origen, incluso más allá de Amenofis III. Hay que recalcar las malas relaciones que ya existían entre el clero y la monarquía egipcia en tiempo de la reina Hatshepsut que se vió obligada a subordinarse a los poderosos sacerdotes de Amón para poder a ascender al trono. Posteriormente, el lento pero continuo viraje de Tutmosis IV y su sucesor Amenofis III (padre de AkenatOn) hacia culto solar podría haber constituido una nueva forma de independizarse de los poderosos sacerdotes de Amón. AkenatOn recogería aquel testigo y lo radicalizaría.



Investigaciones llevadas a cabo por el prestigioso egiptologo Nicholas Reeves, han venido a arrojar una nueva versión sobre el conocimiento que se tenía hasta ahora del faraón Akhenatón, hasta hace poco considerado como un místico pacifista y adelantado a su tiempo. De las antiguas investigaciones, se propone que el ahora “joven y arrogante” Akhenatón pudo volverse “loco” debido a un declive o problema de carácter físico que pudo trastornarle. Las nuevas vienen a contradecir en parte a las antiguas.

Estas teorías ya se habían planteado pero no alcanzaron la contundencia que Nicholas Reeves expresa a partir de las pruebas que ofrece.
A muchos sorprende la calificación que hace este de “falso profeta”, una persona manipuladora que actuó en beneficio propio para consolidar y aumentar su ya absoluto poder. Sorprende también que para obtener sus objetivos se le atribuyan medios tiránicos, así como la utilización del puro terror.

Por lo tanto, las tesis de Reeves distan mucho de la personalidad de idealista, metafísico y soñador que se le había atribuido.

Las famosísimas, y delicadas imágenes del arte amarniano en las que el faraón aparece en escenas de intimidad familiar, relajado, besando a su mujer e incluso acariciando a sus hijas, habrían sido utilizadas como mero instrumento de propaganda política, haciendo creer en las características bondadosas del líder.

De su aspecto físico proyectado en esculturas, pinturas y relieves, se ha especulado también mucho. Reeves cree que no son producto de una malformación física sino mas bien de considerarse así mismo diferente a través de una nueva convención artística que recalcara su pertenencia divina. Sin embargo, Reeves admite que su aspecto, aunque no condicionase su comportamiento, pudiera ser producto de un desorden genético raro, conocido bajo el nombre de síndrome de Marfan, enfermedad que no supone desordenes mentales ni impotencia como han sugerido otros autores.

El síndrome de Marfan si provoca falta de visión cercana e incluso la ceguera. Este síntoma podría explicar la extraordinaria intimidad física que muestra para con la familia real, la conocida habilidad musical y su corriente uso de bastón. Pero más significativo aún es la mención que relaciona su adhesión total al disco solar, motivo por el cual este «quiza era la única divinidad cuyo símbolo podía ver«.

Al faraón se le atribuye numerosas amantes lo que viene a descartar la anterior visión que se tenia del, similar a la de un monje. Akhenatón disponía de una harén lleno de mujeres «expertas en una gran variedad de habilidades sexuales«. Al parecer, esta versión de especialización de las concubines reales, incluyendo sadomasoquismo, esta muy acreditada egiptológicamente. Reeves ha continuado excavando en el Valle de los Reyes tratando de encontrar una tumba desconocida de la epoca amarniana, aunque hasta el momento no se ha encontrado nada.

Durante el reinado de Akhenatón, se sucedieron de forma generalizada la destrucción y la prohibición del culto a la representación de los antiguos dioses. En ocasiones la pareja real sustituía con sus representaciones a las grandes deidades del panteón egipcio tradicional.

Existió un periodo iconoclasta a pesar del cual, y según las escavaciones arqueológicas, el pueblo no siguió masivamente las nuevas doctrinas.Estatuas diminutas encontradas en escavaciones podrían poner de relieve el miedo existente a ser descubierto practicando el culto a los antiguos dioses Para los egipcios, los dioses eran seres omnipresentes en sus vidas diarias. Estos no solo residian en su relación con la espiritualidad del culto, sino que caracterizaban casi cualquier elemento de su existencia mundana.
El cuerpo de AkenatOn, identificado supuestamente en la tumba 55 del Valle de los Reyes, fue trasladado desde la tumba que se hizo construir en su nueva capital. Hallado en 1907 en la enigmatica tumba 55, el sarcófago, contenia una momia, es un estado tan deplorable que solo se conservan los huesos. Este estado tan maltrecho ha descarcatado la posibilidad de poder obtener información relevante de ella.

Reeves llega a considerar que la propia muerte de Tutankamon pudo ser un asesinato para favorecer la llegada al poder del hijo de Akenaton y de esta formar continuar el camino que había iniciado su padre.

El faraón que sucedió a Tutankamón, el anciano Ay, volvió tímidamente a la antigua ortodoxia y los sucesores de este a su vez terminaron por devolver el agua del rio a su antiguo cauce. Al mismo tiempo, los sucesores se encargaron de borrar cualquier recuerdo hacia el periodo amarniense destruyendo cualquier representación, relieve, pintura ó construcción que recordara tan amargo tiempo.

Así que en este punto de la historia, deberemos conformarnos con la nueva visión de aquel faraón que quiso cambiar su mundo y que, según Reeves, no se descarta que fuera asesinado.

FUENTES GRAFICAS: WikiCommons

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