Grafiteros: su filosofía y motivaciones

Cualquier artista necesita expresarse y, casi todos, también fama y popularidad. Y, aunque el arte que se practique sea callejero, sus creadores no van a ser una excepción. Éstos son los grafiteros, una tribu urbana entre la que se encuentran verdaderos talentos y cuya idiosincrasia aquí explicamos.

Todo artista que se precie, siente la imperiosa necesidad de expresarse, es decir, de mostrar su talento. Pero también suele ser víctima de un rasgo muy humano y disculpable: el anhelo de fama y popularidad. Son precisamente estas dos motivaciones las que impulsan a los grafiteros, es decir, ese grupo de creadores callejeros también conocidos como tribu urbana que utilizan como lienzo para sus obras los vagones de tren y las paredes de las calles.

El término graffitti procede del italiano y es que ya nada menos que los habitantes de la antigua Roma se dedicaban a exponer sus reivindicaciones en las paredes de la urbe. No obstante, los orígenes del graffitti tal como lo conocemos hoy se encuentran en la ciudad norteamericana de Filadelfia y en los años sesenta. Es entonces cuando los primeros grafiteros ponen en práctica el bombing, que consistía en llenar o «bombardear» –de ahí el término- las paredes con su nombre o apodo para llamar la atención de sus conciudadanos y comunicarse entre sí.

Foto de un graffitti

Un curioso y logrado graffitti

De allí, el arte del writing –como se conoce también a esta actividad- pasó al Bronx neoyorkino y se perfeccionó. Aquellas primitivas rúbricas o tags fueron dejando paso a formas más artísticas y de ahí se pasó al dibujo incluso de murales. Éstos últimos, llamados «piezas» son los que todos podemos ver hoy en zonas autorizadas de las calles y diferencian a los artistas del graffitti de los principiantes, que siguen dejando su rúbrica por todas partes.

Precisamente los maestros de esta forma de expresión ganan su prestigio, no sólo por la calidad de sus creaciones sino también por su frecuencia y, en muchos casos, trabajan en equipo. Estos grupos, que se conocen con el nombre de crews, funcionan como un club privado y, aunque para entrar en ellos no se requiere ningún tipo de iniciación, el candidato sí debe mostrar su destreza para hacer ver que su participación beneficiará al grupo.

Además, el nuevo miembro deberá acatar unos principios por los que se rige todo grafitero. Así, respetar la multiculturalidad, es decir, las tendencias creativas de los demás y no ser sexista. Pero, sobre todo, debe regirse por un alto sentido del honor que se concreta principalmente en dos aspectos: nunca borrar la obra de otro grafitero mientras esté en buen estado y jamás firmar un trabajo con el nombre de otro. Cualquiera de ambas faltas supone la marginación de quién las comete. Se trata, en suma, de una peculiar tribu urbana entre la que se encuentran verdaderos artistas.

Fuente: Telefónica.net.

Foto: Joelf.

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