El Karma: ¿qué es y cuáles son sus características?

Entre todos los conceptos de las religiones y filosofías orientales que han llegado a Occidente, uno de los más conocidos es el de Karma, que forma parte tanto del Budismo como del Hinduismo y que, partiendo de nuesta conducta, hace referencia al principio de causa y efecto. Aquí explicamos en qué consiste.

Entre los numerosos conceptos de las diferentes religiones y filosofías orientales, uno de los que más fortuna ha hecho en Occidente es el de Karma. Aunque quizá sea más conocido como componente del Budismo, no es exclusivo de éste. De hecho, aparece también en el Hinduismo, el Yainismo y el Ayyavazhi (una escisión del primero), si bien cada una de estas creencias lo concibe con ciertas diferencias.

Podríamos definir el Karma como una energía transcendente cuyo carácter positivo o negativo está en función de los propios actos de las personas. Y también como una ley cósmica que inicia el ciclo de causa y efecto. De esta suerte, si realizamos una acción buena, nos ocurrirá algo bueno, mientras que, si la hacemos mala, nos sucederá algo malo.

Foto de un templo budista

Un templo budista

Y no sólo eso, como estas religiones creen en la reencarnación, las sucesivas vidas de la persona estarán condicionadas por los actos que haya realizado en la anterior. Así, el ser humano tiene libertad para obrar bien o mal pero debe saber que sus acciones tendrán como consecuencia lo que le suceda después. Ello implica que debe aceptar su propia responsabilidad en lo que le ocurra, pues es fruto de algo que él ha hecho. De todo ello, se derivan una serie de principios entre los que los más relevantes son tres.

El primero de ellos señala que por cada acto negativo que hagamos, debemos realizar uno positivo que lo compense pues es la forma de mantener nuestro karma equilibrado. El segundo principio indica que debemos saber perdonar a quién nos haga daño pues es el único camino para que, cuando nosotros hagamos algo mal, seamos a nuestra vez perdonados. Y, por último, en tercer lugar se encuentra la compensación o, dicho de otro modo, sembrar el Bien hoy para cosecharlo mañana, ya que «sólo recogemos lo que sembramos».

El concepto de Karma, contra lo que pueda pensarse, penetró en Occidente hace muchos años. Concretamente a través de las antiguas colonias británicas y francesas en Asia. Con el tiempo, se fue difundiendo a la vez que lo hacían las religiones orientales de las que forma parte. Sin embargo, también fue utilizado por diferentes sectas y sociedades ocultistas para sus propios fines. En cualquier caso, para quiénes no profesamos las creencias de Oriente, el Karma supone una forma parabólica de predicar el Bien y, desde luego, en ello no hay nada de malo.

Fuente: Terra.

Foto: Thiago Avancini.

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