Reciclaje: otra forma de ser solidarios

Cada vez somos más conscientes de que debemos cuidar nuestro planeta y una de las formas más útiles de hacerlo es el reciclaje. Pero, además, éste nos permite ser solidarios con los más necesitados: unas gafas o unos medicamentos pueden ayudar a otras personas que no tienen medios para adquirirlos. Aquí repasamos esta forma de reciclaje y solidaridad.

Cada vez estamos más concienciados de la necesidad de cuidar nuestro planeta y una de las mejores formas de hacerlo es a través  del reciclaje. No obstante, hay distintas maneras de poner en práctica esta buena costumbre. De hecho, existe una que, no sólo permite colaborar en la conservación de la Naturaleza, sino también ayudar a los más necesitados.

Se trata, por tanto, de combinar reciclaje y solidaridad. Hay diferentes productos sencillos que para nosotros son de uso habitual pero en otras partes del mundo constituyen un verdadero lujo. Si, en vez de tirarlos cuando los sustituimos por otros nuevos, los entregamos a una organización dedicada a hacerlos llegar a esos lugares haremos un gran servicio a aquellas gentes.

El reciclaje de medicamentos ayuda a otras personas

El reciclaje de medicamentos permite que otras personas puedan acceder a ellos.

Entre estos productos se encuentran los medicamentos, las gafas y los teléfonos móviles. Quizá los primeros sean los más necesarios. No hace falta decir que los ingredientes que componen un medicamento pueden ser perniciosos para el medio ambiente pero, además, cuando ya no lo necesitamos, puede curar enfermedades en otras partes del globo. Por supuesto, no se trata de entregarlos una vez caducados sino de desprendernos de aquéllos que nos sobran. Todos sabemos que, aunque, por ejemplo, el médico nos recete dos pastillas durante ocho días, la caja en la que vienen generalmente trae muchas más.

Se trata de llevar esas pastillas sobrantes a un punto de recogida que, generalmente, hay en las propias farmacias. En España, son los llamados puntos SIGRE (Servicio Integrado de Gestión y Recogida de Envases) pero existen en casi todos los países. Desde allí se envían a un almacén central que, a su vez, las distribuye a través de distintas organizaciones. Algo similar ocurre con las gafas: cuando compramos unas nuevas, o bien las tiramos, o bien las dejamos en casa aunque no volvamos a usarlas. Pero unas gafas viejas pueden devolver la vista a personas del tercer mundo que no tienen opción a adquirirlas. Hay diferentes asociaciones que se dedican a recogerlas y enviarlas a esos lugares como Ópticos por el Mundo, Unidos por la Visión o Natural Optics.

Por su parte, los teléfonos móviles y ordenadores viejos también incluyen productos contaminantes. En consecuencia, no deben tirarse en cualquier sitio. Las empresas de informática tienen distintos proyectos de recogida para evitarlo. Por ejemplo, la Comunidad Europea subvenciona uno denominado Tragamóvil y otro llamado Ecofimática. Incluso estos aparatos, si se encuentran en uso, pueden ser enviados a países del tercer mundo donde aún pueden prestar buen servicio. Se trata, en suma de reciclar y, además, ser solidario.

Fuente: Revista ‘Consumer’.

Foto: Bibigeek.

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