El pitagorismo

Básicamente hay en el mundo de la filosofía dos tradiciones de pensamiento que luchan por ser las auténticas herederas del pensamiento pitagórico.

Dentro de la historia del pensamiento humano sobresale no sólo la preocupación por la naturaleza («phisys»), concepto que llegó a constituirse en prioritario para los primeros filósofos griegos; no sólo la denominada «sabiduría gnómica» cuyo conjunto de asertos o sentencias, de claro contenido admonitorio, fue acunado por los llamados «Siete Sabios» de Grecia alrededor del siglo VI (a. C.), fecha en que se forma su leyenda. Algunas de estas lacónicas sentencias, muy similares a los refranes españoles, se enunciarían de la siguiente manera:

Busto de Pitágoras de Samos en los Museos Capitolinos, Roma

Busto de Pitágoras de Samos en los Museos Capitolinos, Roma

– «Conócete a ti mismo«.
– «Nada en exceso» o, también, «La virtud está en el medio
– «Juzga lo que no ves por lo que ves«.
– «No pretendas tener más razón que tus padres«.
– «Cállate aunque sepas«.
– «No te fíes de todos«.
– «Escucha mucho y habla poco«.
– «La mayor parte de los hombres son malos«.

No sólo las divagaciones originales sobre los diversos mitos, los cuales, según afirmará Aristóteles, ya constituyen una forma primitiva de conocimiento filosófico: y, en definitiva, no sólo cualesquiera otras lucubraciones solemnes con visos de convertirse en pensamiento científico o filosófico, sino también los diversos sistemas y procedimientos doctrinales, por mor de los cuales se ha intentado el conocimiento profundo que subyace bajo la apariencia externa de los objetos y las cosas, sirviéndose exclusivamente de la propia razón humana y, por tanto desechando al mismo tiempo, toda connotación o atisbo que se aparte del procedimiento apuntado y que trascienda el propio campo de la observación y el análisis de los distintos fenómenos y hechos objeto de comprensión y estudio por parte de los sistemas que se irán formando a través del tiempo.

Una de las primeras teorías que pretenden deslindar ambos campos, el del saber y el de lo fantástico, será la confeccionada por Pitágoras, aunque todavía sus elucidaciones se hallen impregnadas de cierto misticismo. Sin embargo, la metodología empleada por esta descollante figura de la historia del pensamiento puede calificarse de intelectual, en el sentido más enriquecedor y preciso del término.


La influencia e importancia de Pitágoras se materializará en la constitución de una escuela, de un sistema, que acogerá en torno a sí a un grupo de estudiosos, encabezados por aquél y conocidos en la historia del pensamiento filosófico como «los pitagóricos».

El primer y principal representante, como es obvio, será Pitágoras que, según parece, nació en la isla de Samos hacia el año 578 (a. C.) y murió en el 497 (a. C.). Lo poco que se sabe de su vida proviene de los escritos y citas de sus contemporáneos y de alguno de sus discípulos.

Sin embargo, se sabe que abandonó Samos, por entonces centro comercial rival de Mileto, por desacuerdo con el gobierno de Polícrates, al cual consideraba un dictador y un tirano. Buscó refugio en la Magna Grecia, lugar en el que fundaría asociaciones de carácter místico y mágico aunque también crearía una escuela de matemáticos. Al no conservarse escritos ni obra alguna de Pitágoras resulta dificultoso separar la realidad y la leyenda, ya que sus enseñanzas se transmitieron oralmente entre las primeras generaciones de sus discípulos, quienes guardaban celosamente los diversos secretos de la escuela; no obstante, la figura y la obra teórica de Pitágoras fue falseada con el correr del tiempo; hasta tal punto que, según explican algunos estudiosos del tema, existirían dos tradiciones opuestas -una se decantaría por el Pitágoras místico, taumaturgo y profeta, alejado, por tanto, de cualesquiera construcciones científicas de la realidad; mientras que otra afirmaría el carácter sistemático e intelectual de sus aseveraciones- y relativamente divergentes.

Lo cierto es que, para muchos investigadores, Pitágoras sigue apareciendo en la historia como un reformador religioso que intentó poner en práctica los mitos de los órficos y de los misterios, y que se propuso desarrollar ciertas ideas éticas y salvíficas «inspiradas en las doctrinas de la inmortalidad y la transmigración de las almas«.

Desde esta perspectiva, puede afirmarse que existen ciertas semejanzas entre la escuela pitagórica y el orfismo; por ejemplo, ambos grupos practican la ascesis purificadora, se abstienen de comer carne y legumbres (especialmente alubias), no se visten con lana por ser de origen animal, no sacrifican animales, etc.

Sin embargo, los pitagóricos añaden, además, una característica encaminada a intervenir en asuntos públicos y políticos y, también, elementos relacionados con la ciencia y la música.

Conviene no olvidar, en cambio, una característica común a ambos, es decir, la creencia en la preexistencia y transmigración de las almas.

Números pentagonales

Números pentagonales

Mas el verdadero valor del pensamiento pitagórico radica en las innovaciones que la citada escuela realizó en el campo de las ciencias exactas, así como su derivación hacia «una concepción aritmética y geométrica de la realidad, considerando los números como esencia de las cosas, dando origen al primer intento de física matemática, mediante la reducción de la cualidad a la cantidad«.

Para algunos autores contemporáneos, concretamente para el filósofo y matemático británico B. Russell, esa influencia de las matemáticas en la filosofía ha sido bastante funesta.

Otros estudiosos, en cambio, entre los que cabe destacar a R. Mondolfo, estiman que la teoría de que todo es número y armonía y que, al propio tiempo, ambos son la causa y el fundamento de las cosas, así como sus principios constitutivos, es «la más pitagórica de todas las doctrinas del pitagorismo«.

También se debe a los pitagóricos una concepción del universo constituido por diversas esferas girando en torno a la Tierra, que también es esférica y permanece inmóvil.

Pitágoras ideó la tabla de multiplicar y el famoso teorema que lleva su nombre («el cuadrado de la hipotenusa de un triángulo rectángulo es igual a la suma de los cuadrados de los catetos» y, también, «la suma de los ángulos del triángulo es igual a dos rectos«), lo cual le ha valido el título de pensador universal.

Imagen: Busto de Pitágoras. Copia romana del original griego por Skies en Wikimedia Commons
Números pentagonales por Drini en Wikimedia Commons.

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