Un estudio confirma que el estrés cotidiano puede provocar obesidad

Un estudio realizado por la Universidad de Cincinnati ha confirmado que el estrés cotidiano puede, no sólo promover la obesidad, sino también producir cambios metabólicos más graves y duraderos. El experimento fue realizado con colonias de ratas sometidas al equivalente de estrés que padecemos los humanos.

Indudablemente, el estrés es uno de los males de nuestro tiempo. Constituye factor de riesgo para un sin fin de enfermedades y, en cualquier caso, nos impide disfrutar de la vida todo lo que podríamos hacerlo sin la presencia de este molesto acompañante.

Y no nos referimos al llamado estrés extremo, es decir, el que procede de situaciones críticas, con respecto al cual la Ciencia ha demostrado sobradamente sus consecuencias, sino al cotidiano, el que se deriva de nuestros hábitos de vida.

Foto de un monumento a la obesidad

Un peculiar 'monumento a la obesidad'

Y es que la sociedad moderna nos obliga a llevar una vida alocada. Todos los días soportamos caravanas, colas, presión en el trabajo que, a veces, nos exige jornadas maratonianas, comemos mal y dormimos peor. La consecuencia de todo ello es que nuestra salud se resiente.

En lo referente a la alimentación, ello ha sido estudiado hace poco por un grupo de científicos pertenecientes a la Escuela de Medicina de la Universidad de Cincinnati, en el estado norteamericano de Ohio. Y los resultados no han podido ser más negativos: el estrés cotidiano promueve, no sólo la obesidad, sino incluso cambios en el metabolismo de nuestro cuerpo más duraderos.


Para su experimento, estos científicos tomaron un grupo de ratas y las sometieron al equivalente al estrés que padece a diario una persona normal. Para ello, las dividieron en colonias de cuatro unidades y, dentro de cada una, establecieron el dominio jerárquico de un macho y la subordinación de otros tres.

Los subordinados, que sufrieron más estrés, acumularon importantes cantidades de grasa en su región visceral, mientras que los dominantes, con menor nivel de estrés, permanecieron en su situación previa. Pero no sólo eso. Tras finalizar el periodo de estrés, los subordinados continuaron comiendo en exceso y acumulando grasa, lo que, en palabras de los investigadores, supone que sufrieron cambios metabólicos perjudiciales y duraderos.

Foto de la Universidad de Cincinnati

Una vista de la Universidad de Cincinnati, donde se ha realizado el experimento

La conclusión no puede ser más evidente: el estrés cotidiano impulsa a comer de forma menos controlada y a engordar. Y, además, puede provocar cambios duraderos en nuestro metabolismo, de tal forma que, cuando queramos eliminar esa ingesta excesiva, resulte una labor más compleja que un simple régimen de adelgazamiento.

Por todo ello, merece la pena tomarse la vida cotidiana con un poco más de calma. No hace falta mencionar los perjuicios que la obesidad tiene para nuestro cuerpo –especialmente para el corazón– y, si con un poco de tranquilidad podemos evitarlos, sin duda lo agradeceremos.

Fuente: Amazings Ciencia.

Fotos: ‘Monumento a la obesidad’: Xolkanf en Flickr | Universidad de Cincinnati: Adamsofen en Flickr.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...