Un submarino para la exploración espacial

Un equipo de investigadores suecos acaba de construir un submarino miniaturizado capaz de explorar cavidades inaccesibles no sólo sobre Tierra sino también sobre de otros planetas.

Las extensas cantidades de agua contenidas bajo los casquetes polares o los glaciares pueden, por su ausencia de contacto y contaminación con el resto del medio ambiente, informarnos no sólo sobre el pasado de nuestro planeta, sino también sobre su evolución futura. Cerrados durante el tiempo de su aislamiento, estos sistemas encerrados pueden proporcionarnos numerosas pistas sobre las fases de evolución sucesivas en estas edades remotas, e iluminarnos sobre la manera en que la naturaleza llega a combatir los distintos accidentes climáticos, como los recalentamientos del globo terráqueo.

A fin de estudiar estas profundidades congeladas, un equipo de científicos dirigido por Jonas Jonsson, del Ångström Space Technology Centre (ÅSTC) de la Universidad de Uppsala (Suecia) ha construido un submarino miniaturizado capaz de ensartarse bajo el hielo realizando un simple agujero de perforación.

Submarino miniatura en misión de exploración. Imagen: ÅSTC, Uppsala University

Ya, los científicos, en el ámbito petrolífero, en particular, y también en la exploración marina en general, utilizan submarinos teledirigidos: los ROV (Remotely Operated Vehicles). Pero no se miniaturizan estas unidades así, simplemente porque no es necesario de momento. Y aunque algunos ya se han utilizado para explorar la capa de agua situada exactamente bajo el hielo, ártico, en particular, ninguno era lo bastante compacto para profundizar varios kilómetros.


En respuesta al interés creciente por este ámbito de investigación, como la exploración del lago subglaciar Vostok, o en el más grande agujero de agua dulce del mundo, Johnson y sus colegas desarrollaron un nuevo modelo, se podría decir que se trata de una nueva generación de submarino de exploración. Con una longitud de 20 cm, pero sobre todo con solo 5 cm de sección, este pequeño vehículo automático ocupa muy poco y resulta ser muy eficaz.

Este pequeño aparato, fácilmente transportable en la mano, puede ser transportado in situ por helicóptero o por motonieve y se introduce en un pozo de perforación o en una grieta natural. El prototipo sobre el que actualmente trabaja el equipo de Jonson estará acabado muy pronto, incluido un sistema de propulsión a hélice y una cámara. Las primeras pruebas se efectuarán de aquí a algunos meses en una cuenca en laboratorio, antes de pasar a ponerlo bajo huelo…

La próxima fase consistirá en añadir distintos captadores de presión y temperatura, y en equipar el mini submarino de una conexión de fibra óptica con el fin de transmitir sus datos de manera instantánea.

Está previsto equipar a este mini explorador de captadores químicos destinados a detectar los respiraderos hidrotérmicos alrededor de los cuales la vida puede refugiarse, incluso a enormes profundidades.

Una de las principales dificultades encontradas está vinculada a las enormes presiones que reinan a las profundidades donde el aparato deberá evolucionar. La solución de un casco reforzado no es aplicable, ya que el excedente de masa de la unidad obligaría a equiparlo con un motor más potente (y necesitaría un mayor “depósito” de energía) si quieren conservar su autonomía. La solución pasa por un relleno a base de un líquido incompresible que compensaría la presión ejercida sobre sus paredes.

Pero esto no es todo, y el dispositivo podría adaptarse a la exploración de otros mundos, como el satélite de Jupiter, Europa, bajo la superficie del cual los científicos piensan haber puesto de relieve la presencia de una extensa amplitud de agua líquida. La búsqueda de la vida en este medio interesa por supuesto a los investigadores del mundo entero, y la NASA, entre otras cosas, ya tiene preparados distintos proyectos de exploración.

Sin embargo si el concepto sigue siendo válido a grandes rasgos para la exploración de estos océanos extraterrestres, varias modificaciones estructurales serán necesarias, en particular, debido a la temperatura (la superficie de Europa que no sobrepasa los -160°C), así como a la elevada acidez de sus océanos.

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