Rusia trabaja en un avión espacial secreto

Durante la Guerra fría, uno de los principales campos en que competían soviéticos y norteamericanos era la investigación espacial. Esta llamada, precisamente, ‘carrera espacial’ parece revivir ahora con el anuncio de los rusos de que están fabricando un nuevo modelo de transbordador espacial que será muy parecido al norteamericano X-37B.

Durante los años centrales del siglo XX, la antigua Unión Soviética y los Estados Unidos se hallaban enfrentados en todo. En diversas ocasiones, estuvo cerca de desencadenarse una tercera guerra mundial y los historiadores han bautizado a ese periodo como la ‘Guerra fría’.

Fue una época en que ambos países competían en cualquier cosa, incluso en los deportes. Además del armamento –más bien dentro de él, como ahora veremos- uno de los principales aspectos en que disputaban era la llamada carrera espacial, en la que los dos buscaban ser los primeros en poner un ser humano en la Luna, aunque su verdadero interés, al margen del propagandístico, era poseer una tecnología más avanzada que su rival para aplicarla al ámbito bélico.

Foto del X-37B

El X-37B a su regreso el pasado tres de diciembre

Suele citarse como la fecha de inicio de esta carrera el año 1957, con el lanzamiento por parte soviética del satélite Sputnik-1. Tan sólo cuatro meses después, los norteamericanos enviarían al espacio un artefacto similar, el Explorer I. Todo ello bajo la excusa de investigar con motivo de la celebración del Año geofísico internacional.

A partir de ese momento, se sucede una verdadera competencia por ver cuál de los dos países era capaz de lanzar satélites más perfeccionados. Pero, de nuevo, el golpe de efecto lo darían los soviéticos al enviar al espacio -ese mismo año- al primer ser vivo, la perra Laika y, sobre todo, con la puesta en órbita del primer humano, el cosmonauta Yuri Gagarin. De la disputa entre ambos países nos da idea el hecho de que los estadounidenses tardarían solamente veinticuatro días en hacer lo propio, con Alan Shepard.

En fin, la historia de la carrera espacial es muy larga. Pero baste decir que su gran éxito fue, esta vez, norteamericano: el veinte de julio de 1969, uno de sus compatriotas –Neil Armstrong– era el primer hombre en poner el pié en la Luna y que la competición se alargaría hasta los años ochenta del pasado siglo.

Viene todo este repaso histórico al caso porque, según parece, ahora la disputa parece reiniciarse aunque, desaparecida la Unión Soviética, en la actualidad se establecería entre Estados Unidos y Rusia, ya que ésta última trabaja en un nuevo transbordador espacial como respuesta al que los norteamericanos han desarrollado y que se denomina X-37B.

Éste último es un modelo desarrollado por la empresa Boeing y la Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa –perteneciente al gobierno estadounidense- y en la actualidad ya ha hechos su primer vuelo experimental. De aspecto similar a los antiguos transbordadores, pero notoriamente más pequeño –mide 8,38 metros de largo, 2,9 de alto, pesa 5450 kilogramos y posee una envergadura de 4,57 metros-, servirá como base de ensayo y experimentación para mejorar los vehículos espaciales.

Foto del X-37B en su hangar

Otra vista del X-37B en su hangar

Concretamente, en él se probarán nuevos materiales que permitan diseños más resistentes, nuevos escudos térmicos y, por supuesto, nuevos sistemas de aviónica y navegación autónoma. Todo ello con vistas a equipar a las naves del futuro. Además, se utilizará para reparar satélites estropeados.

El X-37B tiene como combustible el arseniuro de galio, un compuesto de éste último y de arsénico y posee una bodega de carga para mercancías. Es una evolución del Boeing X-40, una pequeña aeronave que se probó en 1998 y que iba dotada de nuevos sistemas de guiado y aerodinámicos. Como su ensayo constituyó un éxito, su modelo fue aplicado al nuevo transbordador. Pero todo procede del desgraciado accidente del Challenger, que costó la vida a todos sus tripulantes. Entonces se pensó en utilizar naves no tripuladas -al menos en vuelos experimentales- y el primer resultado definitivo parece ser este X-37B.

Éste es lanzado por un cohete Atlas V, que le impulsa durante su primera fase. Posteriormente, se desprende y enciende sus propios motores para alcanzar una velocidad de Mach 2,5 –dos veces y media la del sonido- hasta alcanzar situación orbital, fuera de la atracción de la Tierra.

La primera prueba de la nave se realizó el veintidós de abril de 2010 y se mantuvo en el espacio hasta diciembre de ese año. El único desperfecto que sufrió fue el reventón de un neumático al aterrizar por lo que el ensayo se consideró un éxito. El próximo mes de marzo de 2011 será lanzada desde Cabo Cañaveral una segunda versión de la nave.

Por su parte, el nuevo transbordador soviético está, como decíamos, inspirado en este X-37B. Como los rusos no han perdido las malas costumbres, es muy poco lo que se conoce de él. Sin embargo, han anunciado su fabricación a través de un portavoz, Oleg Ostapenko, quién ha señalado que, en efecto, están desarrollando un pequeño avión espacial maniobrable que se podrá reutilizar y que competirá con el norteamericano.

Desde que Estados Unidos construyera su sistema de posicionamiento global por satélite –el famoso GPS-, Rusia ha tratado de hacer lo propio. Pero su versión del GPS, llamado GLONASS, se ha encontrado con numerosos problemas. Sin embargo, un transbordador como el X-37B sería de gran utilidad para culminar su instalación.

Foto del Centro Espacial de Cabo Cañaveral

Centro Espacial de Cabo Cañaveral, base del X-37B

No obstante, el modelo ruso aún se encuentra dando sus primeros pasos –si debemos creer a Ostapenko-, ya que se calcula que hasta dentro de dos años no podrá ser puesto en funcionamiento. De hecho, el portavoz señaló que aún ni siquiera saben si podrán utilizarlo.

En cualquier caso, la nueva carrera espacial será una batalla a tres: en el panorama ha aparecido otro gigante que continúa creciendo a grandes pasos y que también quiere participar en ella. Naturalmente, nos referimos a China. En los últimos meses se ha venido rumoreando que los asiáticos están igualmente construyendo su propio X-37B. No obstante, los expertos cuestionan esta información.

Como quiera que sea y mientras sus fines se limiten a lo exclusivamente científico, la competencia es muy sana y permite avanzar en el conocimiento. De ese modo se estimula la capacidad humana y se logran los más relevantes descubrimientos. Lo que ocurre es que mucho nos tememos que el objetivo último de todos estos costosos ensayos sea, una vez más, la búsqueda del predominio armamentístico y eso no conduce a nada bueno.

Fuente: Wired y Planeta Sapiens.

Fotos: X-37B: Huntster en Wikimedia | X-37 en hangar: Ndunruh en Wikimedia | Cabo Cañaveral: Turtlemom4bacon en Flickr.

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