¿Quiénes son los millennials geriátricos?

Hasta ahora, quienes habían nacido entre los años 1980 y 1985 se encontraban en el limbo sin saber a qué generación pertenecían.

Si has cumplido los 40 años o estás a punto de cumplirlos, seguro que lo último que quieres es que haya alguien que te diga que formas parte de la generación de los millennials geriátricos. Porque ya es suficientemente malo llegar a los 40, como para que encima nos digan que somos unos viejos carcamales. Pero, por desgracia, esa es la corriente que se ha extendido recientemente, la cual ha dado forma a un nuevo término que se ocupa de dar generación a quienes se encontraban sin ella.

Dicen los expertos que, hasta ahora, entre los miembros de la Generación Z, los millennial y los boomer, había un hueco. Exactamente un hueco que reúne a todas las personas que han nacido entre los años 1980 y 1985, quienes, para qué vamos a negarlo, se encuentran en la flor de la vida. Siendo quien suscribe uno de estos olvidados entre generaciones, no tengo muy claro si estaba mejor antes, en tierra de nadie, o si ahora que alguien se ha atrevido a bautizar a los nacidos entre estos 5 años como millennials geriátricos.

Quien ha puesto de moda el término es la autora Erica Dhawan en su libro “Why the Hybrid Workforce of the Future depends on the ‘Geriatric Millennial’”. Al menos, eso sí, la autora nos coloca como una de las mejores generaciones, aquellas personas que han sobrevivido a servicios como DailyBooth, Friendster o MySpace y que, al mismo tiempo, no tienen problemas en abrirse un canal de TikTok.

¿Qué es un millennial geriátrico? Término que, por otro lado, nosotros rebautizaríamos como “viejo millennial”, a ser posible. Se trata de esas personas que hacen de puente entre los nativos digitales (los jóvenes) y la generación analógica a la que la tecnología se le escapa. Somos personas que sabemos tanto de la tecnología como los nativos digitales, pero que, al mismo tiempo, entendemos y tenemos experiencia en las antiguas formas de comunicación y socialización.

Los millennial geriátricos podemos leer los entresijos de los mensajes SMS, pero también podemos leer lo que esconde la cara una persona cuando hablamos con ella cara a cara. Somos un punto medio. No tenemos miedo de la tecnología, pero no dependemos de ella de una manera enfermiza. Estamos preparados para dar lo mejor de nosotros mismos y explicar conceptos tecnológicos a personas más mayores y la forma de comunicarse y la importancia de los sentimientos a los más jóvenes a los que el contacto humano a veces se les escapa.

Somos personas que chateábamos en IRC cuando éramos jóvenes y que, ahora, con WhatsApp y otras herramientas de mensajería, no nos volvemos locos estando horas y horas charlando. Porque ya tuvimos lo nuestro, porque sabemos que antes había mejores formas de comunicación por chat. Somos personas que ligamos a través de ICQ y a quienes las aplicaciones de ligoteo en el móvil no nos dan ningún tipo de miedo, ya que eso mismo lo hemos hecho antes, de forma más difícil y sin despeinarnos.

Tenemos el recuerdo del VHS, de rebobinar cintas, de pasar al DVD y dejarnos llevar por la maravilla del coleccionismo de películas, pero también somos individuos que han adoptado el streaming con eficacia. No somos el cliente zombi que le gustaría tener a Netflix, esa persona que se hace binge watching de cualquier patata simplemente por ver algo disponible en la plataforma. Somos quienes exigen más, quienes piden calidad, quienes ayudan a que el mundo del streaming no lo devore todo.

También somos quienes seguimos apoyando el cine, mientras, al mismo tiempo, tenemos nuestras suscripciones digitales. Estamos a medio camino entre personas más mayores, que solo entienden de ver las películas en el cine o en la televisión en abierto, y los jóvenes, que solo preguntan cuándo va a llegar un estreno a Netflix para verlo en sus ordenadores mientras en una segunda ventana están jugando a Minecraft.

Somos una generación que vio los años 80 y que tiene el recuerdo de cómo era un mundo en el cual los niños y cualquier persona podía disfrutar sin miedo en las calles, en su barrio o en el centro. También somos quienes entienden el ver jugar a otras personas, pero no solo por ver, sino por esperar a que nos toque el momento de jugar a nosotros. Los jóvenes no llegan a tener la capacidad de disfrutar jugando, sino que solo quieren ver cómo juegan otros. Y los más mayores no entienden qué puede ser divertido de ver jugar a los demás. Nosotros, que tuvimos una infancia en los salones arcade, haciendo cola viendo a otros jugando a las máquinas, sabemos que ver también puede ser divertido. Pero en su justa medida.

En definitiva, los millennial geriátricos parece que molamos mucho más de lo que mola el nombre que le han dado a nuestra generación. Y si necesitáis autoconvenceros más de que vuestra generación mola, que los millennial geriátricos de verdad podemos dominar el mundo, solo os tenemos que decir Scarlett Johansson también es una millennial geriátrica (1984), así como Chris Evans (1981), Britney Spears (1981) o Beyoncé (1981).

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